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Los malos recuerdos del bolívar devaluado

La decisión del gobierno venezolano, de aumentar la paridad de su moneda con el dólar y cerrar el Sitme, el mecanismo con el que se obtenían divisas de forma más ágil, podría originar retrasos en las relaciones comerciales con Colombia.

11 de febrero de 2013 – 03:21 p. m.
Por decreto, el precio de un dólar en Venezuela aumentó de 4,30 a 6,30 bolívares.
Por decreto, el precio de un dólar en Venezuela aumentó de 4,30 a 6,30 bolívares.

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Para los empresarios que hacen negocios con Venezuela, el de hoy fue un día para el olvido. La primera mala noticia vino con la puesta en marcha de la devaluación, por orden ejecutiva, del bolívar en un 31,75%, la cual trajo consigo una desagradable sorpresa: un dólar pasó a costar de 4,30 bolívares a 6,30 bolívares. Esta simple conversión trae consigo un aumento predecible en los precios de sus productos con destino al otro lado de la frontera.

Sin embargo, el día les deparaba una sorpresa aún más desagradable. La decisión de Caracas (ordenada, según la explicación oficial, por el propio presidente Hugo Chávez el viernes pasado desde su cama de convalecencia en Cuba) también contemplaba el cierre del Sistema de Transacciones en Moneda Extranjera (Sitme), el mecanismo por el cual los empresarios venezolanos acudían directamente al Banco Central de Venezuela (BCV) para obtener divisas rápidamente sin tanta burocracia y pagar sus factores de importación en un menor tiempo.

“Era muy utilizado porque no exigía tantos permisos oficiales como la Comisión de Administración de Divisas (Cadivi)”, explica Anamaría Camacho, directora de Investigaciones Económicas de la Cámara Colombo Venezolana, quien, aunque advierte que es muy temprano para sacar conclusiones, describe el efecto práctico que la medida tendrá sobre las relaciones binacionales: “Sin duda, hay incertidumbre por parte de los importadores venezolanos”.

A pesar de apenas llevar un día en funcionamiento, la decisión comienza a causar sus primeros efectos. Por un lado, algunas empresas privadas con operaciones en el vecino país notaron, alarmadas, que la devaluación trajo consigo una caída en sus balances; como Colgate Palmolive, que calcula en un pérdida de entre cinco y siete centavos de dólares por acción, el costo para su gestión. Se trata de un monto que ascendería a los US$120 millones después de impuestos.

La otra cara de la moneda la representa la compañía estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa), que, previendo un cierre del Sitme ante las bajas cifras que mostraba, decidió aumentar su deuda hasta en US$14.000 millones entre el segundo semestre de 2010 y diciembre de 2012 por medio de bonos. Los críticos de la estrategia señalan que sus altos costos tendrán consecuencias negativas para las obligaciones que tendrá que honrar el BCV.

Todo este contexto también genera temores entre los exportadores colombianos, que habían logrado la armonía en sus ventas a Venezuela después la normalización de las relaciones bilaterales en 2010. Según cifras del Dane, las ventas al vecino país pasaron de US$1.553 millones en noviembre de 2011 a US$2.515 millones en el mismo mes de 2012, representando un crecimiento de 62%. “Ellos esperan que, con el regreso de las operaciones de compra de divisas al Cadivi, no se vean los mismos inconvenientes de la época del conflicto diplomático, cuando esa entidad le daba prelación a los trámites de pago a empresarios argentinos, brasileños y ecuatorianos sobre los colombianos”, comenta Camacho.

Una prueba del cambio positivo en los intercambios se ha dado con el pago de las deudas acumuladas desde 2008, que en un principio se calcularon en US$1.300 millones. “La información que tenemos es que, hasta el año pasado, solo quedaban por pagarse alrededor de US$50 millones”, agrega.

Pero ese ritmo podría perderse si vuelve a repetirse el escenario de cinco años atrás, cuando el Cadivi aprobaba las solicitudes de los organismos públicos y las entidades del Gobierno con mayor diligencia que las peticiones de los privados. Entonces, con la apertura del Sitme, apareció una segunda entidad (BCV) que le aportó más agilidad al proceso pagando un costo muy alto: un endeudamiento excesivo por parte del sector público que comprometió los ingresos futuros del Estado y no hizo nada por controlar la inflación (cerró el año pasado a una tasa de 20,1%).

El correctivo llegó en un momento en que la incertidumbre sobre el futuro del proceso chavista trae consigo viejos fantasmas en materia comercial. “Los exportadores colombianos lo único que esperan es que se preserven las buenas relaciones, que no se regrese a la época en que la última orden de cambio de divisas que se atendía era la suya”, asegura Camacho.

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