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La industria de la imaginación

Esta semana se celebró en Cartagena un congreso internacional de industrias culturales y creativas. Según el Banco Mundial, en 2003 estos renglones representaban el 7%  del PIB del planeta.

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Siempre pensó que sería artista para “llenar sus expectativas espirituales y sentirse feliz”, para nada más. Lo pensó a los ocho años cuando hizo su primera creación: el himno de un templo taoísta. Lo pensó años después, cuando se inscribió en la escuela de música de la Universidad del Valle. En ese momento, Alejandro Ramírez no tenía ni ambiciones ni apegos materiales, pero vivía, como él mismo dice, “jodido, sin un peso”.

“Quería que mi alma siguiera feliz pero mi bolsillo también”, cuenta entre risas. Con los años el artista siguió haciendo arte, pero buscó la forma de sobrevivir y hacer riqueza. Entonces compró libros de mercadeo y de emprendimiento, y se dio a la tarea de crear su propia empresa, la que años después bautizaría como Tocatta. Ahora dedica sus días al piano y al arreglo de bandas sonoras de cine y de televisión en gran formato, al diseño de sonido y de contenidos audiovisuales. El año pasado obtuvo el reconocimiento al “Joven Emprendedor en Música” apoyado por el Ministerio de Cultura y el British Council.

Ramírez es hoy un reconocido arreglista que está a punto de llegar al cine de Hollywood. En el país es inevitable no pronunciar su nombre cuando se habla de emprendedores de industrias creativas, las que los teóricos definen como “aquellas que tienen su origen en la creatividad, las habilidades individuales y el talento, y tienen el potencial de crear riqueza y empleos”.

Cultura para la crisis

El jueves pasado, en la inauguración del seminario internacional “El sector cultural de hoy”, la ministra Paula Marcela Moreno sentenció que “la cultura se convierte en un salvavidas en tiempos de crisis”. Ese mismo día Antonio Nicolau, de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, dijo que “en el siglo XXI la cultura será lo que fue el carbón para Europa y Norteamérica en el siglo XX”. 

Jueves y viernes se reunieron en Cartagena expertos de todo el mundo para hablar de las industrias creativas, las industrias culturales (las que tienen derechos de autor) y lo que representan y representarán para la economía del mundo.

La ministra Moreno, que era la anfitriona, abrió el congreso diciendo que, según el Banco Mundial, en 2003 las industrias culturales “registraron una participación del 7% en el PIB del planeta, y se predice que crecerán, en promedio, un 10% anual”. Y luego aseguró que en Inglaterra estas industrias representan el 6% del empleo y en Estados Unidos son el segundo sector exportador.

Sentada entre el público la escuchaba Sandra Gibson, estadounidense, magíster en música y, hoy, una de las figuras más importantes en el impulso de las artes escénicas en ese país. La morena, de labios gruesos y siempre sonriente, contaría después que cuando empezó su carrera musical, siendo muy joven, era impensable la relación entre cultura y economía, “pero en Estados Unidos no hay manera de escapar porque los negocios están en todas partes. La cultura está ligada al entretenimiento y constituida alrededor del negocio”.

Luego la Ministra de Cultura habló de Colombia dijo que de acuerdo con un estudio de la Organización para la Propiedad Intelectual estas industrias aportaron el 3,3% al PIB nacional, generaron más de un millón de empleos directos, facturaron exportaciones por US$2.000 millones e importaciones por US$4.000 millones.

Hay cifras. Hay dinero. Y ese es uno de los grandes avances que ha logrado la cultura en el mundo, como le diría a El Espectador otro de los panelistas, el alemán magíster en economía Michael Hutter: “Antes se pensaba en apoyar las artes. Ahora se está pensando en invertir en las artes, así como se invierte en carreteras o en líneas férreas, buscando el crecimiento y el desarrollo de un país”.

Emprendimiento

Medellín. Parque del Poblado. Teatro Acción Impro. Son cinco actores en escena. Todos estudiantes de teatro de la Universidad de Antioquia que se dedicaron al arte de improvisar. Hay música, movimientos exagerados, risas, muchas risas en el público. Y junto a ellos, siempre, un joven de camisa impecable, jean y corte pulido que no sube a la tarima.

Es Gabriel Jaime Zapata. Su cargo: mánager y director administrativo y productor del grupo de teatro de Medellín Acción Impro. “Yo hago todo lo que no está en escena, todo lo que no es escribir obras, montarlas y actuarlas”, dice el ingeniero mecánico y especialista en mercadeo, que dedica su vida a la administración de los números y los tiempos y los negocios del grupo. Hace cuatro años llegó a Acción Impro, los organizó y les permitió a ellos, y a él, vivir del teatro. Su trabajo fue reconocido el año pasado como ganador de la convocatoria “Joven Emprendedor en Artes Escénicas” del Ministerio de Cultura y el British Council. Luego obtuvo el mismo galardón a nivel mundial.

Él también estuvo en Cartagena, en el estrado, narrando su historia. Y al mismo escenario subió Andrew Senior, el director de la unidad de industrias creativas del British Council, uno de los mayores impulsores de este sector en el mundo. Andrew sostiene que en tiempos de crisis las industrias creativas son “generadoras de empleo, riqueza y cultura”.

Reino Unido es quizás la región del mundo que más ha estudiado e invertido en estas industrias. El British Council trajo esa experiencia al país a comienzos de los años 90. “Eligieron a Colombia como país piloto, entre las economías en transición, para apoyar y promover estas industrias”, dice Paula Silva, gerente de arte y creatividad de la organización.

El discurso de la Ministra de Cultura, el primer día del congreso en Cartagena, concluyó con un “sabemos que nos queda un amplio camino por explorar, pero también tenemos la certeza de contar con el talento y la creatividad de los colombianos”. El público se puso de pie. Aplaudió. Entre ellos estaba Sandra Gipson, la música, estadounidense, con su sonrisa enorme y su filosofía positivista, que para algunos es romántica, “las industrias creativas te permiten tener una identidad propia y hacer volar tu imaginación, con eso es suficiente”.

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