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Los recursos saldrán del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, gracias a la Ley 1341 de 2009 que puede ser un tsunami que cambie diametralmente al sector.
Según la página web de contratación del Estado, la licitación para la adquisición del satélite, que se adjudicará en noviembre, tiene un presupuesto de más de $500 mil millones, que saldrán del Fondo del Ministerio y consumirá cerca de la mitad de sus recursos en los próximos cuatro años.
Ese Fondo se alimenta de transferencias de los operadores de telefonía móvil y de larga distancia e internet y de la sobretasa que pagamos los usuarios. Es decir, si no existiera ese Fondo, los consumidores tendríamos que pagar menos por la canasta de telecomunicaciones.
Se dirá que gracias al Fondo se han financiado las telecomunicaciones sociales. Sin embargo, en la teoría económica y en la sana hacienda pública eso es discutible. Puede ser más eficaz que las necesidades insatisfechas de los servicios públicos básicos se financien con impuestos del Estado central.
Como se lo oí a una ilustre economista hace 15 años, frente a las cargas sobre la industria de telecomunicaciones y los consumidores es lamentable que en el sector (incluida la televisión) se quede atrapado tanto dinero, que sería más útil si se utilizara, por ejemplo, en proveer agua potable a millones de colombianos.
A los recursos que demandará el satélite, se añade lo que deberá destinar el Fondo para pagarles a los operadores de telefonía fija, el déficit acumulado desde 2003, más los subsidios para estratos 1 y 2 por los próximos cinco años, porque según la Ley 1341, los estratos 5 y 6 dejaron de pagar las contribuciones que cubrían los subsidios.
El Fondo también debe financiar proyectos como el cable submarino entre San Andrés y el continente, la masificación de la banda ancha, la continuidad de los centros Compartel y la promoción de las TIC. Asimismo, la creación e implementación de la nueva Agencia Nacional de Espectro y seguir sufragando el funcionamiento del Ministerio. ¿Alcanzará la plata?
Ojalá que el tiempo para la escogencia de la empresa que lance y opere el satélite permita conocer en detalle las implicaciones del contrato. Esperemos que los estudios del Ministerio, previos a la licitación, eviten un desangre a las finanzas públicas. No vaya a ser que por el prurito del nacionalismo acabemos lanzando un elefante blanco. La entrada al club satelital debe ser un paso firme, aterrizado y coherente que no nos deje descubiertos frente a proyectos más prioritarios.