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Aquí vamos de nuevo: llegamos a la primera vuelta de las elecciones presidenciales, en medio de un panorama político que repite ecos de la fórmula de hace cuatro años, en la que se enfrentan dos visiones de país casi que diametralmente opuestas.
Atravesando la conversación política y electoral hay una serie de temas tan urgentes como densos. La seguridad, una vez más, vuelve a ser uno de los puntos centrales de la agenda.
Pero al lado de este tema, tan espinoso e importante como trillado, se encuentra todo el panorama económico, luego de cuatro años de cambios (o discusiones, cuando menos) de fondo en varios aspectos de la economía colombiana.
¿Cómo está el panorama económico de Colombia?
Desde una mirada macro, la economía parece mostrar más luces que sombras, pero también algunos desequilibrios que no sólo son importantes ahora, sino que con el pasar de las hojas en el calendario pueden volverse críticos.
Desde 2022, el país atravesó al menos tres etapas económicas distintas. Primero, el rebote pospandemia: un crecimiento acelerado impulsado por el consumo reprimido, precios del petróleo favorables y una demanda que tardó poco en recuperarse. Luego, la corrección: 2023 sorprendió con una desaceleración más profunda de la esperada, mientras la inflación tocaba su pico y el Banco de la República subía las tasas para contenerla.
Y desde 2024, una recuperación gradual que hoy muestra señales mixtas: el PIB crece, el desempleo está en mínimos históricos y las exportaciones del primer trimestre de 2026 arrancan con el mejor desempeño desde 2022. Pero, a la vez, la inflación volvió a acelerarse, las tasas de interés volvieron a un ciclo de alzas y el déficit fiscal lleva un par de años preocupando a analistas de todo tipo; para este punto, es como tratar de esconder un tiranosaurio en el closet del aseo.
El mercado laboral es, quizás, la cara más optimista de este balance. La tasa de desempleo se ubicó en 8,8 % para abril, un nivel históricamente bajo (y el mismo de marzo de este año). Pero esta baja en la tasa de desocupación ha venido de la mano con el crecimiento del empleo por cuenta propia, una posición que tiene una cierta asociación con la informalidad (que sigue siendo de más de 50 %). En otras palabras, hay más colombianos trabajando, pero no necesariamente en mejores condiciones.
La inflación, por su parte, no terminó de ceder. Después de bajar desde el pico de 2023, la tendencia se rompió a finales de 2024 y los precios volvieron a acelerarse. En abril de 2026, el IPC estaba por encima de lo registrado un año atrás y los alimentos mostraban presiones en 41 de sus 51 subclases. En medio de esto, el Emisor ya había respondido con dos aumentos consecutivos de tasas. Eso desató una confrontación inédita entre el Gobierno y el Banco de la República, que terminó siendo uno de los episodios institucionales más tensos de un cuatrienio pasado por una larga lista de desencuentros.
En el frente externo, el país mostró una adaptación notable. Las exportaciones de productos no tradicionales pasaron de representar el 37 % del total en 2022 al 53 % en 2025, una diversificación que, aunque todavía incluye oro y esmeraldas, parece señalar un cambio tangible en la composición de lo que Colombia vende al mundo. Pero este crecimiento se dio en medio de un debilitamiento deliberado del sector extractivo del país, que no sólo sigue siendo el renglón más grande en las ventas externas de Colombia, sino que es uno de los principales contribuyentes en materia de recaudo tributario.
Y por aquí llegamos al tiranosaurio: el escenario fiscal.
Dos años consecutivos de metas de recaudo incumplidas, los peores déficits de la historia moderna del país fuera de la pandemia y una deuda que, aunque bajó en volumen, sigue siendo más cara que la de economías comparables. El Gobierno proyecta cerrar 2026 con un déficit de 5,1 % del PIB. Para el próximo presidente, ordenar las finanzas públicas sin sacrificar el gasto social será probablemente el reto más urgente e ingrato del primer año de gobierno. Una ecuación con un balance delicado, que a ojos de muchos parece imposible sin sacrificar gasto e inversión.
Quien llegue a la Casa de Nariño en agosto heredará, entonces, una economía que creció, que generó empleo y que diversificó algo sus exportaciones, pero que también tiene una inflación que no cede, un mercado laboral con informalidad estructural y un déficit fiscal que exige decisiones difíciles, técnicas y ampliamente impopulares.
