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El real de Brasil se derrumbó a su punto más bajo en 11 años, en medio de preocupaciones de que la creciente incertidumbre política pudiese afectar el plan de austeridad fiscal de la presidenta Dilma Rousseff.
El real se debilitó 1,3% con respecto al dólar, para llegar a R$1,1039 al mediodía de ayer. Ha sido su nivel más bajo de cierre desde junio de 2004. El real ha caído 14,5% desde el inicio de 2015 y es una de varias monedas de los mercados emergentes que están bajo presión a causa de la caída en los precios de los commodities, un dólar más fuerte y la debilidad en las economías domésticas.
La caída más reciente del real le ha seguido a una semana turbulenta en la política de Brasil, durante la que un discurso por parte de Rousseff, en el que intentaba convencer al país de la necesidad de austeridad fiscal, desencadenó protestas en las ciudades más grandes. Entretanto, los fiscales iniciaron investigaciones a 54 altas figuras políticas por un escándalo en la compañía Petrobras.
“La hostilidad en el Congreso cada vez es peor y genera dudas en torno a los ajustes fiscales planeados”, dijo Silvio Campos Neto, de Tendências Consultoria, una consultora con sede en São Paulo.
Rousseff enfrenta una tormenta casi perfecta tan sólo cinco meses después de ganar un segundo período por uno de los márgenes más estrechos en la historia reciente de Brasil.
Se espera que la economía del país se hunda en una recesión este año, en medio de una inflación cada vez más alta, al tiempo que aumentan las preocupaciones políticas por el escándalo de Petrobras. Exejecutivos de la compañía han sido acusados de entrar en complicidad con políticos para recibir sobornos de los contratistas.
Aunque hizo una campaña sobre una plataforma de izquierda que procuraba evitar la austeridad, la primera maniobra de Rousseff en su segundo período ha sido iniciar recortes de presupuesto y anunciar aumentos a los impuestos y a las tasas de interés, para enderezar las finanzas del país.
El domingo en la noche, Rousseff hizo una de sus primeras apariciones públicas apoyando el plan de austeridad, solicitándoles a todos los brasileños que se apretaran el cinturón.
El discurso fue recibido con protestas populares en muchas grandes ciudades del rico sureste de Brasil y en Brasilia, regiones en las que la presidenta con tendencias de izquierda tuvo el desempeño más débil durante las elecciones de octubre.
Durante la protesta, que fue organizada a través de los medios sociales, la gente golpeó las ollas y las sartenes en sus apartamentos, tocó las bocinas de sus coches y detonó las alarmas de sus casas, en un tipo de protesta que se conoce como panelaço, para demostrar su desacuerdo con el discurso.