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La verdadera situación de Pdvsa

En la actualidad, la llamada “Nueva Pdvsa” es una empresa grande con abundantes reservas, pero mediocre e ineficiente en grado extremo.

20 de septiembre de 2009 – 05:00 p. m.

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La empresa petrolera estatal venezolana, Petróleos de Venezuela S.A. (Pdvsa) fue fundada en agosto de 1975, para convertirse en la casa matriz de la industria petrolera que iba a ser nacionalizada a partir del 1° de enero de 1976. Pdvsa fue configurada con base en una ley orgánica, que incorporó las provisiones necesarias para proteger a la corporación de las debilidades y defectos de las empresas estatales.

Todos los gobiernos hasta 1999 le brindaron apoyo y respeto a la Ley de 1975 y sus reglamentos, lo cual le permitió a la petrolera consolidarse, mantener autonomía operacional y financiera y convertirse en una empresa líder en la industria a nivel global.

Internacionalización

Durante la década del 70, los países productores de petróleo disfrutaron de altos precios por acontecimientos en Oriente Medio. Un embargo interrumpió los suministros y los precios se cuadruplicaron.

Eso trajo consecuencias para los refinadores, que tuvieron que luchar para asegurar sus suministros, al tiempo que veían sus márgenes erosionarse. En ese escenario, Venezuela vio la oportunidad de adquirir posiciones internacionales en los países industrializados, para lo cual constituyó cadenas integradas de producción, refinación y mercadeo.

Pdvsa sacó ventaja de las penurias del negocio de refinación, compró total o parcialmente sistemas de refinación y mercadeo en otros países, como la compañía Veba Oel, de Alemania, y posteriormente se concretaron adquisiciones en EE.UU.

La apertura petrolera

La legislación de 1975, aunque reservó al Estado la industria y el comercio de los hidrocarburos, incluyó una provisión para permitir la participación del sector privado. Se podría dar mediantes dos formas: convenios operativos y asociaciones estratégicas. Los primeros se habían utilizado para actividades como perforación, registros de subsuelo, cementaciones, entre otras.

Pero las asociaciones estratégicas no se habían utilizado. A principios de los 90, frente a la conveniencia de una expansión de producción para aprovechar las oportunidades que se anticipaban, se planteó la utilización de esos esquemas para complementar lo que pudiera hacer Pdvsa por sí sola.

El grueso de la actividad sería cumplido por Pdvsa con base en la parte más atractiva y rentable del portafolio de oportunidades. O sea, proyectos de alta rentabilidad, menos intensivos en capital y de bajo o ningún riesgo. Se seleccionaron tres esquemas: asociaciones estratégicas para proyectos integrados en la Faja del Orinoco (se denominaron integrados, porque habrían de incluir producción y mejoramiento del crudo extrapesado), convenios operativos en campos antiguos, así como convenios de exploración y producción y ganancias compartidas en áreas de alto riesgo.

La apertura petrolera se convirtió en proyecto nacional aprobado por el Congreso. La Faja del Orinoco era un gigante dormido, a 350 kilómetros de las costas venezolanas, sin infraestructura, no rentable, además de inviable, porque no existe refinería en el mundo que pueda recibir y procesar 150.000 ó 200.000 barriles por día de ese tipo de petróleo.

Por otra parte, los campos antiguos de los convenios operativos fueron los que declinaban hacia su límite económico sin ninguna previsión de inversiones, y por último, los convenios de exploración y producción se firmarían en áreas de alto riesgo, de baja prioridad para Pdvsa.

La estrategia se tradujo en una inversión de US$40.000 millones, en cuatro proyectos integrados en el Orinoco, 33 convenios operativos en campos antiguos y ocho proyectos de exploración en áreas de alto riesgo. En su pico de producción los proyectos del Orinoco alcanzaron 650.000 barriles por día y los convenios operativos generaron otros 600.000 barriles por día. Los proyectos de exploración y producción en áreas de alto riesgo generaron dos importantes descubrimientos.

Chávez y el petróleo

Tan pronto como asumió el poder, Hugo Chávez demostró su espíritu sectario y de retaliación, al despedir a más de 20.000 trabajadores de Pdvsa, preparados y con experiencia. La empresa fue convirtiéndose en un apéndice de la revolución, llegaron las malas prácticas, la incompetencia y la corrupción.

