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El índice de pobreza monetaria en Colombia para 2021 bajó 3,2 puntos porcentuales y se ubicó en 39,3 %, lo que significa que 19,6 millones de colombianos no tienen suficientes ingresos para suplir sus necesidades básicas, según las estadísticas reveladas por el DANE este martes.
En total, 1,4 millones de colombianos dejaron de ser parte de esta población en 2021 (frente a las cifras de 2020), en medio de la reactivación económica general luego de la crisis social y sanitaria desatada por la pandemia.
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Por su parte, Roberto Angulo, socio fundador de la firma Inclusión y experto en esta materia, considera que “Colombia entró en una senda de recuperación de sus cifras de pobreza. No esperaba que llegáramos a la cifra precovid en un año, entonces considero que es un buen dato. Dada la dificultad de reducir un punto de pobreza en Colombia por la altísima desigualdad que tenemos, sin duda, es una buena noticia”.
Pero, a la vez, agrega un elemento clave en este tema: la brecha entre el entorno rural y el urbano.
Mientras la pobreza extrema registró descenso a nivel nacional y los centros urbanos (bajas de 2,9 y 3,9 %), en la Colombia rural este indicador subió 0,6 %. Lo mismo sucede con la pobreza monetaria, con descensos en el registro nacional y urbano, y un incremento del 1,7 %.
Asimismo, el coeficiente Gini, que se usa para medir la desigualdad, registró descensos en el país en general y en sus entornos rurales, pero se mantuvo prácticamente idéntico entre 2020 y 2021 para la Colombia rural.
Entonces, si bien podemos hablar de una mejoría notoria para el total nacional en pobreza y pobreza extrema, los resultados en el espectro rural de la ecuación lanzan dudas sobre cómo se está dando la reactivación y la recuperación económica en los entornos rurales. De fondo, lo que estas cifras parecen mostrar es que el bienestar de los colombianos está mejorando en las ciudades (en comparación con 2020), pero no sucede lo mismo en el campo, en donde el panorama no sólo no mejoró, sino que empeoró.
La lectura de Angulo es esta: “El relato urbano es distinto al rural. La inflación no afectó tanto a la reducción de la pobreza extrema. En las zonas urbanas hubo un crecimiento económico y unas mejoras en la desigualdad en favor de la pobreza, que lograron superar una fuerza en contra, que es la inflación. Entonces hubo reactivación económica: gente que entró al mercado laboral, los más pobres que se habían quedado sin trabajo empezaron a entrar y, además, se mantuvieron las ayudas en las zonas urbanas con un efecto relativamente similar al de 2020. La suma de estos efectos virtuosos logró contener la inflación en la pobreza extrema”.
Y agrega: “No se puede decir lo mismo en las zonas rurales porque la pobreza aumentó, en parte, porque ni el crecimiento ni las mejoras en desigualdad lograron contener la inflación. Si la reducción de la pobreza rural fuera una carrera de ciclismo, la cuesta que están enfrentando los hogares rurales es mucho más empinada que la de los urbanos, y tiene una bicicleta menos buena, es decir, su mercado laboral es menos bueno que el de las grandes ciudades”.