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Faltan pocos días para que se cumpla un mes de la guerra en Oriente Medio, que inició con el ataque de Israel y Estados Unidos a Irán. Para este punto, el tema puede verse como un problema lejano, del otro lado del mundo y que tiene poca relación con Colombia. Pero son varias las áreas en las que se ve afectado el país. Uno de los puntos más sensibles es también el más cotidiano: los alimentos.
Si bien la mayor parte de la dieta de los colombianos es producida localmente, los insumos agropecuarios son un elemento esencial que depende casi por completo del mercado internacional. Este rubro representa entre 15 y 30 % de los costos de un cultivo y su consumo por hectárea varía de entre 600 y 4.000 kg, de acuerdo con Manuel Iván Gómez, profesor de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Colombia (Unal).
La dependencia de 2,127 millones de toneladas de importaciones (para 2024), que representan cerca de 75 % de la demanda, conlleva riesgos como que “cualquier interrupción en la cadena de suministro internacional afecta la agricultura nacional”, apunta Gómez.
No hay que ir muy lejos para saber a qué nos enfrentamos. Las consecuencias de la invasión de Rusia a Ucrania en 2022 son el ejemplo más reciente. En ese momento los precios de los insumos se dispararon por la incertidumbre del mercado y las dificultades del transporte marítimo. El resultado fue una marcada inflación de la canasta básica que llegó a superar el 20 %.
Ahora las condiciones son distintas, aunque el resultado podría ser muy similar.
Los alimentos y la guerra en Oriente Medio
El conflicto actual en Oriente Medio ha impactado el mercado de los fertilizantes por varias vías. La primera es que buena parte del suministro mundial de dichos productos viene del Golfo Pérsico, tanto los de nitrógeno (cuya producción depende del petróleo y gas) como otros compuestos: del 30 al 35 % de la urea mundial y del 20 al 30 % del amoniaco, en palabras de Máximo Torero, economista jefe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por su sigla en inglés).
Además, el 30 % de los fertilizantes transitan por el estrecho de Ormuz, cuyo paso fue cerrado por Irán en medio de la guerra. Se trata de un pasaje esencial para el comercio marítimo global, por donde también pasa el 20 % del crudo y el gas natural licuado que se consume en el mundo.
Aunque la mayoría de las importaciones de estos insumos agrícolas que hace Colombia vienen de Rusia, China y Norteamérica, la alteración se ve reflejada en todo el mercado porque funciona como un sistema integrado.
Los precios ya han mostrado las consecuencias de la alteración en el tránsito marítimo. La urea subió más del 30 % y está llegando a valores que no se veían desde comienzo de la guerra de Rusia en Ucrania, dice Jorge Bedoya, presidente de la Sociedad de Agricultores de Colombia (SAC).
El mercado más afectado por el cierre del estrecho de Ormuz es el del petróleo. Los valores internacionales se dispararon y se mantienen por encima de los USD 100 el barril en las últimas semanas, lo que ha incrementado el precio de la gasolina y el transporte en general. Cada noticia o declaración nueva de alguno de los implicados mueve la aguja de los mercados para arriba o para abajo.
En suma, el incremento en los precios de la energía y los insumos afecta a los sistemas agroalimentarios y a la producción de alimentos, asegura Torero.
Puede ocurrir que el alza de los insumos recaiga en los consumidores, con mayores costos en alimentos como los cereales; arroz, maíz y otros. Que esto no suceda también sería un problema, pues todos los sobrecostos recaerían en los productores. En caso de que no tengan los recursos para comprarlos o determinen que su actividad no es rentable, puede verse limitada la oferta de comida.
De hecho, ya hay alertas. La principal preocupación para los productores de maíz, soya y otros granos es que el aumento en los costos de los insumos no necesariamente se refleje en un incremento equivalente en el precio de los productos agrícolas, destaca la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya (Fenalce).
