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Más de uno de cada cuatro dólares que entran a Colombia por concepto de comercio proviene de Estados Unidos; es el principal socio comercial y de inversión del país, y concentra cerca de un tercio de todas las exportaciones colombianas, de la mano de cerca de 3.000 empresas que cada año envían mercancías a ese mercado. Pero hablar del peso de Estados Unidos para la economía colombiana no es ninguna novedad. En cualquier caso, conviene recordarlo: ningún otro mercado se acerca.
Lo que sí sorprende, o debería, son los números que muestran una relación bilateral que ha resistido incluso las turbulencias recientes.
Más de 650 empresas estadounidenses operan hoy en territorio colombiano. La inversión extranjera directa proveniente de ese país creció 136,9 % entre 2022 y 2025 frente al cuatrienio anterior, según cifras del Ministerio de Comercio, Industria y Turismo.
Y pese al pánico arancelario de 2025 (con tarifas que oscilaron entre el 10 %, el 25 % y hasta el 50 % en distintos momentos), ocho de cada diez productos colombianos exportados a ese mercado lograron crecer sin depender de preferencias arancelarias, dijo este martes María Claudia Lacouture, presidenta de AmCham Colombia (la Cámara de Comercio Colombo Americana) durante la Cumbre AmCham Colombia 2026.
Todo eso, en una relación que sostiene más de cinco millones de empleos entre directos e indirectos.
Sin embargo, el sector privado colombiano cree que la relación con el “Tío Sam” puede dar para mucho más. Incluso, para crecer un 60 % en exportaciones, inversión y servicios hacia 2030. Esta es la estrategia.
La relación con EE. UU. viene cambiando
La canasta exportadora colombiana lleva años cambiando. Y esa transformación es también una señal de que la relación con Estados Unidos ya no es la de antes. En los primeros dos meses de 2026, el 71 % de las exportaciones hacia ese destino correspondió a bienes no minero-energéticos (manufacturas y productos agrícolas, principalmente), por un valor de USD 1.891,5 millones y con un crecimiento del 24 % frente al mismo lapso del año anterior.
El agro aportó USD1.053 millones, con un alza del 13 %, y las manufacturas llegaron a USD 838,5 millones, con un crecimiento de 40,4 %. Colombia, en otras palabras, está dejando de ser solo un proveedor de materias primas para su principal cliente.
Pero no todo en esta relación va en la dirección correcta. La inversión estadounidense en Colombia lleva un año de señales preocupantes.
En 2025, la inversión proveniente de ese país sumó USD3.375 millones, el 29,4 % del total que llegó al país. Pero ese flujo cayó 37% frente al año anterior.
En su mayoría, la inversión llegó a los mismos sectores de siempre: servicios financieros y empresariales (32 %), minería y petróleo (23 %), manufactura (15 %), comercio y hoteles (10 %), electricidad (7 %) y transporte y comunicaciones (6 %), según cifras del Banco de la República.
“El portafolio de inversión de Colombia es mucho más amplio que esto, y la inversión de Estados Unidos, como también de otros países, está llegando a otros sectores donde Colombia tiene oportunidades”, señaló Lacouture.
Así las cosas, el reto del que habla la dirigente gremial es “ampliar el menú hacia sectores con más encadenamientos, productividad y empleo formal: manufactura, logística, energía, infraestructura digital y servicios basados en conocimiento”. Pero este camino no está exento de fricciones con Washington.
Los irritantes que señala Washington
Jarahn Hillsman, jefe de Misión y encargado de Negocios de Estados Unidos en Colombia, dio tres señales de lo que frena el potencial de la relación económica Colombia-EE. UU.
La primera, y la más técnica, tiene que ver con el sector automotriz. Hillsman advirtió que, si Colombia deja de reconocer las certificaciones de seguridad estadounidenses, se pondrían en riesgo alrededor de 500.000 empleos vinculados al sector. Esos estándares, explicó, respaldan hoy la mitad del mercado automotriz colombiano: no solo los vehículos que vienen de Estados Unidos, sino también los fabricados en México, Brasil, Argentina, Canadá y Japón bajo las mismas normas. Y cambiarlos, advirtió, no haría las carreteras colombianas más seguras.
Cabe recordar que la Ley 2290 de 2023, con la que Colombia ratificó su adhesión al Acuerdo de 1958 de la ONU sobre estándares técnicos vehiculares, fue declarada exequible por la Corte Constitucional en junio de 2024, pero su implementación sigue pendiente. Ese acuerdo está basado en estándares técnicos europeos, distintos a los que usan Estados Unidos y los países que fabrican bajo sus normas. Cuando entre en vigor, los vehículos certificados bajo estándares estadounidenses tendrían que pasar por un proceso de homologación adicional para poder ingresar al mercado colombiano.
La segunda es la propiedad intelectual. Para Hillsman, proteger ideas, marcas y patentes es condición para que sectores como el farmacéutico, el creativo y el tecnológico sigan generando empleo en Colombia.
Y la tercera es la contratación pública. El diplomático señaló durante la Cumbre AmCham Colombia 2026 que los procesos de licitación en servicios de nube pública e infraestructura que actualmente se adelantan en Colombia deben ser transparentes y garantizar que los proveedores elegidos cumplan con estándares estrictos de seguridad.
