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Arriba es abajo. Abajo es arriba.
Justo cuando el mercado esperaba ampliamente un alza en las tasas de interés del Banco de la República, la junta directiva sorprendió este viernes con una decisión que pocos esperaban: dejarlas quietas.
¿Cómo leer esta decisión en medio de un contexto en el que la inflación solo ofrece señales de subida y el contexto internacional no da mayor espacio para optimismo en términos de estabilidad del petróleo?
Lo principal aquí es que la decisión de la junta directiva estuvo marcada, especialmente, por el precio del dólar, que acumula una baja de 20 % en el país en lo que va del año, con la mitad de este hundimiento en apenas un par de meses, mal contados.
La decisión
La determinación de la junta directiva se dio por mayoría, con cuatro codirectores votando a favor de la estabilidad y tres por subir las tasas en 50 puntos básicos. Así las cosas, el indicador sigue en 12 %.
La decisión estuvo en contravía de las expectativas de la mayoría de analistas consultados en sondeos como la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo, que apuntaba a un alza de 50 puntos básicos.
Un nivel similar no se veía desde marzo de 2024, cuando las tasas del Banrep se ubicaron en 12,25 %. La diferencia entre ese momento y ahora es que en ese entonces, el ciclo de tasas era a la baja, pues veníamos del pico inflacionario pospandemia (marzo 2023, con 13,34 %). En cambio, ahora nadie parece apostar por una curva de bajada, pues la inflación sigue mostrando datos complicados.
La votación de este viernes ayuda a ilustrar lo mixto que se encuentra el panorama: una decisión por mayoría, pero con un bloque de tres codirectores apoyando una subida de 50 puntos básicos, nada de palmadas en la espalda de 0,25 %.
Leonardo Villar, gerente del Banco de la República, se sumó a esta visión en la que no hay un horizonte despejado al final del camino al decir que “las preocupaciones existen”, en términos de presiones inflacionarias por el escenario actual (la guerra en Irán y sus afectaciones sobre el petróleo) y los posibles efectos de El Niño sobre los precios (especialmente en los ciclos agrícolas).
De hecho, Villar advirtió que el equipo técnico del Banco tiene una proyección hacia el alza de la inflación para final de año si El Niño entra con toda la fuerza que prometen los pronósticos: el indicador podría rozar el 7 % para final de año.
Si bien el Índice de los Precios al Consumidor (IPC) está en menos de la mitad de lo que se registró en la cima de su crecimiento pospandemia (13,34 % en marzo de 2023 vs. 6,14 % en junio de este año), los más recientes resultados muestran un panorama que no es tranquilizador.
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En las cifras de junio se puede ver claramente que el costo de vida, en vez de registrar una tendencia hacia la baja, va creciendo de forma sostenida, en contravía de la meta del 3 % del Banrep.
Según la información del DANE, la última vez que vimos una inflación en niveles similares fue en julio de 2024. De modo que hemos perdido casi dos años en la pelea contra el crecimiento de los precios. Incluso las proyecciones del Gobierno dan por hecho que el IPC finalizará 2026 por encima de lo que se proyectaba a principios de año y superando también el nivel de cierre del indicador en 2025: el Marco Fiscal de Mediano Plazo marca una meta de inflación de 6 % para el próximo diciembre, prácticamente un punto entero de crecimiento en un año.
El papel del dólar
En buena parte, la decisión de este viernes sobre estabilidad en las tasas estuvo dada por el bajo nivel del dólar en Colombia. “La persistente apreciación del peso colombiano excede la de varias monedas comparables. Esta evolución de la tasa de cambio obedece a una combinación de factores de origen externo e interno, y contribuye a mitigar las presiones inflacionarias”, se lee en el comunicado oficial de la junta directiva.
Para este punto, la apreciación del peso comienza a pasar de oscuro a castaño. “Hay mucho en juego si el dólar se mantiene en esos niveles. Y los exportadores que perdamos en esta coyuntura no los vamos a recuperar”, dice Marc Hofstetter, profesor de la Universidad de los Andes y columnista de este diario.
