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Esta semana se realizó una edición más del Foro Económico Mundial en Davos, Suiza.
El evento reúne a jefes de Estado, líderes del mundo de los negocios y un largo etcétera de personalidades para discutir los problemas del momento.
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La crítica clásica contra la reunión es que, además de representar, mayoritariamente, los intereses de los más ricos (naciones, industriales o individuos), no deja de ser una especie de conversadero: muchos temas y charlas, tal vez no tantas acciones.
Sin embargo, en el marco del evento, esta semana el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, anunció la creación de una iniciativa que busca lograr consensos, al más alto nivel, en temas tributarios en Latinoamérica y el Caribe.
Según el Ministerio, “la iniciativa se basa en el sentido de urgencia que presenta el contexto actual, así como en la convicción de que América Latina y el Caribe comparten desafíos cuando se trata de la tributación internacional y de gravar una economía altamente digitalizada”.
Los desafíos comunes para América Latina presentan, según Minhacienda, una oportunidad única para “alinear nuestras posiciones y capitalizar nuestras fortalezas técnicas con el fin de encontrar soluciones comunes. Desafortunadamente, esto no ha ocurrido en el pasado, por lo cual nuestros intereses no han sido suficientemente visibles en el debate de política fiscal internacional. Sin embargo, estamos listos para cambiar esta situación”, dijo la entidad.
Así mismo, la iniciativa permitirá que los países en desarrollo puedan contar con recursos para invertir en la recuperación pospandemia, reducir la desigualdad y enfrentar escenarios de alta inflación; así como disminuir la evasión, elusión y planeación agresiva, aumentando el recaudo y la movilización de recursos de inversión extranjera en la región.
¿Por qué es necesaria esta iniciativa?
En general, hay un trabajo por hacerse a nivel mundial y multilateral en temas de cooperación tributaria. Parte de los retos de un mundo globalizado incluyen tomar decisiones sobre qué hacer con las fugas de capital o cómo lidiar, tributariamente hablando, con las multinacionales.
En este último sentido, recientemente se tomaron pasos (a instancias del G20 y la OCDE) para poner un impuesto global de 15 % para las multinacionales. Y si bien es un paso en la dirección correcta, varios expertos han resaltado que la cifra no se adecúa a las realidades de varias regiones, entre ellas Latinoamérica. “Debemos comenzar a pensar en soluciones que vayan más allá del acuerdo actual, con un enfoque diferente para el Sur Global”, se lee en un documento del Ministerio.
Y en esto está de acuerdo Alejandro Rodríguez, director de incidencia en ICRICT (Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional): “Hay elementos que se quedaron por fuera del proceso de OCDE y G20. Lo que se busca con esta iniciativa es decir: como está el escenario no nos va a convenir tanto como a los países del Norte Global. Entonces sentémonos y veamos qué podemos hacer nosotros para que este nuevo mundo de cooperación tributaria también le sirva a América Latina”.
En términos logísticos, la propuesta que impulsa Ocampo propone la realización de un evento académico para comenzar a discutir el tema en mayo de este año, en Bogotá. Después vendría una cumbre de gobernanza en la Cepal y el plato fuerte sería una cumbre con mandatarios de la región, en la que de debería dar una declaración de “agenda para tributación incluyente, sostenible y equitativa”.
La iniciativa contaría con el apoyo de la Cepal, que se encargaría de ejercer funciones de secretaría y con ello de parte de la burocracia necesaria para echar a andar el proyecto.
En general, la cooperación internacional en temas tributarios en Latinoamérica no es muy amplia que se diga. Por ejemplo, Colombia suele por momentos trabajar más de la mano con países en otras latitudes que con vecinos inmediatos.
“Esta es una iniciativa tremenda en el sentido de que es algo que se necesitaba mucho en la región. Los resultados de este tipo de espacios, que existen por ejemplo con el apoyo de la Unión Africana, se ven en foros globales de negociación e interlocución. Este tipo de cooperación sí resulta en aspectos positivos, sobre todo para los intereses de los países que no tienen un poder avasallante y que, a través de diplomacia fuerte o suave, no puedan avanzar sus agendas. No existe un cuerpo de decisiones, al más alto nivel político, en el que se logre llegar a posiciones conjuntas en temas tributarios en América Latina”, dice Rodríguez.
Por su parte, el Ministerio de Hacienda justifica el impulso a la iniciativa de esta forma: “La alineación de la política tributaria internacional de nuestros países permitirá maximizar la consecución de recursos para invertir en la recuperación económica posterior a la pandemia y en un mayor crecimiento en el escenario inflacionario que se vive actualmente a nivel mundial. Esto será posible porque la coordinación permite disminuir la evasión, elusión y planeación agresiva, con lo cual es posible aumentar el recaudo y la movilización de recursos de la inversión extranjera en nuestra región”.
De fondo, la coordinación regional puede, como ya se dijo, derivar en imponer una tarifa más alta a las mulinacionales, que esté más acorde con las realidades tributarias del continente. Y en esta labor resulta clave operar de forma conjunta, pues algunas de estas empresas logran, a través de presión de los gobiernos en donde están sus casas matrices, imponer sus agendas en este panorama.
Esto aplica, entre otros sectores, a las compañías de tecnología que, en muchos casos, han reescrito a las patadas las reglas que se les debe aplicar en los mercados a donde llegan a operar; parte de esta adopción es simplemente el desfase en la velocidad entre la tecnología y las leyes y parte es una suerte de paramilitarismo corporativo, según lo han definido algunos expertos.
Para Rodríguez, la iniciativa es un “gran paso y una gran oportunidad para que la región se fortalezca en términos de poder global. Sobre todo en este contexto en el que hay ventajas regionales, como por ejemplo las de minas de litio en algunos países latinoamericanos (mineral vital para la transición energética global). Si se insiste en una coordinación de ese tipo, la región puede sacar ventaja en términos de balancear un poco el poder. Mostrar esa visión desde América Latina para América Latina”.
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