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Ni el desastre natural más grave que ha vivido Colombia en lo que va del siglo ha logrado interrumpir la buena racha del peso colombiano. El sismo del 10 de agosto, con epicentro en San José del Palmar, Chocó, dejó un país golpeado: más de 320 personas fallecidas, daños en 476 municipios de 15 departamentos, cerca de 195.000 viviendas averiadas o destruidas, y 435 vías y 111 acueductos comprometidos, según cifras de la UNGRD con corte al 21 de agosto. A eso se suma un costo de reconstrucción que el propio Gobierno calcula en COP 30 billones.
En los manuales de economía, un choque de esa magnitud debería jugar en contra del peso colombiano. Hay un mayor gasto público para atender la emergencia, por ende el hueco fiscal (es decir, la diferencia entre lo que el Estado recauda y lo que gasta) podría profundizarse, y la tragedia misma podría elevar la percepción de riesgo país (ese nivel de desconfianza que un Estado genera entre los inversionistas extranjeros). Todo eso, casi siempre, termina empujando al dólar hacia arriba.
Pero no está ocurriendo precisamente así. Este viernes 21 de agosto, el dólar cerró en COP 3.036,75 en el mercado spot, apuntando ya a la barrera de los COP 3.000, un nivel que no se veía desde septiembre de 2018, hace casi ocho años.
“Aquí está lo que no cuadra con el manual. Un choque fiscal de esta magnitud debería abrir una prima de riesgo país y llevarse el dólar hacia arriba. Pasó exactamente lo contrario”, afirma Daniel Londoño Tapia, country manager de la fintech Global66.
La tendencia que traía el dólar
Antes de que se produjera la tragedia por el terremoto, el peso colombiano ya llevaba varias semanas ganando terreno. Según el informe mensual de mercado cambiario de Bancolombia, publicado el 3 de agosto (una semana antes del sismo), la moneda se apreció 7,5% durante julio y cerró el mes en COP 3.158,44 frente al dólar.
Ese comportamiento respondió a una mezcla de factores dentro y fuera de Colombia: el índice DXY, que mide la fortaleza del dólar frente a una canasta de monedas globales, se desvalorizó 1,5 %, mientras el petróleo Brent (referencia clave para la economía colombiana, que recibe dólares vía exportación de crudo) subió 23,5 % en el mes.
“A nivel global, el dólar se debilitó después de que el secretario del Tesoro de Estados Unidos anunciara un aumento en las recompras de bonos del Tesoro de largo plazo. El anuncio ayudó a reducir las tasas de estos bonos y, con ello, parte del atractivo de mantener inversiones en dólares”, explica Juan David Ballén, director de Estudios Económicos de Aval Asset Management.
Dentro de los factores internos hubo uno que tomó por sorpresa al mercado. En su última decisión, el Banco de la República decidió, por mayoría, mantener su tasa de interés en 12%, cuando los analistas esperaban un alza de entre 50 y 75 puntos básicos.
Esa tasa alta y sostenida en el tiempo explica la fortaleza reciente del peso, junto con el atractivo de los TES, los bonos de deuda que emite el Gobierno colombiano y que hoy pagan rendimientos altos.
Frente a las tasas de interés en Estados Unidos, ese diferencial (llamado por expertos ‘carry trade’) es, para varios analistas, la pieza central de todo el rompecabezas. “Las tasas de interés (en Colombia) siguen siendo considerablemente más altas que en Estados Unidos, lo que hace atractivas las inversiones en pesos y favorece la entrada de capitales al país”, añade Ballén.
En esto coincide Gregorio Gandini, director de Gandini Análisis: “Dos factores que han jugado mucho en los últimos dos meses: el carry trade, es decir, el aumento en tasa de interés del Banco de la República atrae inversionistas extranjeros y los niveles de tasa de los TES también. Y el efecto político de cambio de gobierno y expectativa sobre el cambio de gobierno también”.
Con la decisión del Emisor ya tomada, y con dos actores vendiendo dólares en el mercado durante julio de 2026, el llamado “sector real” (empresas como exportadoras o importadoras que convierten sus dólares a pesos) y el “sector institucional” (grandes inversionistas locales, como fondos de pensiones y aseguradoras), la oferta de la divisa en el país aumentó y ayudó a presionar el precio a la baja, según el informe de Bancolombia.
La entidad proyectaba entonces que el dólar se movería entre COP 3.150 y COP 3.350 durante agosto. El sismo vendría después, y esa proyección quedaría corta.
