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En 1929, Ernest Hemingway publicó Adiós a las armas, un drama de amor que transcurre durante la Primera Guerra Mundial. Cien años después de estos hechos que inspiraron al escritor estadounidense, un grupo de jóvenes colombianos desarrolló un juego homónimo. Esta vez, la inspiración fueron las lecciones que se deben aprender de otra guerra: el conflicto armado colombiano.
El videojuego de estrategia Adiós a las armas simula un proceso de paz en el que participan el Gobierno, la Fuerza Pública, las guerrillas y los paramilitares. Hay dos escenarios. El primero es la mesa de negociación, en donde van apareciendo los temas para discutir, que son los mismos de la agenda que se está cubriendo en La Habana. Cada agente toma las decisiones que le den mayor favorabilidad política en diferentes regiones del país.
El otro escenario es justamente el mapa de Colombia, en donde se ve reflejada la favorabilidad de cada actor, por ejemplo, cuántos congresistas apoyan las decisiones de cada miembro de la mesa. El juego no termina hasta que se llega a un acuerdo.
La idea de Adiós a las armas, sin embargo, viene de tiempo atrás, cuando los que estaban sentados a la mesa eran Andrés Pastrana y las Farc. El profesor Javier Corredor, del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional, veía con preocupación lo poco que se comprende la naturaleza de una decisión como iniciar unos diálogos de paz.
La propuesta del profesor Corredor de enseñar las complejidades de un proceso histórico a través de un juego de estrategia, por el estilo de Risk, fue llevada al mundo virtual por Juan Felipe Cristancho, físico de la Universidad Nacional, y el equipo de Eleven Producciones: Camilo Andrés Páez, programador; Juan Pico, diseñador y animador, y Alberto Leguizamón, diseñador y modelador 3D.
“Mucha gente cree que Simón Bolívar hizo la independencia inspirado por una especie de fuerza divina. O que Adolfo Hitler movió a toda Alemania hacia el nacionalsocialismo”, dijo Juan Felipe, director durante el desarrollo del videojuego, pues el objetivo es generar la conciencia de que un proceso como la reconciliación se construye colectivamente.
El producto está todavía en versión demo, pero se espera perfeccionarlo y pasarlo a una plataforma multijugador. Para esto contarán con el apoyo de $90 millones anunciado por el Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, pues esta semana, en el marco de Colombia 3.0, Adiós a las armas fue uno de los ganadores de la convocatoria Cambio de Juego. Con esta iniciativa se buscaban las mejores 11 propuestas de videojuegos que promuevan conductas pacíficas.
Según Juan Sebastián Sandino, gerente de Contenidos del Mintic, los productos ganadores serán incluidos en los equipos que entrega el Gobierno a través del programa Computadores para Educar.
En Colombia, la industria de videojuegos aún es muy joven. Se calcula que actualmente hay 70 desarrolladores nacionales. Para hacerse una idea, la Academia de las Artes y Ciencias Interactivas agremia a más de 24.000 empresas relacionadas con la industria. “Lo que se necesita, más que buscarlo, es construirlo”, dice Juan Felipe Cristancho.
mmedina@elespectador.com
@alejandra_mdn