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Si bien en el comunicado se habla del dólar como un factor que le resta presión a la inflación en Colombia (lo que es cierto, de forma lenta, pero cierto al final), la otra cara de la moneda con la tasa de cambio es que también está ahorcando a los exportadores, especialmente en sectores intensivos en mano de obra, como el café y las flores. “Si algunas de estas empresas cierran y se van para Ecuador, por ejemplo, ahí perdimos todos y eso no regresa”, argumenta Hofstetter.
Entonces, la decisión de este viernes se lee como permitir que el dólar haga lo suyo en términos de restarle oxígeno a la inflación, pero también para no ahorcar más, vía créditos más caros, a sectores que llevan un par de meses pasándola mal por cuenta del dólar bajo.
La oportunidad del dólar para el Banco
La junta directiva del Banco de la República también anunció este viernes un programa para acumular gradualmente hasta USD 4.000 millones en reservas internacionales, con el objetivo de fortalecer la liquidez externa del país y contar con un mayor respaldo ante eventuales choques provenientes de los mercados financieros internacionales.
Esta decisión tiene de ancho y de largo. Por un lado, es una ventana de oportunidad para incrementar liquidez externa con un dólar barato. Pero, por el otro, también es una suerte de necesidad, como explica Hofstetter: con la apreciación del peso y la caída del dólar, “el tamaño de las reservas relativo a métricas en pesos se ha vuelto menos importante”.
Actualmente, el Emisor tiene unos USD 67.000 millones en reservas, que equivalen a 1,14 % del PIB. El Fondo Monetario Internacional (FMI) recomienda que, para una economía del tamaño y características como la colombiana, las reservas se ubiquen entre 1 % y 1,5 % del PIB. Entonces, pasamos la tarea, pero ciertamente estamos en la parte baja de la curva. El programa de compra anunciado por el banco central busca darle más comodidad al indicador.
¿Por qué son importantes las reservas? “Es una de esas cosas que miran los inversionistas que buscan invertir en un país como Colombia. Ese número importa para ellos; son vistas como una señal de fortaleza o debilidad de una economía. Lo otro es que también ayudan a proteger al país si se llega a cerrar el acceso a los mercados financieros por un choque externo. Usted tiene un colchón del cual puede echar mano para poder cumplir con las obligaciones que tenga en moneda extranjera. Y pues también son el principal activo del banco, son la principal fuente de ingresos de la entidad”, explica Hofstetter.
La última vez que la entidad realizó esta operación fue en 2024, por USD 1.500 millones. Esta vez la meta es de USD 4.000 millones, pero en un plazo de dos años, como ya se dijo.
¿Qué viene para las tasas de interés?
Para este punto, nadie respira con total tranquilidad en el frente de inflación. Pero, a la vez, efectuar proyecciones se torna un ejercicio mucho más matizado y acaso complejo.
El propio Villar se refirió a la política monetaria como restrictiva. Los analistas consultados no hablan de un ciclo a la baja y se mantienen en que podrían venir más alzas en el plazo medio.
Pero lo cierto es que hay más incertidumbre sobre el tablero en este momento: toca ver el dólar, hasta dónde seguirá bajando y su posterior corrección en qué términos y velocidad se dará; a la vez, El Niño amenaza severamente varias canastas de precios en la economía, así como la producción de electricidad y, en el frente internacional, la prolongación de las hostilidades alrededor del estrecho de Ormuz, así como las amenazas a un bloque naval al petróleo saudí, tampoco ofrece una perspectiva alentadora.
Desde Itaú justamente hablan de una postura cautelosa por parte del banco, por ejemplo.
Por su parte, Juana Téllez, economista en jefe de BBVA Research, dijo que “las decisiones futuras respecto a la tasa de intervención dependerán de la nueva información disponible y la materialización de los riesgos externos y climáticos, en particular, en el caso de estos últimos, de algunos efectos de segunda ronda sobre la inflación”.
La próxima decisión del Banco se dará en septiembre. “Y en dos meses tendremos no solo más información, sino que todo puede cambiar. Tenga en cuenta que en ese tiempo la tasa de cambio cayó un 10 % extra y cambió todo este tablero”, finaliza Hofstetter.
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