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A nivel mundial, después de dos años difíciles, el sector agrario en 2024 mostró signos de recuperación con mejores cosechas y aumento de la productividad en general. Sobresalió de manera notable la producción de granos y cereales, la cual logró sobreponerse a las limitaciones de la guerra entre Rusia y Ucrania (en gran parte por la estabilidad que generó la Iniciativa de Granos del Mar Negro – grain deal).
Sin embargo, las preocupaciones por el acceso a los alimentos siguen persistiendo de manera significativa a nivel global, especialmente en regiones vulnerables afectadas por conflictos, cambio climático y crisis económicas. Igualmente, eventos extremos asociados al cambio climático se instalan cada vez más como una preocupación insalvable.
América Latina y el Caribe son particularmente vulnerables a las variaciones climáticas, sobre todo por la contribución del sector agrario al PIB: 7 % es la media regional, aunque con variaciones importantes entre países: menos de 4 % en México y Chile, por encima del 9 % para nuestro caso, más de 15 % en Belice y Nicaragua, hasta 20 % en Paraguay.
El ejemplo más representativo en cuanto a vulnerabilidad climática en nuestra región es el caso de Brasil, uno de los mayores productores agrícolas del mundo, que a lo largo del 2024 tuvo que enfrentar fuertes sequías que golpearon el volumen y la calidad de su producción en numerosos renglones. El tándem entre monocultivo intensivo y deforestación es uno de los motores de la vulnerabilidad brasileña y un llamado de atención para el conjunto de los países de la región frente al modelo de explotación agrícola.
¿Cómo le fue al agro en 2024?
El panorama anterior muestra que el último año ha traído consigo múltiples retos para el comercio y la producción agropecuaria. Para nuestro caso y desde un punto de vista económico, de acuerdo con el Tablero de Datos Macroeconómicos de la UPRA, el PIB agrario de los primeros tres trimestres de este año promedian 8,9 % el cual, aunque se trata de un resultado parcial, viene a ser el promedio más elevado de los últimos 18 años. Tanto el área sembrada a 2023 (5.770.866 hectáreas) como la cosechada (4.664.707 hectáreas) constituyen los registros más altos de los últimos 13 años. Lo anterior ha significado que ante escenarios volátiles de cambio climático el país ha conseguido estabilizar su producción agraria general en 35.646.646 toneladas. que representaron un crecimiento de 0,91 % con respecto a 2022.
Los volúmenes anteriores tuvieron impactos indudables en tres campos estratégicos: la balanza comercial, el empleo y la inflación. Revisemos brevemente cada uno.
Las exportaciones después de un año difícil en 2023 (5.182 toneladas) volvieron a retomar su impulso para 2024 (5.742 toneladas en su resultado parcial); mientras que las importaciones registraron un ligero incremento (707 toneladas entre 2023/24). Como resultado, la balanza comercial se redujo favorablemente en -7.078 toneladas. Lo anterior significa que con los datos disponibles, en lo que respecta a productos agropecuarios, hemos exportado más volumen de lo que hemos importado. Esto logró alcanzar -en cuanto a valor- la suma más alta de la balanza comercial en los últimos cuatro años (US$1.940 millones).
El empleo en general- ha sido uno de los logros del presente gobierno (9,6 %/2024 vs. 10,8 %/2022). El mercado laboral en el ámbito rural ha tenido resultados que han superado las expectativas. El desempleo rural es apenas de 6,4 % en lo corrido de 2024 (con corte a noviembre), lo que significa el mejor registro en la materia de los últimos 14 años. La población ocupada en el sector agropecuario es la segunda fuente de empleo a nivel nacional, por delante de sectores como la construcción, la industria y la administración pública.
La inflación de los alimentos también tuvo resultados alentadores en 2024. En 2022 el costo de los alimentos, como efecto de la pandemia y el precio de los fertilizantes, estaba por las nubes con un IPC – Índice de Precios al Consumidor de 27,1%. En 2023 dicha cifra registro una reducción importante, con 8,3 %. Para 2024, el renglón de alimentos y bebidas no alcohólicas cerro con una inflación anual de 3,31 %, según el DANE. Como resultado disminuyó la prevalencia de inseguridad alimentaria moderada o grave en los hogares del país al pasar de 28,1 % en 2022 a 26,1 % en 2023.
Los resultados anteriores contaron con el impulso de la oferta sostenida de granos y cereales a nivel global, pero de manera indudable, también se soportaron en un mejoramiento interno de la disponibilidad de alimentos.
Para 2023, el abastecimiento nacional de alimentos aumento 5,5 % con respecto a 2022. Mientras que entre enero y noviembre de 2024, el abastecimiento de alimentos en las centrales mayoristas del país aumento en 7,6 % en comparación con los mismos meses del año anterior. Vale la pena resaltar que el impulso de la oferta alimentaria tuvo como gran protagonista la agricultura campesina y familiar basada en circuitos cortos de comercialización, quienes registran una prevalencia de 71 % sobre la oferta nacional de alimentos.
Las proyecciones y retos del agro colombiano para 2025
Las estadísticas favorables del último año en el sector, así como los patrones de los últimos años, permitirían pensar que en 2025 se podría apreciar una ligera expansión del área sembrada en algunos cultivos específicos (cacao, frutales, café, flores, maíz, soya banano, y aguacate, entre otros) impulsada por la demanda comercial.
