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Cómo leer la rebaja de calificación que Moody’s le hizo a Colombia

Moody’s le rebajó la calificación al país, aunque mejoró su perspectiva. Si bien aún conservamos el popular grado de inversión con esta firma, las razones detrás de la decisión formulan preguntas fuertes sobre el manejo económico del Gobierno.

26 de junio de 2025 - 09:01 p. m.
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Foto: Getty Images/iStockphoto - johan10
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El vaso medio lleno. El vaso medio vacío. Cualquiera de las dos expresiones puede utilizarse para describir la decisión que tomó Moody’s de bajar la calificación crediticia de Colombia (de Baa2 a Baa3), aunque mejoró la perspectiva (pasando de negativa a estable).

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Y más importante aún, mantuvo al país en el último escalafón posible del llamado grado de inversión. Esta es la única de las tres grandes firmas calificadoras de riesgos que aún nos considera en este nivel (el grupo lo completan Standard & Poor’s y Fitch).

De fondo, todo el mundo esperaba una rebaja en la evaluación de Moody’s, comenzando por el Ministerio de Hacienda y continuando con un largo etcétera de analistas y agentes del mercado.

Lo llamativo es que el país aún quede dentro del terreno de grado de inversión (aunque en el límite) después de que el Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) enviara mensajes nada halagadores: se suspende la regla fiscal por tres años, porque no hay forma de cumplirla en medio de la crisis de las finanzas nacionales, el déficit fiscal subirá a niveles históricos, la proyección de ingresos tributarios se desplomará unos $18 billones este año y el Gobierno buscará una nueva reforma tributaria. De ahí el vaso medio lleno, si se quiere. Como dijo Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo: “Nos pudo ir peor”.

El medio vacío es un poco más sencillo de entender. No es una buena noticia la rebaja en la calificación, menos aún por las razones que esgrime Moody’s: el manejo fiscal ha reducido la efectividad de las políticas fiscales. En otras palabras, el Gobierno ha borrado con el codo, los pies, la cadera y la cabeza los alcances y límites de sus propias políticas de salud y bienestar fiscal.

Por otra parte, la mejoría en la perspectiva está ligada a la efectividad del contrapeso de poderes (mencionan específicamente al Judicial y al Legislativo), que “han limitado cambios radicales en política”. Dicho de otra forma: la parte positiva (con grandes comillas) de la noticia se debe a los límites que se le han puesto al Gobierno.

“Perder el grado de inversión hubiera sido el peor escenario, sin duda. Pero lo que dice Moody’s no es halagador ni bueno. Esta no es una buena noticia. En el comunicado destacan que el manejo fiscal del Gobierno es malo”, asegura César Pabón, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.

Para Mejía, la disminución en la calificación de la deuda soberana era esperable, y es un reflejo del deterioro fiscal. Resalta que Moody’s, además de mostrar los pesos y contrapesos que han evitado que se tomen medidas radicales, “confía que en el mediano plazo los hacedores de política pública y el Congreso van a tomar medidas correctivas para iniciar la consolidación fiscal”.

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El Observatorio Fiscal de la U. Javeriana coincide en que la degradación de la calificación crediticia es una consecuencia ya advertida por el fuerte deterioro fiscal proyectado en el Marco Fiscal, y agrega que “el plan de ajuste presentado con la suspensión de la regla fiscal no contrarresta el incremento sostenido de la deuda neta, que alcanzará el 63,8 % del PIB en 2027, elevando los riesgos asociados a la sostenibilidad de la deuda pública”.

¿Qué consecuencias puede traer la rebaja de calificación de Moody’s?

Desde el punto de vista de los mercados (con incidencia en la tasa de cambio frente al dólar, por ejemplo), Pabón estima que la rebaja en la calificación puede no tener consecuencias, pues “es algo que ya se había descontado desde antes”.

