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Debió haber sido claro en septiembre, cuando Chrysler publicó el prospecto para la oferta pública inicial que tenía planeada, que algo fuera de lo común estaba sucediendo. A diferencia del optimismo usual en este tipo de documentos, el prospecto estaba lleno de advertencias graves sobre el probable efecto de la oferta pública inicial, que incluía la posibilidad de una reacción por parte de Fiat, de Italia, que controla el 58,5% de las acciones.
Las advertencias ilustraron los intereses contradictorios entre Fiat y el fondo Veba Unido de los Trabajadores Automotores, que es el otro accionista, con respecto al futuro de Chrysler, la tercera fabricante de carros más importante por ventas de automóviles. Sucedió que Fiat adquirió sus acciones a través de una mezcla de acuerdos de transferencia de tecnología y compras de acciones del gobierno de Estados Unidos y de Canadá, y de Veba. Compró su participación inicial al tiempo que Chrysler salía de una bancarrota administrada por el gobierno, y fue vista como la base sobre la cual crear una verdadera empresa automotriz multinacional, compartiendo tecnología y diseños entre las dos partes. Una oferta pública inicial para Chrysler, que creara una compañía independiente con accionistas externos, pudo haber amenazado esta meta.
Veba considera su participación como un medio para reunir efectivo que satisfaga las necesidades de cuidados de salud que tienen sus miembros. Una oferta pública inicial pudo haber liberado una mayor cantidad de efectivo rápidamente, pero esto iba en contra de las intenciones de Fiat.
El enigma es por qué tomó tanto tiempo que las dos partes llegaran al acuerdo que anunciaron el miércoles, para que Fiat comprara toda la participación de Veba de forma casi inmediata, pagando menos de lo que había sido solicitado, pero más de lo que Fiat dijo que valía su participación.
John Elkann, el presidente de Fiat, puso de relieve en su comunicado cómo la larga historia de integración ha facilitado el acuerdo. “He estado a la expectativa de este día desde el mismo momento que, en 2009, fuimos elegidos para asistir en la reconstrucción de una Chrysler fortalecida”, dijo.
Una de las raíces de la larga controversia son las circunstancias inusuales bajo las cuales Fiat y Veba se convirtieron en los únicos accionistas de Chrysler. Fiat fue traída para asumir una participación mayoritaria luego de que Chrysler colapsara hacia una bancarrota administrada por el gobierno. Su llegada se anunció desde el comienzo, por parte del gobierno de Estados Unidos, como la antesala para la introducción de tecnología nueva y mejorada, y de una administración más estricta en Chrysler. Veba recibió las acciones a cambio de algunos beneficios que los miembros del fondo de trabajadores habían sacrificado durante la bancarrota de la compañía.
Los actos de Veba parecen haber sido diseñados de forma consistente para maximizar el regreso inmediato de algunos de esos sacrificios pasados. Fiat, entretanto, ha buscado maximizar el valor futuro de la tecnología en las compañías combinadas.
A la mezcla debe añadirse la poca disposición que tiene Sergio Marchionne, el director ejecutivo de Fiat y Chrysler, para ceder durante la creación de acuerdos. Tiene fama de ser duro y agresivo durante las negociaciones. Para Marchionne se convirtió en un “asunto de principios” no hacer concesiones durante las conversaciones, según dijo un banquero involucrado en el acuerdo.
Ambos lados asumieron posiciones tan atrincheradas que algunos de quienes estaban involucrados comenzaron a pensar que no se llegaría a un acuerdo y que Chrysler procedería a una oferta pública inicial, potencialmente afectando los intereses de ambas partes.
Veba, que no hizo comentarios sobre la transacción el miércoles, pudo haber decidido que era mejor tomar el efectivo directamente de Fiat y Chrysler que correr el riesgo de una oferta pública inicial. Fiat había advertido durante todo el proceso que la estructura de la oferta pública inicial, en la que tan sólo estaría para la venta una minoría de las acciones, podría deprimir el precio de las acciones si la compañía entraba al mercado.
El acuerdo anunciado el miércoles no sólo le permite a Fiat integrar a Chrysler de forma más completa a sus operaciones, sino que Fiat paga el acuerdo en buena medida con los recursos de la compañía estadounidense. Chrysler se ha visto beneficiada por una bonanza en el mercado automotor de Estados Unidos, mientras que el peso de la deuda de Fiat ha aumentado, al tiempo que las ventas de automóviles en Europa caen.
El reto que hay por delante, sin embargo, será integrar a ambas compañías de forma satisfactoria. El éxito que ha tenido Chrysler para expandir su mercado desde que se unió con Fiat es un buen augurio para la transacción. Sin embargo, los graves problemas que aquejaron a la marca Jeep de Chrysler al lanzar una nueva versión de su vehículo deportivo Cherokee, sugieren que el éxito no está garantizado.