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Las luces de las cámaras fotográficas y de televisión no dejaron de alumbrar ni un segundo a Akio Toyoda en su momento más triste, y mediático, como presidente de la automotora japonesa Toyota.
Con la cara llena de pesar, el hombre que dirige a la principal fabricante de automotores del mundo afirmó algo que hoy parece increíble de creer: “Créanme, los coches de Toyota son seguros”.
Pero los hechos juegan en su contra, sobre todo tras el más reciente anuncio de la compañía de retirar del mercado 436.000 unidades de su exitoso modelo híbrido Prius. La razón, una falla en el software que controla el sistema de frenos, similar a los errores en tapetes y acelerador que obligaron a llamar a revisión cerca de 8 millones de carros desde septiembre de 2007.
Y los problemas parecerían ir en aumento, pues sólo las quejas en Estados Unidos de furiosos conductores, que podrían convertirse en demandas, ascienden a 200. La propia compañía calcula que los daños por la mala publicidad y la quiebra de la confianza de los conductores superarían los US$2.000 millones.
Los analistas creen que los daños más sensibles serán a la imagen de la compañía, que fundada en 1937 en la ciudad de Toyota, se convirtió en un modelo y en el motor del crecimiento industrial de Japón en el siglo XX. Hoy, en el momento más negro de su historia, creen que pasarán años para salir del bache actual.
Por el momento, la esperanza para la multinacional proviene de algunas operaciones en el exterior, como la colombiana, que en enero de 2010 creció 34% respecto al mismo período de 2009 y en donde, a la fecha, no ha registrado problemas en sus unidades.
Mientras las revisiones avanzan, Toyoda volvió a asegurar, confiado: “La seguridad de los clientes es nuestra prioridad”.