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Sin embargo, las potenciales implicaciones en otros frentes no son alentadoras. El Observatorio lo explica de esta forma: “La decisión tendrá implicaciones directas sobre el costo del financiamiento. En 2026, solo el pago de intereses representará el 4,8 % del PIB. Un mayor riesgo percibido por los inversionistas implicará tasas más altas para la deuda soberana, reduciendo aún más el espacio fiscal disponible, acentuando las restricciones sobre inversión y manteniendo la persistencia de déficits fiscales elevados (-7,1 % del PIB en 2025)”.

Respecto a lo que viene, Mejía dice que es probable que haya reducciones por parte de las otras dos calificadoras de riesgo (Standard & Poor’s y Fitch), pero considera que no traerán impactos en los mercados, porque eran ajustes que ya se habían anticipado: “Las tasas de interés que paga Colombia, la prima de riesgo, de acuerdo con el mercado, está dos escalones por debajo de la calificación actual. Esas reducciones adicionales no tendrán impacto en los mercados. Lo importante es que el país inicie la senda de consolidación fiscal”.

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Volver a la senda es la clave, cómo hacerlo sigue siendo la pregunta. Justamente el jueves, el Observatorio Fiscal de la Javeriana publicó un informe que concluye que las proyecciones incluidas en el Marco Fiscal de Mediano Plazo están basadas en supuestos optimistas de crecimiento e ingresos que no “se compadecen” con el comportamiento del recaudo ni con el contexto macroeconómico internacional.

La reforma que busca el Gobierno para ajustar las cuentas fiscales, como lo han advertido los expertos, podría no materializarse. Considerando que este es el último año de la administración Petro, que la relación entre el Ejecutivo y el Legislativo está deteriorada y que no hay nada más impopular que los impuestos, pasar una tributaria por $19 billones sería toda una hazaña.

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En la presentación del Marco Fiscal, Germán Ávila, ministro de Hacienda, no planteó ninguna alternativa ante la posibilidad de que la reforma se hunda: “Si el Congreso no la aprueba, hay que preguntarse cuál es la alternativa que dará el Congreso”, dijo el funcionario.

La respuesta del ministro, de que sería el Congreso el que tendría que solucionar el panorama fiscal si no aprueba la reforma, deja un sabor amargo. La clave es que el país tome decisiones para seguir siendo sostenible fiscalmente. Mientras tanto, el deterioro del panorama le seguirá saliendo caro a Colombia, literalmente.

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¿Qué es el grado de inversión?

El grado de inversión es simplemente un umbral en una tabla de calificaciones que determina una nota mínimamente aceptable, similar al 3,0 que en muchas universidades establece quién pasa o no una materia (aunque sea raspando). Pero en el mundo de las finanzas globales ese umbral determina qué país tiene unos estándares razonables de solidez económica y reputacional ante sus acreedores. Es decir, si tiene grado de inversión, no hay tanto riesgo y por ende se le puede prestar con intereses atractivos (entre más escalones se encuentre por encima del grado de inversión, menos intereses paga).

Por la importancia de estos puntajes es que existe la industria de las calificadoras de riesgo. Se trata de entidades que se especializan en valorar el riesgo de cada nación, y asignar una nota a su deuda con base al riesgo que determinan diferentes factores claves (como la inflación, endeudamiento, PIB, y la fortaleza de las instituciones). Si bien hay muchas calificadoras, las más importantes, las que más miran los inversionistas (acreedores), son Standard & Poor´s (S&P), Fitch Ratings y Moody´s.

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También es necesario entender cómo se leen las calificaciones crediticias. Tiene dos partes: una nota y una perspectiva. La primera parte es precisamente la calificación, el puntaje. Y la perspectiva da información de cómo podría cambiar la calificación a futuro (12 meses por lo general), por lo que puede ser positiva (la calificación puede subir), estable (se mantendría igual) o negativa (hay riesgo de una rebaja). En Standard & Poor´s y en Fitch Ratings el grado de inversión se obtiene desde la calificación BBB- (el signo negativo no significa perspectiva negativa), y en Moody´s desde Baa3. Y por supuesto hay toda una escalera de notas tanto arriba como abajo de estos umbrales.

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