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Nadie se baja del jet en la crisis

En lo que va corrido del año se han vendido en Colombia cerca de 20 aeronaves jet ejecutivas.

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En esta época de crisis global tener un carro de altísima gama es un gesto de clase y de poder, pero tener un jet privado dejó de ser un lujo y se convirtió en una necesidad obligada para el desarrollo de los negocios de los empresarios. Claro está que aún existen algunos magnates que no sólo tienen uno, sino dos y hasta tres aeronaves para movilizarse con su familia y con sus ejecutivos.

Tal vez por esta razón es que en lo que va corrido del año se han vendido más aviones ejecutivos en Colombia que en el mismo período del año pasado, cuando la crisis aún no había aterrizado en nuestro país.

Para Fernando Muñoz, gerente general de Central Charter de Colombia y distribuidor exclusivo de Cessna, la crisis no lo ha visitado, ya que hasta hoy se han vendido 20 aeronaves en el país, cuyo valor oscila entre US$2 y US$17 millones, pero con un potencial para vender aeronaves hasta de US$35 millones cada una.

Pero más allá de que sea una necesidad, un lujo o un pasatiempo, los empresarios colombianos consideran que es muy importante contar con este tipo de herramientas, ya que les brinda mayores resultados y de paso mejor comodidad a la hora de viajar para concretar el negocio del momento.

“Un empresario debe estar a tiempo para cerrar un negocio millonario, y qué mejor que evitarse innumerables incomodidades a la hora de viajar cuando se puede evitar y se requiere frescura a la hora de concretar el trato”, es la opinión de un alto ejecutivo de una multinacional petrolera que no quiso que suministráramos su nombre.

De acuerdo con los estudiosos del sector aéreo internacional, los aviones privados que surcaban los cielos en Estados Unidos se multiplicaron por más de 10, desde la década de 1970 hasta 2006, y para 2007 se había proyectado que el número de aeronaves podía doblarse gracias a los pagos de millonarios bonos a los altos ejecutivos de las empresas financieras, pero con la llegada de la crisis se frenaron en seco las aspiraciones de tener su propio avión privado, al tener que devolverlos y no esperar ingresos extras.

Pero es que los aviones privados no sólo son para las grandes empresas y altos ejecutivos, sino para personas millonarias o artistas que han logrado escalar un peldaño hacia la fama. O para gomosos que sólo quieren tener una mejor máquina cada vez, sin importar su altísimo valor.

La ilusión de muchos colombianos es poder tener y mantener un avión privado, así no sea un costoso jet, como se ve en las películas, pero poseerlo.

El sector aéreo es sinónimo de glamour y el dueño de un avioncito, por pequeño y barato que este sea, despierta un sentimiento que se expande a su alrededor. Así lo señaló el empresario Alfonso Ávila, creador de aerolíneas como Aero República y Easy Fly.

En otros sectores, empresarios como Frank Kanayet, uno de los mayores accionistas de Ecopetrol, considera no ha entrado a analizar la compra de un avión privado, pero que no la descarta.

“No me disgusta la idea, porque por ahora hay otras prioridades para hacer proyectos que beneficien a más de una persona. Por ahora me toca el avión comercial”, explicó el empresario petrolero, que sí es amante de los buenos autos.

En cambio otros empresarios prefieren abrirse paso entre los congestionados aeropuertos en sus propios aviones, mientras que el público tiene que aguantarse interminables filas, frustrantes registros de seguridad y vuelos cada vez más costosos e incómodos.

Pero no es sólo el costo, sino la oportunidad lo que hace que las empresas o altos ejecutivos se decidan por el alquiler de una aeronave para desarrollar sus viajes de negocios.

Si el avión de alquiler es jet, puede costar entre US$2.600 y US$6.000 la hora, pero si es turbo hélice pude oscilar entre US$1.600 y US$1.800 hora de vuelo, dinero que podría utilizarse para tener su propia aeronave y volar a la hora que quiera.

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Es así como grandes empresas han logrado definir como prioridad este tipo de herramienta, pese a que tengan que hacer ajustes en otros campos.

En Colombia cada vez más personas ingresan al club en donde están empresarios como Luis Carlos Sarmiento Ángulo, quien hoy tiene un Gulfstream 5, la misma aeronave del industrial Julio Mario Santo Domingo.

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Entre tanto, Carlos Ardila Lülle vuela en su Falcon; el grupo Gilinski en un Cessna Citation; el Sindicato Antioqueño en un Lear 60, el mismo en el que se moviliza el automovilista Juan Pablo Montoya.

El avión de la cementera Argos es un King Air, el del Ministerio de Defensa un Citation 2 y el del presidente Álvaro Uribe un Boeing Businest Jet.

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La mayoría de los aviones tienen matrículas extranjeras, con el fin de no tener problemas a la llegada a aeropuertos de otros países.

Pese a los problemas financieros en el mundo, los empresarios y ejecutivos prefieren bajarse el sueldo antes que perder su más costoso juguetico.

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Empresas con jets ejecutivos

En el país hay 80 empresas o personas naturales que tienen matriculado su avión ejecutivo en Colombia, entre los que se encuentran en tre otros: Riopaila, Hacienda Los Motilones, Aerodealer, Inversiones King Club , Compañía Nacional de Inversiones, Silver Sky, Semental, Cadena Melodía de Colombia, Ingenio del Cauca y Calima Motors y Drumond.

Con matrícula extranjera y autorización de larga permanencia están: Olímpica, Hyundai, Argos, Cementos del Caribe, Ésika, Bancolombia,  Éxito, Grupo Gilinski, Postobón y Colombina.

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