Por qué el terremoto no asustó al mercado
Aquel trágico lunes 10 de agosto, mientras el país registraba el primer impacto del sismo, el dólar cerró la jornada en COP 3.136 en el mercado spot, con una TRM de COP 3.157 vigente para ese día. Once días después, el viernes 21 de agosto, la divisa cerró en COP 3.036,75 en el mercado spot, unos COP 100 por debajo del cierre del día del terremoto, con la TRM en COP 3.062,96.
La indiferencia del mercado cambiario sorprende porque el terremoto, hablando únicamente en términos económicos, implica un duro golpe a las finanzas públicas.
Como lo explica Carolina Monzón Urrego, gerente de Investigaciones Económicas de Itaú Colombia, la tragedia tiene un costo aproximado del 1,5 % del PIB (equivalente a COP 30 billones), a eso se suma que, con la posterior declaratoria de emergencia económica, el Gobierno también comenzó a “sincerar las cifras fiscales”: reconoció un déficit de 7,8 % del PIB, por encima del 6,4 % con que cerró el año pasado.
En teoría, ese déficit en las cuentas públicas es justo lo que dispara la desconfianza de los inversionistas. Pero, según Monzón, es probable que el Gobierno acuda más a la emisión de deuda que a la imposición de nuevos impuestos, y ahí está la clave para entender por qué el mercado cambiario no ha reaccionado como acostumbraría.
Diego Arturo Cortés Valencia, docente de la Facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Católica de Colombia, afirma que “el Gobierno ha sido muy moderado en los anuncios en términos de las destinaciones de gasto público que se van a realizar en las próximas semanas y meses. Por lo tanto, no hay una señal de un aumento indiscriminado de la deuda o el déficit fiscal”.
Cortés agrega que, además, “van a empezar a ingresar recursos relevantes de cooperación internacional y de deuda externa en dólares”, lo que presiona el precio de la divisa hacia abajo.
Lo anterior es también la explicación más razonable de esta paradoja para Daniel Londoño, de Global66: “El mercado está leyendo la reconstrucción como una historia de entrada de dólares, entre pólizas de aseguradoras, cooperación internacional y crédito multilateral, más que como una historia de gasto en pesos”.
Aun así, hay quienes piden cautela. Gregorio Gandini advierte que la reconstrucción puede tener implicaciones opuestas al mismo tiempo en la tasa de cambio.
“Podemos tener dos fuerzas: puede ser una mayor entrada de dólares en términos de las ayudas y donaciones que pueden entrar. Por otro lado, una mayor demanda por dólares si tenemos que empezar a importar materiales de construcción y otras cosas adicionales. Eso pueden ser dos fuerzas que se crucen en el mercado, lo cual hace que sea difícil ver un impacto específico si es para arriba o para abajo en la tasa de cambio”, indica el director de Gandini Análisis.
¿Y ahora qué viene?
Por ahora, aunque el dólar ronda los COP 3.000, la mayoría de las perspectivas de bancos y centros de pensamiento apuntan a que la divisa suba de nuevo hacia el cierre del año.
Andrés Naranjo, planificador financiero certificado y director de la Asociación Colombiana de Planeación Financiera, asegura que el precio actual del dólar no refleja los fundamentales de la economía colombiana. “Cuando hacemos las sumas de todas las variables y toda la situación que deben tenerse en cuenta para medir el precio de una moneda o de una divisa, la economía colombiana no da para un dólar a COP 3.000”, afirma.
Las proyecciones de varias entidades apuntan en esa misma dirección. La Encuesta de Opinión Financiera de agosto de Fedesarrollo ubicó la expectativa del mercado en COP 3.150 para agosto y COP 3.300 para diciembre de 2026. Global66 maneja un rango más conservador para el cierre de agosto, entre COP 3.020 y COP 3.130.
Más allá de hacia dónde se mueva el precio en las próximas semanas, hay un efecto de la reconstrucción que tendrá que tenerse en cuenta. Luis Fernando Mejía, exdirector de Fedesarrollo y CEO de Lumen Economic Intelligence, reconoce que, una vez arranque, la reconstrucción “debería generar un impulso al PIB, principalmente a través de la construcción”.
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Y es que levantar de nuevo miles de viviendas, colegios, hospitales y vías requiere materiales de construcción, maquinaria y equipos que, en buena parte, hay que importar, lo que se traduce en más demanda de dólares para pagarlos. Si esa demanda crece más rápido que la entrada de dólares por cooperación y créditos multilaterales, podría convertirse en un contrapeso a la tendencia bajista que ha mostrado la divisa hasta ahora.
Pero si la economía efectivamente repunta de la mano de la construcción, eso también podría atraer más inversión extranjera hacia el país, lo que jugaría, esta vez sí, a favor de un peso más fuerte. En últimas, hacia dónde se incline la balanza dependerá de qué tan rápido (y con qué mezcla de financiamiento) arranque la reconstrucción.
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