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Las noticias sobre la guerra de Israel y EE. UU. contra Irán pueden verse lejanas, como un asunto que poco altera la cotidianidad de las personas en Colombia. Sin embargo, en un mundo globalizado, todos los mercados terminan por verse afectados por las dinámicas de los conflictos, tarde o temprano.
Así ha sucedido con el transporte marítimo y las cadenas logísticas que se dan a través del estrecho de Ormuz, un corredor clave para el paso de petróleo, gas y fertilizantes. El paso fue cerrado por Irán tras el inicio de los ataques el 28 de febrero.
Durante este tiempo no han sido pocas las alertas sobre las consecuencias de la guerra en la economía mundial al reducir el crecimiento e impulsar la inflación, de acuerdo con estimaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
De acuerdo con la cabeza del FMI, Kristalina Georgieva, los problemas derivados del cierre del estrecho podrían sumir a 45 millones de personas en la inseguridad alimentaria, con la posibilidad de que el problema se agrave.
Jairo Orlando Villabona, docente de la Universidad Nacional, explica que los conflictos bélicos han incidido de manera importante en la dinámica inflacionaria a nivel internacional, principalmente mediante perturbaciones en la oferta que repercuten sobre los precios de la energía, los alimentos y los costos asociados al comercio y la logística.
Las consecuencias suelen ser más intensas en “los países emergentes, debido al mayor peso relativo de los alimentos dentro de la canasta de consumo. No obstante, la magnitud y persistencia del impacto dependen, tanto de la duración del conflicto, como del grado de exposición de cada economía a los mercados globales de energía y alimentos”, agrega Villabona.
No es un efecto nuevo: el país ya lo había experimentado cuando inició la invasión de Rusia a Ucrania, en 2022. En su momento, el aumento del costo de vida fue impulsado por el encarecimiento de los alimentos, que superó el 20 %.
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¿Un nuevo pico?
Recientemente, el DANE publicó los resultados para el mes de marzo del Índice de Precios a los Productores (IPP) y del Índice de Precios al Consumidor (IPC), que le hace seguimiento a la inflación de insumos y productos comercializados.
En ambos informes se evidencia un alza en los costos. ¿Qué tan relacionada está con la guerra?
Los insumos son de los primeros productos en sentir las alteraciones del conflicto en Oriente Medio, ya que las cotizaciones internacionales de los fertilizantes han subido un 50 % debido al cierre del estrecho de Ormuz.
Buena parte del suministro mundial de dichos productos viene del Golfo Pérsico, tanto los de nitrógeno (cuya producción depende del petróleo y gas) como otros compuestos: del 30 al 35 % de la urea mundial y del 20 al 30 % del amoniaco, según Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).
Por ahora, el incremento de insumos de los sectores de la agricultura, ganadería, silvicultura, caza y pesca subieron 1,01 % en el mes de marzo en Colombia, que no va a la par el incremento de los mercados. En ello coinciden los expertos consultados por este medio, que estiman que después de mayo se estarían evidenciando los cambios en las estructuras de costos de los productores. Esa es la realidad que reflejan los datos.
Sin embargo, hay cultivadores que comienzan a alertar que los precios sí están subiendo el 50 % en las tiendas de abonos. José Román Flórez, arrocero de Saldaña, Tolima, cuenta que necesita 16 bultos de fertilizantes para producir una hectárea de arroz y que eso le valía COP 1,7 millones, pero que ahora le cuestan COP 2,7 millones. En el marco de una producción que viene de una crisis en ese sector, y que se esfuerza constantemente por ser rentable, este golpe se vuelve letal.
En ello coincide Judy Herrera, arrocera de Nunchía (Casanare), quien asegura que los precios de los abonos subieron, aunque las casas de insumos pudieron comprarlos antes del encarecimiento, pero, dice, no hay quién regule ni verifique cuánta materia prima ya estaba en el país. “Se ha generado una especulación bastante grande. Este año los costos de producción van a ser muy elevados y si no me es rentable, me tocará dejar de sembrar”, apunta Herrera.
Jaime Alberto Rendón, director del Centro de Estudios e Investigaciones Rurales de la Universidad de La Salle, dice que ese fenómeno se llama expectativas adaptativas y por eso los comercializadores empiezan a subir los valores, aunque todavía no se presenten dificultades en la oferta.
La suma de los factores
En lo relacionado con los datos más allá del factor internacional, el IPP de los agroinsumos se incrementó en 9,14 % en los primeros tres meses del año. Esto, a su vez, tiene un impacto en los precios que pagan los consumidores por la comida, cuya variación mensual en marzo fue de 1,27 % y que para el año corrido va en 4,29 %, según los datos de inflación del DANE.
Carlos Duarte, miembro del Instituto de Estudios Interculturales (IEI) de la Universidad Javeriana de Cali, añade que otros puntos que explican el alza están relacionados con el ciclo productivo y el factor climático (el fenómeno de La Niña). Vale recordar que, a principios de febrero, hubo un frente frío con lluvias extremas en 8 departamentos, 181 municipios y 4.506 veredas, lo que dejó una extensión estimada de 87.054 hectáreas inundadas y con pérdidas de los cultivos.
Entre los alimentos que más se encarecieron en la variación mensual de marzo están el tomate (13,58 %), frutas frescas (8,66 %), tomate de árbol (8,23 %), cebolla (5,97 %) y moras (4,81 %). Villabona detalla que las frutas subieron de precio porque terminó el ciclo productivo en varias zonas productoras o hubo menor volumen de cosecha disponible.
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De gris a oscuro
Si bien, hasta ahora los efectos son moderados, la mayor preocupación del sector (y en general) es que la guerra en Oriente Medio se prolongue, lo que impediría que las cadenas logísticas se normalicen y así bajen los precios de los insumos.
El docente de la Universidad Nacional advierte que, en ese escenario, se presentarían aumentos en los alimentos que dependen del trigo y maíz importado (como el pan, las pastas, aceites y alimentos empacados). Y por cuenta de los agroinsumos, el efecto inflacionario sería generalizado, ya que todos los cultivos requieren de fertilización para la adecuada nutrición de las plantas.
Sobre la posibilidad de que las tensiones en Oriente Medio impacten la inflación como en 2022, Duarte considera que es improbable que el escenario se repita en esa magnitud, pero no descarta una aceleración significativa de los precios en el segundo semestre. “Lo que diferencia la coyuntura actual del episodio de 2022 es que entonces las presiones venían simultáneamente desde la oferta y la demanda. Hoy son predominantemente presiones de oferta y costos. Eso hace que el riesgo sea real, pero acotado”, sostiene.
Pero ese no es el único factor que presiona el encarecimiento hacia el futuro. Otro asunto importante es el fenómeno de El Niño que se espera tenga implicaciones en las sequías del segundo semestre de 2026 y el primer semestre de 2027.
Todo esto “es un cóctel muy desafortunado que le puede jugar en contra al costo de vida de los colombianos. La tendencia inflacionaria tiene unos factores que, vistos hoy, no serán buenos para los consumidores y mucho menos para los productores”, afirma Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC).
Dadas las condiciones y los múltiples factores que inciden en la inflación, la única certeza es la de un futuro incierto, que depende de qué tanto se extienda el conflicto en Medio Oriente y cómo se reorganicen los mercados alrededor de las dificultades en la oferta.
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