“En ese escenario, la rentabilidad de los cultivos podría deteriorarse aún más, afectando las decisiones de siembra y reduciendo las áreas cultivadas en el país. De mantenerse estas condiciones, se podría profundizar la dependencia de las importaciones de alimentos y comprometer la sostenibilidad productiva del sector agrícola nacional y la seguridad y soberanía alimentaria del país”, destaca el gremio.
Según la FAO, América Latina se enfrenta a pérdidas de ingresos por cereales superiores al 7 % por las perturbaciones en el estrecho de Ormuz. La organización reconoce que los agricultores de la región ya enfrentan condiciones de mercado difíciles, con precios bajos para los productos básicos.
Por eso, no podrían afrontar otro incremento y tendrían que reducir el uso de fertilizantes. No es una decisión menor, ya que dichos productos aseguran la nutrición de la planta, mejoran la calidad de sus frutos y la productividad de todo el cultivo.
¿Qué tan profundo puede ser el golpe?
David Laborde, director de la División de Economía Agroalimentaria de la FAO, explica que en el escenario mundial cada región tiene diferentes impactos según el momento en el ciclo de producción.
“En este momento, en América Latina no se está sembrando, pero pronto empezarán a comprar insumos para la próxima temporada. Es por eso que la producción en curso no se ve afectada, pero la próxima puede que sí”, resalta.
Por ahora, la única manera de resistir la presión es con los inventarios, que es un alivio transitorio. A medida que estos se agoten, se van a evidenciar los mayores precios.
La presión va en aumento. El economista jefe de la FAO estima que a nivel global se pueden resistir tres meses de guerra sin que haya mayores impactos, especialmente porque hay suministro de alimentos suficiente para este tiempo.
“Queremos que termine cuanto antes para evitar los efectos a mediano y largo plazo”, en palabras de Torero. Y añade que la situación será más grave entre más se prolongue el conflicto en Oriente Medio porque no se tiene la capacidad ni la velocidad para encontrar rutas alternativas para el comercio que pasa por Ormuz ni para hallar otros proveedores de fertilizantes, petróleo y energía.
¿Por qué no se producen fertilizantes en Colombia?
El encarecimiento de los agroinsumos perjudica a toda la cadena, desde el productor hasta el consumidor, aun cuando los precios de los alimentos no suban de inmediato.
En respuesta a la coyuntura, el presidente Gustavo Petro planteó la creación de un sistema de fertilizantes subsidiados, financiado con recursos de Ecopetrol. “La escalada del precio del petróleo en mayo nos obliga a construir un sistema intensivo de fertilizantes subsidiados”, dijo en sus redes sociales.
Pero si fuese tan sencillo elaborar esos insumos en Colombia, ya se estaría haciendo. Los expertos consultados por este medio coinciden en que la respuesta corta a por qué no se producen fertilizantes en el país es: porque no es posible. No se cuenta con la tecnología ni la infraestructura.
“La inversión es baja y las políticas gubernamentales no son sólidas. En China, Europa y otros países tienen la tecnología y mano de obra. Las grandes compañías llevan 50 u 80 años en el mercado,” dice Juan Pablo Ardila Rodríguez, administrador de Zona en Avgust (empresa rusa).
Según Juan Pablo Pérez Vélez, líder de Desarrollo Tecnológico e Innovación de Nitrofert (compañía nacional), la manera como su empresa minimiza los riesgos de desabastecimiento por una falla de suministro global o algún conflicto internacional es teniendo varios proveedores en diferentes países. Aunque esto no ayuda a reducir los costos cuando hay una subida generalizada del mercado.
Gómez, de la Universidad Nacional, también pone de ejemplo a Monómeros: aunque se ubica en suelo colombiano, depende en más del 80 % de insumos importados.
Mucho se habló de producir fertilizantes luego de la invasión de Rusia a Ucrania. Luego de tres años y una nueva guerra en Oriente Medio, la dependencia de las importaciones permanece y sigue pendiente la tarea de desarrollar una industria nacional de insumos para la producción de alimentos.
¿Cuántas guerras se necesitan? ¿Qué tiene que pasar en el mundo para que en Colombia haya políticas públicas que se tomen en serio este tema, que es clave para la seguridad alimentaria?
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