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La parálisis por análisis

Después de trabajar varios años en publicidad en Colombia y luego en Latinoamérica, la compaña decidió trasladarme a manejar la oficina en Estados Unidos.

Juan Carlos Ortiz
22 de agosto de 2008 – 06:25 p. m.

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Siempre me he sentido un embajador colombiano en todo lo que se refiere a mi vida profesional y personal.

Llegaba un latino y más específicamente un colombiano a manejar una empresa americana. Sorpresivamente al comenzar fui interceptado por el grupo legal de la empresa, quien me sometió durante dos días a un arduo y riguroso entrenamiento de abogados acerca de lo que yo como nuevo presidente de la compañía, con sangre latina, más específicamente colombiana, podía decir o no decir, en mis discursos públicos. Al principio no entendía nada. Algo nunca antes imaginado.

Siempre he dicho lo que pienso, lo que creo, pero sobre todo con mi lenguaje y personalidad. Pero ahora era diferente. Entendí radicalmente la diferencia cultural tan abrupta entre Estados Unidos y Latinoamérica.

Creo que la cultura empresarial norteamericana está sobreprotegida legalmente. Tanto, que termina generando parálisis en vez de movilidad y acción. Se debe tener un excesivo control sobre las palabras para evitar demandas legales por discriminación.

Si usted está reunido con la gente de la compañía y les habla de la necesidad de inyectar sangre nueva, o de nueva generación, puede ser demandado por discriminación por las personas de mayor edad. Pero si entonces les habla sobre la importancia de la experiencia, puede ser demandado por los nuevos empleados.

Y si habla de lo bueno que es trabajar con mujeres, los hombres pueden apelar. Y ni se le ocurra hablar de blancos o de negros o de sexys. Y tampoco piense en saludar con un abrazo efusivo o poner una mano por encima de una cintura, medianamente rozando un hombro.

Y así sucesivamente y en una lista sin fin, el sistema genera un proceso de parálisis por análisis por autoprotección, donde no queda mucho espacio para lo espontáneo, y donde sin duda triunfa lo predeterminado. Lecciones inmensas de vida en dos culturas, Estados Unidos y Latinoamérica, tan cercanas pero tan lejanas, tan próximas pero tan distantes y diferentes.

Hoy trabajo para los dos mercados. He tenido que mezclar la pasión latina con la legalidad norteamericana, he tenido que fusionar la espontaneidad con la planificación. Con seguridad de esta licuadora de aprendizajes y de esencias, se estará gestando una subcultura, un nuevo sistema que dará frutos en un mundo cada vez con menos fronteras.

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