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El anuncio del presidente Donald Trump acerca de la imposición de aranceles de 25 % para productos colombianos (con la posibilidad de subirlos a 50 % en una semana) es una suerte de granada de mano, con el seguro ya arrancado.
Este país es el principal socio comercial de Colombia y el destino número uno de las exportaciones colombianas. Un arancel de ese calibre asusta a todo el mundo. Y con justa razón.
“Si EE.UU. impone aranceles de emergencia del 25% (y luego del 50%) a los productos colombianos, el impacto será inmediato y devastador”, afirmó María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara Colombo Americana, AmCham.
Por su parte, Javier Díaz, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), dijo este domingo que “me parece de suma gravedad para Colombia las medidas anunciadas por el presidente Trump de los Estados Unidos en contra del gobierno colombiano de sus funcionarios, pero también del país”.
Tanto Díaz como Lacouture aseguraron que el Gobierno del presidente Gustavo Petro debe recibir a los ciudadanos deportados, pues esto los pone en una especie de limbo. “Negarse a recibir deportados los deja en una situación de vulnerabilidad jurídica y afectando sus derechos fundamentales. Es crucial garantizar un trato digno y soluciones acordes con la soberanía y los compromisos internacionales”, dijo la presidenta de Amcham.
¿Cómo operarían los aranceles?
Aunque aún es muy pronto para saber el impacto total de la medida anunciada por Trump, hay algunas cosas que comienzan a ser claras.
La primera es que la imposición de aranceles puede ser implementada rápidamente, pues no debe pasar por aprobación del Congreso de ese país, según Lacouture. En esto coincide Clara Inés Pardo, profesora de la Escuela de Administración de la Universidad del Rosario, y experta en comercio internacional.
De fondo, el costo extra que imponen los aranceles se divide (aunque no en partes iguales) entre el precio que paga el consumidor final y los propios exportadores de los bienes.
“La afectación es fuerte porque los productos colombianos perderían competitividad en los Estados Unidos al aumentar el precio de los aranceles, lo cual lo asume la cadena productiva donde el consumidor debería pagar más por el producto”, dice Pardo.
Y agrega que “el exportador tendría que revisar planes de choque porque se haría inviable la exportación por los mismos costos que acarrea con ese tipo de aranceles y el mayor número de inspecciones que también se mencionan en el bloque de medidas”.
Además del impacto en las exportaciones específicamente (y en sectores estrella de las ventas internacionales, como el café y las flores, por mencionar sólo dos), el golpe económico de la medida anunciada por Trump se extiende al panorama macro de la economía.
“Un arancel del 25% (y luego del 50%) a nuestras exportaciones tendría consecuencias gravísimas para nuestro balance externo, la disponibilidad de divisas y el control de la inflación. La consecuencia inmediata sería una pérdida del valor de los activos locales, incluyendo una fuerte depreciación de nuestra moneda y un aumento en el riesgo país. Las expectativas de inflación se incrementarían debido al efecto de un aumento en el precio del dólar sobre las importaciones, lo que elevaría tanto la inflación al productor como al consumidor”, aseguró Luis Fernando Mejía, director de Fedesarrollo, a través de un mensaje en la red social X (antes Twitter).
Para César Pabón, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, la medida con bastante seguridad le pegará al precio del dólar en el país, un punto clave dentro de la estabilidad macroeconómica. “Abróchese el cinturón”, concluyó el analista.
De acuerdo con la Organización Mundial del Comercio, los aranceles se definen como “derechos de aduana aplicados a las importaciones de mercancías. Los aranceles proporcionan a las mercancías producidas en el país una ventaja en materia de precios con respecto a las mercancías similares importadas, y constituyen una fuente de ingresos para los gobiernos”.
La relación comercial de Colombia y Estados Unidos
Estados Unidos es el principal destino de las exportaciones colombianas. Tan sólo en los últimos 10 años, este país ha tenido una participación en las ventas internacionales de Colombia que no ha bajado de 25 % año a año, llegando a un pico de 32 % en 2016 y a su punto más bajo en 2018, con 25,47 %, según datos del Ministerio de Comercio.
Para hacerse una idea, entre enero y noviembre de 2024 (el dato más reciente), el 29,1 % de las exportaciones del país tuvieron como destino a EE.UU. El siguiente destino en el escalafón fue Panamá, con 8,6 %, según datos del DANE.
De acuerdo con Analdex, estas cifras representan un crecimiento anual (o sea, frente al periodo enero-noviembre de 2023) de 7,6 %, llegando a totalizar más de US$13.000 millones.
Según las cifras de Analdex, la mayor parte de las ventas internacionales en octubre fueron productos minero-energéticos, como sucede con el panorama general de las exportaciones de Colombia al mundo en general (52,2 %, US$6.834 millones).
En importaciones, el panorama es similar y, a la vez, diferente: Estados Unidos sigue siendo el principal destino de las compras internacionales de Colombia, con 25,5 % entre enero y octubre de 2024. Pero, según el DANE, en la lista le sigue China muy de cerca, con 24,5 %.
Las importaciones desde EE.UU. representan un aumento de 2 % frente al mismo periodo de 2023, llegando a totalizar US$13.403 millones.
En la última década, las compras a EE.UU. han rondado el 25 % de participación de todas las importaciones que hace Colombia anualmente, según la información del Ministerio de Comercio, el punto más bajo en este aspecto se registró en 2020 (año con el peor impacto de la pandemia), con 24,07 % y el más alto se dio en 2015 (28,65 %).
La relación comercial, claro, excede el ámbito de las compras y las ventas internacionales y se extiende a terrenos como turismo e inversión, entre otros asuntos.
Según cifras de Amcham, 29 % de los turistas del país provienen de EE.UU. En inversión se habla de 42 % proveniente de ese país y en cooperación son unos US$740 millones anuales. Desde el lado de las remesas, el porcentaje de participación de Estados Unidos crece a 50 %, de acuerdo con cifras de Investigaciones Económicas de Corficolombiana.
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