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Los datos sobre el PIB del tercer trimestre, que publicó este martes el DANE, dieron una buena sorpresa, con un crecimiento anual del 3,6 %, una cifra que deja en el espejo retrovisor la mayoría de las proyecciones que había sobre el tema.
De forma general, el reporte da cuenta de una economía que tiene varios renglones saludables, creciendo muy por encima de lo proyectado, y algunos otros que muestran rezagos, desgastes y problemas crónicos. Vamos por partes.
A gastar, a gastar
Si se mira por sectores macro, el gran motor del trimestre se llama papá Estado, con el gasto en administración pública, defensa, educación y salud creciendo un 8 % en el trimestre y contribuyendo a una tercera parte del total del resultado del PIB para este período; el renglón que salió peor librado en los resultados fue el de las industrias extractivas, que se contrajo 5,7 % (hace un año lo había hecho en 7,3 %).
Dentro de este renglón, el mayor aporte viene de administración pública y defensa, planes de seguridad social de afiliación obligatoria. Según Piedad Urdinola, directora del DANE, el crecimiento tiene que ver con el aumento del pie de fuerza en las Fuerzas Militares y la Policía, y la reactivación de la Registraduría, por las votaciones que se han hecho este año y las elecciones de 2026. También pesó, según la funcionaria, que los ajustes salariales que este año no se hicieron todos en el primer semestre, sino que hubo rezago, en particular en la Rama Judicial.
En el sector hay datos interesantes, como el notable despegue del renglón de educación pública, que hace un año se expandía 2,1 %, pero en este trimestre subió a casi 19 %.
La mano del gasto estatal no solo se ve en las esquinas más soleadas, sino también en las más oscuras, como la construcción, que hace un año crecía 4,2 %, pero en este trimestre se contrajo 1,5 %. Al mirar más de cerca las cifras, se ve que todo el renglón registra también contracciones, excepto por las obras civiles, que se expandieron 13,1 %. En general, el gasto de consumo del Gobierno subió 14,2 % para el período.
A la par con el Estado también se encuentra el consumo privado, algo que se ve reflejado en los buenos resultados del comercio, por ejemplo, que se expandió 5,6 % en el trimestre, cuando hace un año lo hacía con un ritmo del 1,3 %.
Bajo las cifras del DANE, el consumo final de los hogares creció 4,2 %, con cifras positivas en todos los renglones que mira este informe: el mayor fue en muebles y artículos para el hogar, y el menor se ubicó en restaurantes y hoteles.
“El mejor ánimo de los hogares (confianza en 1,5 puntos en el tercer trimestre y 4,3 en octubre), la aceleración —aún gradual— del crédito de consumo y la reducción de la mora y de la carga financiera liberaron ingresos antes destinados al servicio de la deuda, que se redirigieron principalmente a gasto y, en menor medida, a ahorro (este último creciendo menos que los ingresos)”, explica Mauricio Hernández, de BBVA Research.
De fondo, lo que los datos cuentan no es nada muy diferente de la tonada que ya ha venido sonando hace unos meses: crecemos, pero a punta de gasto por todo lado.
Aunque hablar de buenas cifras siempre es un ejercicio más agradable que hacerlo de valores negativos, lo que algunos analistas dicen es que esta suerte de “boom” no es sostenible.
Y se entiende: el gasto por el lado público tiene varias presiones encima, entre ellas el déficit fiscal y el paso de la ley de financiamiento en el Congreso (a la que se le recortarían unos COP 10 billones, con lo que quedaría en COP 16 billones de meta de recaudo). Pero, en últimas, esta administración va con el reloj a cuestas, y si bien los alcances de gasto no se agotan con las elecciones, todo ese proceso sí redefine rubros de gasto e inversión.
“Tenemos una economía en esteroides”, dice Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, quien se suma al coro que advierte que una “economía que crece bajo el gasto y no la inversión” es un asunto que podría tener una fecha de expiración pronta.
Por su parte, a Bruce Mac Master, presidente de la Andi, le “preocupa que el mayor impulso venga de parte del gasto público, precisamente en un momento donde las finanzas públicas son sumamente complejas. En lugar de tomar medidas estructurales para resolver las finanzas, lo que encontramos es un gasto público desbordado”.
Un análisis del Banco de Bogotá permite ver un dato llamativo: “En concreto, en el tercer trimestre el gasto público observó un aumento 14,2 %, su ritmo de avance más alto durante el siglo XXI. En ausencia de esto, el crecimiento no habría sido de 3,6 % sino de 1,8 %, es decir, 50 % del buen resultado lo explicó el mayor gasto público”.
Las presiones de la demanda también se pueden rastrear en el ámbito de la inversión. “Por primera vez, desde el primer trimestre de 2024, la inversión bruta creció menos que la fija, lo que implica que las existencias restaron al crecimiento. Esta caída de inventarios es coherente con una demanda interna en rápida recuperación —de hogares y gobierno— frente a una oferta que aún no acompasa ese ritmo”, argumenta Hernández, de BBVA Research.
Aquí vale decir que, si el año se acabara hoy, el crecimiento del año sería del 2,8 % (según los datos del DANE para año corrido), lo que lleva a recalibrar algunas proyecciones al alza, con la expectativa de acabar mejor de lo que se pensaba. Pero, a la vez, con temores de cómo se podría dar un ajuste hacia un modelo que no esté sobre los hombros del gasto.
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