Producto Interno Bruto (PIB)
Desde 2022, el PIB ha pasado por varias etapas: el frenesí pospandemia, la corrección estructural de 2023 (que sorprendió por la baja a todo el mundo) y el incremento paulatino en los crecimientos anuales entre 2024 y 2025. Entre 2022 y 2025, los sectores con mejores resultados han sido los relacionados con las actividades artísticas y con el renglón financiero de la economía. Los que han tenido peor desempeño han sido las industrias extractivas (con el único promedio negativo) y la construcción.
Inflación
Desde 2022, la inflación ha tenido un comportamiento de montaña rusa, si se quiere: el pico inflacionario pospandemia (que se alcanzó en 2023) y un descenso continuo en los años siguientes. Sin embargo, la tendencia a la baja se rompió desde finales de 2024: el Índice de Precios al Consumidor (IPC) registró apenas dos meses por debajo de 5 % desde entonces. Actualmente (datos de abril), el IPC está por encima de lo registrado hace un año y rubros como los alimentos muestran una tendencia al alza en lo que va del año, con aumentos en 41 de las 51 subclases que analiza el DANE en este rubro.
Tasas de interés
El nivel actual de las tasas, de 11,25 %, no se veía desde junio de 2024. En 2026, el Banco de la República ha efectuado dos aumentos, de 100 puntos básicos cada uno, en tres reuniones de su junta directiva (en la tercera el indicador se mantuvo estable). Esto abrió un enfrentamiento del Gobierno hacia el banco central, con acusaciones infundadas y amenazas de un rompimiento permanente de relaciones entre la entidad y la administración Petro. La inflación se mantiene por fuera de la meta de 3 % del Emisor.
Desempleo
El desempleo se encuentra en niveles históricamente bajos, registrando una tasa de 8,8 % para abril (la misma que se había dado en marzo). Desde 2022 hasta hoy, la posición de empleo que más ha crecido es la de “obrero o empleado particular”, con 20,5 %. A esta le sigue la de “trabajador por cuenta propia”, que tiene una cercanía con el empleo informal (que para abril de este año representa el 54,2 % del total del trabajo en Colombia). La brecha de género disminuyó consistentemente entre 2022 y 2025, pasando de un promedio anual de 5,34 % a 4,45 %.
Importaciones
Entre 2022 y 2025, las importaciones también han visto comportamientos en U: un crecimiento en 2022, seguido de una caída en 2023, para una nueva recuperación en los años siguientes. El primer trimestre muestra los mejores resultados para este periodo desde 2022. Entre los datos a resaltar de las importaciones se ve el crecimiento sostenido de las compras exteriores de vehículos, que prácticamente se han duplicado desde 2022.
Exportaciones
Si se mira el periodo entre 2022 y 2025, el mejor año para las ventas internacionales de Colombia fue el primero, con transacciones que llegaron a un acumulado de USD 56.957 millones; esto gracias en parte a los precios del petróleo y el carbón de ese momento. Vale destacar acá el despegue de las exportaciones de bienes no tradicionales, que pasaron de 37 % en 2022 a 53 % en 2025; aunque aquí hay que acotar que en este renglón también se cuentan las ventas de oro no monetario y esmeraldas. El primer trimestre de 2026 arrancó fuerte (promedio de USD 4.603 millones), mostrando el mejor desempeño para este periodo desde 2022.
Tributación y panorama fiscal
Este es el gran lunar, con metas de recaudo que se incumplieron en dos años consecutivos y los peores déficits fiscales en la historia moderna (exceptuando los años de pandemia, claramente). El Gobierno estima finalizar 2026 con un déficit de 5,1 % del PIB, aunque las alarmas están prendidas por el valor de la deuda colombiana, que ha bajado en volumen, pero que mantiene tasas de interés por encima de lo que pagan países similares: menos deuda, pero igual o más cara, a la larga.
Salario mínimo
El aumento porcentual del mínimo para 2026 fue el más alto, en comparación con la inflación, desde los años 80. Vale recordar que los sindicatos buscaban un aumento de 16 % en la mesa de negociación de 2025, año que finalizó con una inflación de 5,1 %. Con excepción de 2025, desde 2022, el aumento porcentual del mínimo es de dos dígitos. En un sondeo reciente hecho por Fenalco, 44 % de los comerciantes consultados dijeron que habían hecho reducciones moderadas en contrataciones por cuenta del alza del mínimo para 2026, mientras que 20 % de los encuestados dijeron que este indicador no generó impactos en la contratación en sus negocios.
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