En la actualidad la llamada “Nueva Pdvsa” no es más que una empresa grande con abundantes reservas, pero mediocre e ineficiente en grado extremo, con una nómina que pasa de 90.000 trabajadores; cuando llegó el actual gobierno eran 48.000.

La actual administración criticó los planes de expansión heredados pero ha anunciado planes similares, que son retrasados todos los años. Se anuncia aumentar la producción a 5’500.000 barriles diarios en seis años, con inversiones de US$60.000 millones, de los cuales US$25.000 millones provendrían de empresas extranjeras.

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También se anuncia la construcción de cuatro refinerías en Venezuela y en otros países, el proyecto de LNG Mariscal Sucre, que tiene una demora de 10 años. De igual manera se promocionan nueve complejos petroquímicos y múltiples gasoductos, entre ellos el “Gran Gasoducto del Sur”, una quimera populista de 10.000 kilómetros, con un costo de US$35.000 millones, para transportar unas reservas inexistentes a mercados inexistentes.

Cuando Chávez asumió el poder, la capacidad de producción de Pdvsa era de 3’500.000 B/D y actualmente es de 2’180.000 B/D. Pero esa diferencia no revela la verdadera magnitud de la caída, pues hay que tomar en cuenta el incremento de 1’250.000 B/D de los proyectos de la apertura. La caída de producción efectiva ha sido de unos 2’500.000 B/D, sin considerar el aumento sostenido que se anticipaba en el mediano y largo plazo.

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El gobierno venezolano aumenta las cifras, pero hoy la producción de un país es imposible de ocultar y las posibilidades de retomar el crecimiento en la producción son muy remotas. Pdvsa perdió autonomía financiera y no recibe dinero para crecer. Aun si lo recibiera, la empresa perdió la capacidad de ejecución para desarrollar e implementar proyectos de manera eficiente.

Por otra parte, la posibilidad de lograr una efectiva inyección de capital de empresas internacionales se esfumó, resultado de las agresiones contra esas compañías, violándose contratos, cambiando unilateralmente las condiciones e incluso mediante expropiaciones, como en los casos de Conoco y Exxon en los proyectos del Orinoco, los cuales se debaten en cortes internacionales. El plan de otorgar a empresas extranjeras nuevos proyectos en esa zona ha tropezado con dificultades. Aunque 19 compañías compraron los paquetes de información, el proceso ha sido pospuesto dos veces.

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Extraoficialmente se sabe que los retrasos se deben a dudas y preguntas sin respuestas, como los ataques a Cargill, Polar y Coca Cola, expropiaciones de empresas cafeteras, bancos y 70 de servicios petroleros. A eso se suma la condición de que Pdvsa tendría más de 50% en los proyectos, pero financiado por el socio, quien no tendría derecho al mercadeo de petróleo, y finalmente está la ausencia de arbitraje.

En las actuales condiciones, acudir a empresas internacionales es de una lógica indiscutible. Pero muy poco se dice públicamente, porque no es “políticamente correcto” para un gobierno con doble discurso. Venezuela necesita nuevas inversiones para aumentar la producción después de la caída brutal de los últimos 10 años, pero la probabilidad de que ello ocurra es muy remota.

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La agenda internacional

En el frente internacional la brecha entre lo dicho y lo hecho es aún más marcada. Desde que asumió el poder, el gobierno ha amenazado con suspender las exportaciones de petróleo a Estados Unidos para desviarlas hacia China. Sin embargo, esa amenaza es hueca, y 10 años después siguen fluyendo ininterrumpidamente 1’100.000 B/D hacia el norte, simplemente porque responden a docenas de contratos con clientes que son los más rentables para Pdvsa, llevan años y nada tienen que ver con el gobierno de Estados Unidos.

Por otra parte, la primitiva red refinadora de China no podría procesar los crudos venezolanos, en su mayoría ácidos y pesados. Y finalmente, esa es la única factura que se cobra completa y a tiempo. Durante más de 10 años el gobierno venezolano y Pdvsa han firmado cientos de cartas de intención, con Rusia, China, India, Argentina, Brasil, Vietnam, Irán y muchos otros, las cuales constituyen hoy letra muerta.

* Ex presidente de Pdvsa y experto en hidrocarburos

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