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Para el Banco de la República, una inflación del 3 % es el punto de equilibrio: los precios siguen subiendo, pero a un ritmo que no golpea con fuerza el bolsillo de los hogares ni pone en riesgo el crecimiento de la economía. Sin embargo, Colombia sigue lejos de esa meta.
Aunque la inflación ha mostrado una moderación frente a los picos observados en años anteriores, el más reciente reporte del DANE, con corte a junio, indica que la variación anual se ubicó en 6,14 %, esto es 1,32 puntos porcentuales por encima de la registrada en el mismo mes de 2025.
Detrás del aumento del costo de vida hay tres grandes responsables. El primero es el rubro de alojamiento, el cual aportó 1,56 de los 6,14 puntos porcentuales que subió la inflación en el último año. Después aparecen los alimentos (1,29 puntos) y los restaurantes y hoteles (1,07 puntos).
Según los analistas, buena parte de estas presiones sobre los precios responde al encarecimiento de los insumos y al aumento del 23 % del salario mínimo, dos factores que han elevado los costos para las empresas y que, en muchos casos, terminan trasladándose al consumidor.
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Las proyecciones del Banco de la República indican que la carestía seguirá ganando terreno en lo que resta del año. De acuerdo con el Informe de Política Monetaria de julio, la inflación total cerraría 2026 en 6,9 %, es decir, 0,5 puntos porcentuales por encima de la previsión anterior.
En cuanto a la inflación básica (que excluye alimentos y otros rubros cuyos precios suelen registrar fuertes variaciones temporales), el Banco estima que terminará el año en 6,2 %. Aunque esta cifra es 0,1 puntos porcentuales inferior a la proyección anterior, sigue reflejando presiones inflacionarias considerables.
¿Qué hará subir más la inflación?
Como argumenta el Banco en su reporte, este ajuste al alza de lo que se espera para la inflación se hace teniendo en cuenta diversas variables, como la del fenómeno de El Niño.
Este evento climático, que en Colombia se caracteriza por una disminución en la frecuencia e intensidad de las lluvias, representa un importante desafío para sectores como el de la energía y el agro. El panorama es aún más complejo si se tiene en cuenta que, según las proyecciones, sus efectos comenzarían a disiparse apenas en el segundo semestre de 2027.
Si se materializa un fenómeno de El Niño de alta intensidad, como advierten el IDEAM y varias agencias científicas internacionales, la producción agrícola podría verse seriamente afectada. La menor disponibilidad de agua en ríos y embalses reduciría el riego de los cultivos, mientras que las altas temperaturas aumentarían el riesgo de daños y los harían más vulnerables a las heladas. El resultado sería una menor oferta de alimentos, cosechas más costosas y, en consecuencia, un mayor precio de los alimentos para los consumidores.
En el contexto internacional, el Banco resalta que también contribuiría a la inflación los efectos del conflicto en el Golfo Pérsico, sobre todo en los precios de algunos productos e insumos agropecuarios, así como en el petróleo y el transporte internacional.
Otro de los efectos esperados es una posible escasez mundial de componentes tecnológicos, como las memorias RAM, indispensables para el desarrollo de la inteligencia artificial. El auge de esta industria ha disparado la demanda hasta niveles que podrían superar la capacidad de producción, un escenario que algunos expertos ya bautizaron como el “RAMpocalipsis”.
Se calmará la tormenta
Aunque el panorama para 2026 luce complejo, el Banco de la República estima que en 2027 la inflación comenzará a bajar de manera gradual, poniéndose en una ruta que la llevaría hacia la meta del 3 %.
Según explica, este giro se daría como resultado de las acciones acumuladas de la política monetaria, es decir, las alzas que ha registrado la tasa de interés en los últimos años.
Para entender lo anterior hay que tener en cuenta que el objetivo del Banco de la República cuando sube las tasas de interés, o las mantiene en niveles elevados, es enfriar la demanda. En términos sencillos, busca que los hogares y las empresas gasten e inviertan menos, ya que al encarecerse los créditos disminuye el consumo, lo que hace que la presión sobre los precios también disminuya.
Teniendo en cuenta las actuales variables (pues todo puede pasar tanto en el escenario local como internacional), el Banco de la República proyecta que la inflación total descendería al 4,3 % en su variación anual para el cierre de 2027.
¿Subirán más las tasas?
Teniendo en cuenta que la carestía estaría a meses de empezar su senda de desaceleración, son claves los movimientos que haga el Banco de la República en esta ventana de tiempo.
En junio, la junta directiva del Banco decidió aumentar en 75 puntos básicos la tasa de interés de la política monetaria, mientras que en la de julio, optó por mantenerla, por lo que ahora se ubica en el 12 %.
El promedio de las previsiones que manejan los analistas en esta materia es que la tasa se ubique en un 12,3 % para el tercer trimestre de 2026, y en un 12,5 % para el último trimestre del año.
En línea con la disminución de la inflación que se proyecta para el próximo año, también se anticipa que la tasa se ubique en un 11,1 % para el cierre de 2027.
“La senda esperada por los analistas es algo menor que la trayectoria implícita en el pronóstico macroeconómico del presente Informe en el primer año del horizonte de pronóstico, y superior en el segundo año. Los resultados de la encuesta también señalan que la mediana de los pronósticos de inflación de los analistas es mayor al final del horizonte de pronóstico frente a lo anticipado por el equipo técnico en el presente Informe”, concluyó el Banco.
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