Igualmente relevante será la continuidad de políticas de apoyo estatal, sobre todo en el ámbito de la gestión comercial internacional, crédito, soporte fitosanitario, la formalización de tierras y los procesos de la Reforma Rural Integral.
Sin embargo, esta expansión en cuanto a área de producción bruta podría ser modulada por el interés de desarrollar agriculturas más sostenibles desde un punto de vista ecológico, pero con alto valor agregado; así como por las apuestas étnicas y campesinas por desarrollar agriculturas regenerativas y de pluriactividad intrapredial.
En cuanto a la productividad, será necesario continuar remando desde atrás para superar la brecha tecnológica, mejorar el acceso al financiamiento para los pequeños productores y mitigar los efectos del cambio climático.
Así las cosas, entre los múltiples retos del sector agrario para el 2025 revisemos las siguientes variables:
Reducción presupuestal pública. Como consecuencia de los anunciados ajustes presupuestales del gobierno para el 2025, resultarían afectados negativamente la inversión en compra de tierras, infraestructura y programas de apoyo a pequeños y medianos productores, lo que sin duda dificultaría el crecimiento del sector en áreas prioritarias como la Reforma Agraria Integral.
Sobreproducción de petróleo. De acuerdo con la Agencia Internacional de Energía (AIE), en 2025 se espera que la oferta de petróleo supere la demanda en más de un millón de barriles por día. Si bien la baja en los precios del petróleo podría reducir los costos de combustibles y fertilizantes, el riesgo de una desaceleración económica global o nacional asociada a la sobreoferta petrolera podría tener efectos negativos indirectos en el sector agrario, como la reducción de la inversión pública y el acceso al crédito.
Fenómenos climáticos extremos. El año que pasó no fue tan agresivo en términos climáticos para los contextos agrarios. Sin embargo, a lo largo de 2025 eventos extremos como El Niño (sequías octubre-diciembre) y La Niña (lluvias excesivas abril-junio) pueden causar pérdidas en la producción, la infraestructura y la rentabilidad del sector, afectando la seguridad alimentaria y la economía del país. Este factor podría interactuar con la reducción presupuestal, limitando la capacidad del Gobierno para implementar medidas de adaptación y mitigación.
Precios de las materias primas. La volatilidad en los precios internacionales de las commodities introduce un poderoso nivel de incertidumbre en nuestra balanza comercial. Precios altos pueden beneficiar a algunos exportadores, pero también aumentar los costos de insumos importados. Mientras que precios bajos pueden perjudicar a los exportadores y generar competencia desleal. Diversas incógnitas en la geopolítica mundial (política arancelaria estadounidense bajo el gobierno de Trump, evolución guerra ruso-ucraniana, el Merco Sur, los BRICS y los eventos climáticos extremos) vuelven aventurada la planificación y la inversión a futuro.
Aumento del salario mínimo. Sin duda, el reciente aumento del salario mínimo (9,5 %) representa una muy buena noticia para los trabajadores agrarios y podría mejorar el consumo interno en general. Sin embargo, en el contexto de una reducción presupuestal, así como otros factores adversos, el aumento del salario mínimo probablemente exacerbará las dificultades para los medianos productores formalizados, aumentando sus costos y posiblemente impactando las tasas de empleo en este segmento de la producción. De otra parte, el empleo en la agroindustria dependerá de la demanda de las commodities a nivel mundial. Mientras tanto, en el sector de la pequeña agricultura campesina y familiar, la informalidad es tan grande que seguramente el impacto de este ítem no será muy pronunciado.
El Fondo Nacional del café y los contratos a futuro. La gran estrella de los cultivos del 2024 fue el café, el cual, gracias a los efectos de las sequías en Brasil, gozó de un alto precio en los mercados internacionales (aumentando su valor en 35 % en términos reales).
Sin embargo, un numero representativo de cooperativas de caficultores con el apoyo del gobierno Santos y con el respaldo del Fondo Nacional del Café (que en su mayoría se compone de recursos públicos administrados por la Federación), firmaron en 2016 un conjunto de contratos con venta a futuro que se negociaron bajo una proyección del precio definida en su momento. Pero una producción menos alta de lo esperado a lo largo del último año, así como el interés de los productores por negociar su café sobre el alza de los precios en la actualidad y no sobre el precio a la baja de 2017, está llevando a que dichas cooperativas registren incumplimientos en sus colocaciones pactadas.
Actualmente, 18 cooperativas mantienen una deuda con el Fondo Nacional del Café en 33 millones de kilos de café que no fueron entregados. En junio de 2025 empiezan a vencer esos contratos y los incumplimientos de sus respectivas colocaciones deberán ser refinanciados.
La Federación Nacional de Cafeteros deberá decidir si compromete su patrimonio para cubrir dichas obligaciones y así evitar que un número importante de cooperativas vayan a la quiebra o si pide ayuda a un Gobierno con un presupuesto limitado en 2025. Más allá de esta dura decisión emergen dos debates: i) hasta qué punto existe una responsabilidad política y fiscal de la Federación en el aval técnico de las ventas a futuro. ii) ¿Es conveniente realizar este tipo de contratos en un contexto de volatilidad creciente del comercio internacional?
* Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali.
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