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A finales de los 80 los gobernantes del departamento del Meta veían como las intendencias de Arauca y Casanare florecían económicamente en medio de la bonanza petrolera por los descubrimientos, en sus sabanas, de Caño Limón, Cusiana y Cupiagua, mientras que en su territorio la incipiente industria de hidrocarburos apenas daba sus primeros hervores, acompañada del olvido gubernamental. Hoy, el Meta se consolida no sólo como el departamento de mayor producción de crudo en el país, sino como el de mayor crecimiento económico, pero también padece un mar de necesidades insatisfechas.
La consolidación se logró gracias al abultado pago de regalías y al declive de los campos petroleros de Arauca y Casanare, departamentos en los que se tejieron historias de violencia, generadas por la guerrilla y paramilitares, sumado a la corrupción y el despilfarro de millonarias sumas de dinero que terminaron en la ejecución de proyectos leoninos o en manos de actores al margen de la ley.
Meta ilusionada
Si bien la radiografía del Meta no ha sido distinta y no faltan brotes de despilfarro en algunos entes municipales, las finanzas están bien encaminadas para atender las necesidades. Sin embargo, tras el anuncio de un nuevo hallazgo petrolero las finanzas se descuadernan, pues de la noche a la mañana aparecen cientos de inmigrantes tras un trabajo bien remunerado (tres veces mayor que el del sector agropecuario), lo que genera un problema social que las autoridades no dan abasto para atender y con el recorte de las regalías es más complicado.
Si bien los hombres logran una plaza de trabajo, sus familias entran a engrosar la larga lista de hogares sin techo, salud y educación, que es lo que se ve hoy en parte de los 29 municipios, donde 19 empresas exploran su territorio con 42 contratos.
Con nostalgia el gobernador del Meta, Alan Jara, señala que en 2011 el departamento recibía $1,3 billones y que este año sólo tendrá $300 mil millones, que si bien es una suma importante, les abrió un hueco fiscal enorme, ya que dejarán de recibir $4 billones en el cuatrienio.
Por este recorte, que dejó sin atención 7.000 kilómetros de vías terciarias, el retraso histórico en infraestructura del departamento seguirá latente. Sin embargo, para compensar a la región, el Gobierno se comprometió a ejecutar un proyecto de gran envergadura, como la doble calzada Bogotá-Villavicencio, obra que tiene un costo de $4 billones, cifra similar a la que dejará de recibir por el recorte de las regalías. Sin embargo, la Gobernación tendrá que aportar $200.000 millones para acabar con lo que Jara llama un oleoducto sobre ruedas.
El orgullo de ser el departamento con mayor producción de petróleo en el país, con 504.007 barriles diarios a corte de octubre, se convierte en un problema, ya que con el crecimiento de barriles diarios aumentan las necesidades y la inseguridad. Esa es la lectura del mandatario departamental.
Una de las grandes preocupaciones de la región es la falta de articulación de las empresas productoras de petróleo y los planes de desarrollo de los municipios para ejecutar programas o proyectos de responsabilidad social que mejoren la calidad de vida de las comunidades que habitan en zonas aledañas a los campos de producción y exploración.
La llegada de las petroleras originó un desplazamiento de los trabajadores del sector agrícola y ganadero a tal punto que un obrero prefiere esperar varios meses una oportunidad en una de estas compañías, que acceder a un trabajo en el sector agropecuario, porque es tres veces más alto el sueldo.
‘Top’ en crecimiento
Aunque Puerto Gaitán, un municipio ubicado a 198 kilómetros de Villavicencio, es el epicentro de la industria petrolera del departamento, sus deficiencias en servicios públicos, vivienda, educación son tan altas como los barriles que se producen allí y hacen que las familias de los trabajadores prefieran estar separadas y vivir en Villavicencio, situación que tiene en aprietos al alcalde de esta ciudad, Juan Guillermo Zuluaga, pues la población flotante pone a prueba las disminuidas finanzas del municipio.
Zuluaga cree que los recursos que recibe de regalías no son suficientes para atender a estos ciudadanos que alimentan los cordones de miseria y que generan problemas sociales. “En 2011 recibíamos $32 mil millones y el año pasado la suma se redujo a $7 mil millones, y además para este año y 2014 los recursos caerán a $3.500 millones por año”.
“Por esta razón hemos tenido que ser muy creativos y desarrollar una serie de proyectos que estamos presentando para atraer a los fondos de inversión y de esta forma obtener los recursos que requerimos para la transformación de la ciudad. Tenemos que ser más eficientes y cuidadosos con las inversiones”, explicó.
De acuerdo con La Galería Inmobiliaria, la ciudad con mayor crecimiento en el país es Villavicencio, lo que ha incidido en que el precio de la finca raíz esté disparado. A esto se suma el avance en las obras de un tramo de la doble calzada entre Bogotá y Villavicencio, proyecto que tiene un costo superior al billón de pesos y que incluye la construcción de 19 túneles y cerca de una docena de viaductos, que acercará más a la capital del Meta con Bogotá.
El crecimiento del sector petrolero ha hecho que los inversionistas pongan sus ojos en Villavicencio, a tal punto que el Grupo Éxito adelanta la construcción del centro comercial Viva, proyecto con 52 mil metros cuadrados, 14 mil metros más grande que el complejo que tiene el grupo en Bello (Antioquia).
A esto se suma la vinculación de la compañía Amarilo con la construcción de 3.500 apartamentos y más de una docena de proyectos de vivienda de alta gama en las afueras de la ciudad, así como infraestructura hotelera. Asimismo, se incrementó la creación de empresas de transporte, turismo, bienes y servicios petroleros.
El alcalde cree que se está dando una transición del sector agrícola y ganadero al de servicios y turismo, ya que los propietarios de la tierra se dieron cuenta de que es muy caro seguir utilizándola en el sector agrícola, cuando la pueden destinar a otros sectores.
Zuluaga señala que el municipio y el departamento tomaron la decisión de convertirse en un destino turístico y que a esto le están apostando, por la cual se acaba de rescatar una fiesta tradicional para la ciudad, lo que permitirá que 8 millones de potenciales clientes que hay en Bogotá puedan estar disfrutando de los paisajes y el folclor de esta zona del país.
Por su parte, la senadora Maritza Martínez cree que la industria petrolera es importante para la región, pero de manera sostenible y por ello deben existir normas claras que eviten que las comunidades se vean afectadas y también las empresas.
La bonanza petrolera que vive el departamento del Meta debe ser bien utilizada, de lo contrario ocurrirá lo mismo que con otros departamentos, como Arauca, donde los problemas por el despilfarro de los recursos causaron dificultades financieras al ente territorial. El consejo de los expertos es utilizar con inteligencia los recursos para evitar que se esfumen y cuando el petróleo se termine los municipios queden al borde del abismo financiero.
Por ello la idea del gobernador de crear una facultad de ingeniería de petróleos y la construcción de una refinería es altamente positiva para el departamento, ya que le permitirá transformar su riqueza con un valor agregado que beneficiará las arcas del gobierno local.