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Creador de la empresa Mecosoft, vendida al grupo Sage hace tres años, Echavarría fue uno de los primeros en utilizar las computadoras personales para acabar con el mito de que la sistematización empresarial sólo podía hacerse desde una especie de cuarto secreto, donde ingenieros especializados parecían levitar. Era la época en que el control del mercado de aplicativos estaba exclusivamente en las manos de las grandes multinacionales del ramo, sin campo para empresas más pequeñas. Pero, desde su incursión en el complejo negocio de los programas informáticos, Echavarría persiguió la idea de ofrecer productos que pudieran comprarse, incluso, en el supermercado.
Su producto estrella ha sido Comodín, desarrollado por sus propios ingenieros. Éste les brindó a los profesionales independientes y a los pequeños contadores la posibilidad de llevar una contabilidad de manera simple. En la medida de las exigencias, el mismo producto posibilitaba su expansión a otros campos como la facturación y el manejo de nómina. Su portafolio original, desde un comienzo, lo complementó con Quicken, un software popular de la firma estadounidense Intuit, concebido para asistir a cualquier persona a organizar sus finanzas personales.
El papel de Mecosoft en Colombia, Ecuador, Panamá y Venezuela llevó rápidamente a firmas internacionales a mirar de cerca su gestión. En 2005, el Grupo Sage adquirió la compañía. Echavarría pasó de ser dueño a gerente general de Softland Colombia. “Fue una decisión sabia, a pesar de las críticas que he recibido de muchas personas cercanas. Pero en este negocio, para crecer, se requiere de capital y de un talento humano que la impulse hacia delante”. Él y sus ejecutivos forman hoy parte de una organización latinoamericana con oficinas en Argentina, Chile, México, Costa Rica, El Salvador, Panamá y República Dominicana . “Además, dejé de ver la plata en el papel y comencé a sentirla en el bolsillo”.
Descendiente de los Echavarría de Medellín, gestores de Coltejer y Fabricato, este empresario de 48 años se formó en Etiopía, Suiza y Estados Unidos, gracias a los cargos diplomáticos desempeñados por su padre, Jaime R. Echavarría, el mismo que se consagró en Colombia como músico, compositor e intérprete. De él ha tomado lecciones de vida, como comer y beber con moderación. “ ‘Uno siempre debe quedarse con las ganas’, ha dicho siempre mi padre”. Sin embargo, goza de un buen plato y de una buena botella de vino.
Nos encontramos en el restaurante Matiz, del norte de Bogotá, quince minutos después de la hora acordada. Ambos tuvimos que sortear el endiablado tránsito capitalino y el cierre de vías de acceso al lugar. Pero una vez sentados, entramos rápidamente en materia.
La pregunta obvia era hablar sobre el estado de sistematización de las empresas colombianas. En su opinión, la gran mayoría, incluso las pymes, ya han dejado atrás los programas de contabilidad, costos, inventarios y nómina. “Ahora las vemos entrar en una fase en que toda esta información se integra en un solo lugar para manejarla con inteligencia y proyección”.
Para las empresas de mediano y gran tamaño, la sistematización está comenzando a ayudarles a planificar en detalle sus movimientos futuros.
“Los administradores tienen ahora a su disposición modernas herramientas para reducir los riesgos y las improvisaciones. Pueden analizar a sus principales clientes, ver sus patrones de compra, proyectar un aumento en las ventas desde el punto de vista de inventarios, flujo de caja, organización de turnos y exigencias de capital. Esto se reservaba, en el pasado, a las grandes compañías”. Pero dice que, hoy día, unas 5.000 empresas tienen la posibilidad de entrar en esta onda. Los principales compradores se sitúan en sectores como el manufacturero, el comercial, el logístico y el de servicios.
Y la ventaja, según Echavarría, es que los aplicativos pueden moldearse a las necesidades de cada cliente, consiguiendo un nivel de adaptación que los programas de software globales no permiten.
Quién es
Nacido en Medellín, Jaime Echavarría estudió ciencias de la computación en la Universidad de Kansas. Luego realizó estudios en la Universidad de Georgia para obtener un MBA.
Muy personal
Es un deportista consumado. Practica atletismo, golf y motocross. Fue campeón nacional de esta disciplina en 1976. También pinta. Ha sido catedrático universitario.
El menú
Prefiere las ensaladas y el pescado. Ordenó un atún en costra de sal marina, acompañado de un Gewürztraminer argentino. Evita el pan, las entradas y el postre.