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El péndulo de la guerra en Irán tuvo movimientos bruscos en estos días.
Hacia principios de la semana pasada, luego de algunos días de relativa calma, los precios del petróleo volvieron a treparse por encima de los USD 100. Esto como consecuencia de los anuncios de EE. UU. de un nuevo bloqueo al Estrecho de Ormuz por parte de su Marina a los barcos que salen de o viajan hacia puertos iraníes.
La volatilidad en esta vía comercial, por la cual circula 20 % del crudo que abastece la demanda global, llega acompañada de un crecimiento en los precios del petróleo, que han subido 50 % desde que comenzó el bombardeo de Israel y EE. UU. a Irán, a finales de febrero.
Sin embargo, hacia finales de esa semana, con la tregua entre Israel y Líbano (temporal), Irán anunció que el estrecho quedaba abierto a todo tipo de tráfico.
Esta declaración, que tiene sus matices en el terreno, llenó de optimismo los mercados petroleros, con una baja el viernes de 9,07 %, alcanzando los USD 90,38 por barril de crudo Brent (la referencia para Colombia).
“El paso de todos los buques comerciales por el estrecho de Ormuz queda declarado completamente abierto durante el resto del alto el fuego”, escribió en X el jefe de la diplomacia iraní, Abbas Araghchi.
Así mismo, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este viernes, en declaraciones a la agencia AFP, que un acuerdo con Teherán estaba “muy cerca”, declarando que ya no quedaban “puntos de bloqueo” entre ambos países.
Pero nada de esto terminó por materializarse y en días recientes lo que ha habido es un cruce de fuego que involucra a embarcaciones tratando de cruzar este pasaje marítimo. Para este punto, no es nada claro si habrá una tregua duradera en el conflicto o, cuando menos, un paso seguro por el estrecho.
Los efectos de la guerra en el mercado petrolero
La guerra tiene diversos impactos, dependiendo de por dónde se quiera analizar el asunto.
Uno de los principales es el apetito global de crudo, la ecuación de la demanda.
Bajo las estimaciones de la OPEP, que esta semana publicó su más reciente informe sobre el mercado petrolero, a nivel global la guerra le restó unos 500.000 barriles a la demanda diaria de petróleo para el segundo trimestre del año: para marzo el estimado era de 1,4 millones y para abril, este número bajó a 900.000.
El problema de la demanda no es solo un asunto de interés para los negocios atados al petróleo, la venta o la refinación de crudo, por ejemplo. Sino que sirve, de cierta forma, como termómetro de la economía global.
La ecuación sigue una lógica que va por este camino, más o menos: el apetito de crudo ayuda a estimar qué tanto están creciendo los encadenamientos productivos atados al crudo. Y este asunto cubre renglones que van desde la generación de energía, obviamente, pero también cobija a insumos del agro o manufactura de plásticos, por apenas mencionar dos ejemplos.
Entonces, un descenso en la demanda de crudo puede señalar hacia algunos nubarrones sobre el crecimiento económico en el mediano plazo.
Sin embargo, bajo las estimaciones de la OPEP, las cifras globales de crecimiento se encuentran en 3,1 % de expansión en PIB mundial para este año y en 3,2 % para 2022, sin cambios frente a lo registrado en el informe pasado.
La Organización agrupa a los principales productores globales, incluyendo estados del Golfo cuyas ventas de crudo se han visto duramente afectadas por cuenta de la guerra, así como a Irán, parte activa del conflicto y principal protagonista en el bloqueo de Ormuz.
La OPEP tampoco proyecta un problema a largo plazo en la demanda de crudo, pues tiene previsto que la demanda en 2026 crecerá a un ritmo “saludable” de 1,4 millones diarios de barriles (el mismo resultado que el mes pasado).
A pesar de estas proyecciones, la Agencia Internacional de Energía (AIE) estimó esta semana que la demanda global sí se contraerá en 80.000 barriles diarios para este año. Esta disminución está directamente relacionada con la guerra en Oriente Medio.
Así mismo, los depósitos de petróleo tuvieron una reducción de 85 millones de barriles a nivel global, a pesar de que las existencias crecieron en el Medio Oriente (por razones obvias) y en China.
Esta baja, explica la Agencia, se debe a un uso de inventarios para atender los problemas de oferta derivados del cierre del estrecho de Ormuz por parte de refinerías vendedoras de crudo.
Sin embargo, en los lugares en donde no existe esta especie de colchón de emergencia, se han tenido que imponer medidas para racionalizar el uso y venta de combustibles. La Agencia habla de escenarios como el de varios países del sudeste asiático, así como productores de petroquímicos a través de toda Asia.
Para el corto y mediano plazo, la entidad analizó dos escenarios, uno más optimista que el otro sobre el fin del conflicto en Medio Oriente. Y, en el mejor de los casos, estimó que las entregas regulares de crudo retornarían a una suerte de normalidad para mitad de año, aunque sin alcanzar los niveles de antes de la guerra.
Si las hostilidades no se solucionan pronto (una palabra con todas las comillas del caso), “los mercados y las economías globales necesitan prepararse para alteraciones significativas en los meses por vivir”, se lee en el documento de la AIE.
Los datos de la AIE son, por lo regular, mucho más drásticos que los de la OPEP. Esto, en voz de algunos analistas, responde a que el gremio de los productores de petróleo suele sobreestimar la capacidad de reacción de sus productores y, por ende, tiende a minimizar los choques externos sobre los mercados.
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