Por los puertos colombianos salieron más bananos en el primer semestre del año, lo que ha permitido equilibrar un poco las dificultades del sector. Se trata del producto del agro que mueve mayores volúmenes en el país, pues supera al café y las flores. Sin embargo, ocupa el tercer puesto en entrada de divisas. Se trata de un contexto retador para los productores porque cada vez tienen mayores costos, pero el precio no reacciona.
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El incremento de la producción le ha dado un nuevo aire al cultivo luego de un 2024 en el que cayó la rentabilidad por las afectaciones del clima y el aumento en los costos de insumos, principalmente. Entre enero y junio de 2025 se exportaron 67,4 millones de cajas de 20 kilos, para un aumento de 12,1 millones de cajas (frente a 2024) y un crecimiento total del 22 %.
Una coyuntura que contrasta
Se trata de una buena noticia para el sector, especialmente en el Caribe. La región logró recuperarse de las afectaciones climáticas que redujeron los sembrados. En parte, la reactivación explica el incremento de las exportaciones, de acuerdo con José Francisco Zúñiga, presidente de la Asociación de Bananeros del Magdalena y La Guajira (Asbama).
No obstante, el repunte bananero no es sostenible en el tiempo. Émerson Aguirre, presidente de la Asociación de Bananeros de Colombia (Augura), explica que las condiciones climáticas y la mayor disponibilidad de agua han favorecido la productividad, tanto que el desempeño ha sido el mejor de los últimos 30 años en la región de Urabá. Son cifras “alejadas de la realidad, por lo que tendremos un 2026 más ajustado”, en sus palabras.
De todos modos, los mayores rendimientos llegan en un momento clave, pues ayuda a mitigar las consecuencias de la caída en la tasa de cambio del peso frente al dólar, que ha afectado a los bananeros y a todos los exportadores.
Las proyecciones que tenía del negocio estimaban un dólar por encima de COP 4.000, en un rango de entre COP 4.200 y COP 3.900, pero nunca esperaron que el precio estuviera sobre los COP 3.800, por lo que se ha visto afectada la rentabilidad.
Aranceles: ventana a precios justos
Además del tema cambiario, algo que afecta significativamente al sector es el bajo precio que pagan los supermercados por el producto. Se trata de un hecho que responde a las condiciones históricas, pues el banano se convirtió en uno de alto volumen y bajo precio que utilizaban las grandes superficies europeas y estadounidenses para demostrar que sus precios eran más bajos que los de los demás, según Manuel Laborde, presidente de Unibán (empresa exportadora).
De hecho, Aguirre señala que se han hecho estudios que muestran que en los últimos 20 años el precio al consumidor se ha mantenido, mientras que los de las naranjas y manzanas aumentaron hasta tres veces.
Esto muestra por qué, a pesar de que los bananeros enviaron dos millones de toneladas en 2024, las divisas que llegaron al país fueron por USD 1.026 millones, mientras que las del café superaron los USD 426.000 millones en el mismo periodo.
El sector coincide en que los compradores tienen la idea de que un incremento de precios va a perjudicar la demanda. Sin embargo, para Laborde dicha medida es “completamente innecesaria” porque se ha demostrado que las personas compran banano independientemente del precio.
La teoría que expone fue evidenciada a raíz de los aranceles del 10 % que recibieron los productos colombianos en Estados Unidos. Los supermercados americanos querían que las empresas, como Unibán, asumieran el costo adicional, pero ellos se negaron: “Les dijimos que si nos iban a obligar a eso preferimos vender la fruta en otras partes del mundo”, recuerda el presidente de la compañía.
El resultado fue que los supermercados les trasladaron el costo a los consumidores y la demanda se sostuvo, “para sorpresa de todos”. La misma Unibán hizo un estudio en Estados Unidos y encontró que los compradores ni siquiera se acordaban de cuánto pagaron por el producto.
“Es inelástico el precio. Diez centavos más por kilo en EE. UU. hacen toda la diferencia para la finca de banano. Esta es una oportunidad para lograr precios justos, lo que transformaría la cadena de suministro”, enfatizó Laborde.
Esa ha sido la bandera de los exportadores: los precios justos. Por eso se han unido los representantes del gremio bananero de Ecuador, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Perú y República Dominicana para pedir mejores condiciones y que los supermercados minoristas (retailers) materialicen sus compromisos de sostenibilidad y responsabilidad compartida para con el sector.
El mayor argumento que tienen es que no se les reconocen económicamente las inversiones en materia de sostenibilidad ambiental y de salarios dignos.
“Los precios internacionales no reflejan el trabajo. Cada vez demandan más calidad, inversión, certificaciones y esfuerzos de seguridad. El precio debería reaccionar a esas exigencias para poder vender, especialmente en la Unión Europea y Reino Unido”, resalta Zúñiga.
Y añade que hay mucha “hipocresía de los supermercados” a la hora de hacer compromisos. Por eso el sector pide que el mercado internacional valore el esfuerzo que hacen para contribuir a la seguridad alimentaria de los países.
Ahora las negociaciones están centradas en definir los valores que tendrán para 2026, resultado que se deberá conocer en noviembre y puede representar un impulso para el sector, no solo de Colombia, sino también de toda la región.
Un racimo de retos
El desafío de lograr mejores pagos por el banano es uno de los múltiples retos que enfrenta el gremio actualmente. A esto se suman las altas exigencias de los mercados en temas ambientales, laborales y sociales, promovidas desde las políticas europeas.
Por estos temas pasa la sostenibilidad, pagos dignos a los empleados, la calidad de la fruta y la seguridad. En el último frente han tenido dificultades los países de Latinoamérica y el Caribe, pues en su comunicado conjunto destacaron que se ven afectados “por la creciente inseguridad en la región, agravada por el incremento del tráfico de sustancias ilícitas hacia la Unión Europea, impulsado por la alta demanda de narcóticos”.
Otro frente en el que concentran sus esfuerzos es el fitosanitario, para evitar que a las plantaciones lleguen enfermedades como los hongos del fusarium y silatoka negra o las bacterias como el moko.
“Este año no tuvimos un convenio entre el sector privado y el sector público, en este caso el ICA, para realizar monitoreo y vigilancia en cada uno de los predios a nivel nacional. Todo lo hemos asumido desde el sector privado. Se está bajando la guardia en materia de control de enfermedades”, agrega Aguirre.
Por otro lado, los bananeros están trabajando en optimizar el modelo de producción y adaptar las plantaciones al cambio climático, que se ha convertido en una variable definitiva para la agricultura, y que a veces ayuda, pero casi siempre representa un obstáculo para la rentabilidad de los cultivos.
“Hemos hecho grandes avances con inversiones en tecnología que nos permita el procesamiento de datos en tiempo real para la toma de decisiones oportunas, y así atender fenómenos como las lluvias, las altas temperaturas y los fuertes vientos. Con ello lograr expresar al máximo nuestro potencial productivo”, afirma Fabián Fonseca, director de productividad de Unibán.
Finalmente, el presidente del gremio del Caribe insiste en la necesidad del acompañamiento del Gobierno Nacional para fortalecer la competitividad del sector, garantizar condiciones de mercado estables y avanzar en la sanidad de los cultivos.
El esfuerzo de los sectores privado y público en estos asuntos es fundamental para lograr que el crecimiento que ha tenido el sector bananero en este año se sostenga en el tiempo.
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