¿Qué viene para la relación con EE.UU.?
AmCham Colombia presentó este martes una hoja de ruta con metas concretas para escalar la relación bilateral hacia 2030. Para el gremio, esta estrategia permitiría crecer un 60 % en exportaciones de bienes no minero-energéticos, en servicios y en inversión extranjera directa, y un 42 % en turismo desde Estados Unidos.
Los tres sectores con mayor potencial identificados por el gremio son el agro, la manufactura y los servicios.
En agroindustria, la meta es pasar de USD 5.900 millones a USD 9.400 millones en exportaciones hacia EE.UU., impulsada por productos como cafés especiales, aguacate, frutas frescas, tilapia, alimentos procesados y snacks premium.
En manufactura (renglón que hoy exporta USD 4.000 millones hacia ese mercado), la apuesta es llegar a USD 6.300 millones con nichos de alto valor como dispositivos médicos, autopartes, movilidad eléctrica, textiles técnicos y cosméticos.
Y en servicios, el sector con mayor potencial de expansión acelerada según AmCham, la meta es escalar de USD 7.100 millones a USD 11.300 millones, con foco en ciberseguridad, healthtech, software e ingeniería BIM.
En materia de inversión, la meta es pasar de los USD 3.375 millones actuales a USD 5.400 millones hacia 2030. Cabe recordar que, en 2025, la IED en Colombia cayó 16 % y el ingreso de capital fresco (capitales nuevos) bajó 27 %, según datos del Banco de la República citados por AmCham.
Y mientras Colombia solo captó el 7 % de la inversión extranjera directa en América Latina en 2024, Brasil concentró el 38 % y México el 24 %.
Para revertir esa tendencia, AmCham identificó los sectores que más apetito generan en el capital estadounidense (que representa el 38 % de toda la IED que llega a la región).
Entre estos están la energía y transmisión, logística e infraestructura estratégica, infraestructura digital, manufactura selectiva y dispositivos, agroindustria y cadena fría, y servicios empresariales. El reto, advirtió AmCham, es convertir ese interés en inversión real, y para eso hacen falta proyectos de energía firme, seguridad jurídica, permisos más ágiles y estabilidad regulatoria.
La hoja de ruta también incorpora a Venezuela como una oportunidad de expansión. Según explicó AmCham, es posible atraer inversión estadounidense para que Colombia actúe como plataforma logística hacia el país vecino.
La propuesta es que empresas de EE.UU. inviertan en centros de distribución, cadena de frío y servicios especializados en territorio colombiano para desde allí atender sectores como alimentos, salud, manufacturas y logística en Venezuela.
Productos colombianos que más crecen en EE.UU.
Según un análisis de AmCham Colombia basado en cifras del U.S. Census Bureau —realizado entre abril de 2025 y febrero de 2026 en sectores no minero-energéticos sin arancel, los que más terreno ganaron: carne y despojos comestibles (552 %), materias vegetales para trenzado (249 %), manufacturas de metal común (112 %), cacao (90%), café, té, yerba mate y especias (60 %), preparaciones alimenticias (60 %), cosméticos (37 %), preparaciones de carne y pescado (30 %), productos farmacéuticos (25 %), bebidas y líquidos alcohólicos (14 %) y preparaciones de hortalizas y frutas (12 %).
Hay, sin embargo, productos que retrocedieron y que AmCham agrupa como sectores que Colombia debe ajustar: níquel (-96 %), fertilizantes (-22 %), sal (-22 %), químicos orgánicos (-20 %), semillas y frutos oleaginosos (-18 %) y productos químicos (-14 %).
Frente a estos retrocesos, el gremio plantea que la solución no es exportar más de lo mismo, sino producir los insumos, transformarlos en industria y llegar al producto final con mayor valor agregado. Eso reduciría la vulnerabilidad de esos sectores y los haría más competitivos.
La tormenta de fondo
La economía de Estados Unidos, el ancla de todo este relato, también enfrenta vientos en contra. Se esperaba que creciera cerca del 2,5 % este año, pero la guerra arancelaria, la incertidumbre que genera en la inversión y el conflicto en Irán apuntan a un crecimiento más cercano al 2,2 %, y podría acercarse al 1,9 % si la escalada bélica en Oriente Medio se alarga.
El encarecimiento de los energéticos y una posible subida de tasas de la Reserva Federal complican aún más el escenario, según el economista Sergio Clavijo, expresidente de ANIF y profesor de las universidades de Los Andes y Externado.
Para Colombia, eso significa que su principal socio comercial y de inversión entrará a los próximos años con menos dinamismo y un libreto comercial distinto al de antes.
Y todo esto ocurre mientras Washington reescribe sus prioridades. Según Lacouture, la administración Trump seguirá recurriendo a los aranceles como herramienta de presión (no como excepción) y antepondrá el ‘America First’ (primero Estados Unidos) a cualquier otra consideración. Ese es el terreno que Colombia tendrá que navegar si quiere profundizar su relación con su histórico socio.
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