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Hoy quisiera tratar un tema que a mi juicio debería ser del conocimiento de todos los aficionados a la Fiesta Brava, pues puede llegar a constituirse en una forma eficaz de blindar la permanencia en el tiempo del espectáculo taurino en Colombia, si es que logramos ejercer presiones efectivas para que las promesas electorales del actual presidente de la República se cumplan. Últimamente está tomando fuerza la teoría de lo que en Colombia se han dado en llamar “economía naranja” que se encuentra íntimamente ligada a las bellas artes. Es importante saber que el concepto se conoce universalmente como “economía creativa” y pertenece, como aparece en el libro escrito bajo ese título, a John Howkins en 2001, padre del principio de: “Cómo se pueden volver dinero las ideas”.
(Para saber más sobre este tema lea: «Sacarle jugo a la (economía) naranja»)
Howkins explica que, en esta novedosa realidad económica, al ser las ideas los principales aportes y sus frutos las operaciones que generan, aparecen entonces nuevos sucesos, tan reales y tangibles como lo son aquellos que forman parte de las demás teorías o hipótesis que hasta la fecha son comúnmente aceptados como hechos económicos. Y se conoce como “naranja” porque normalmente este color se asocia con la cultura, con la creatividad y con la identidad. Como el concepto de economía naranja es relativamente nuevo en nuestro medio me atreveré a definirlo como el conjunto de actividades que de manera encadenada permiten que las ideas se transformen en bienes y servicios culturales, cuyo valor está determinado por su contenido de propiedad intelectual y está compuesto por áreas relacionadas con la economía cultural y las industrias creativas.
Veamos un sencillo ejemplo que nos permita entender el asunto con mayor facilidad y que tiene que ver con los temas de la plástica. El artista (pintor por ejemplo) transforma una idea en un bien, vale decir en un cuadro, y el valor de la pintura se determina no por el costo del marco o del lienzo sino por su contenido, por la obra fruto de la idea, que en sí, se convierte en propiedad intelectual, o sea que adquiere valor por la creación en sí misma y que, a pesar de que las ideas o la creatividad sean un concepto inmaterial, se considera una propiedad y por el hecho de convertirse en propiedad tiene un precio, un valor económico. Entonces, al comercializar esa propiedad intelectual se inicia un proceso económico real, que antes no se consideraba como tal, ni se pensaba que estuviera regido por las leyes básicas de la economía. Sin embargo, si este proceso se regula y dirige prudentemente puede llegar a constituirse en una actividad que haga parte importante, dentro del contexto económico general de una sociedad. que puede ser considerada dentro de las teorías económicas tradicionales.
(Los retos de la temporada taurina en 2019)
Para aclarar un poco, lo que se pretende es que el mundo de la creatividad y las ideas deje de pertenecer al ámbito de lo inmaterial para ingresar al universo de la materialidad y por ende convertirse en un elemento que forma parte del devenir económico de un grupo social, sujeto a normas y reglas que lo rigen. De la economía naranja hacen parte, entre otras actividades, la arquitectura, las artes visuales, el diseño editorial, la publicidad, el teatro, el cine, la música, la moda, y debe incluirse, añado yo, la tauromaquia, ya que ésta cumple con las condiciones requeridas para ser incorporada dentro de su ámbito. Los Toros, al igual que cualquier otra actividad, llámese pintura, escultura, danza, teatro o cine también procede del talento creativo, hace parte de la herencia cultural de nuestro pueblo y genera riqueza e ingresos; eso está claro y demostrado.
Si lo que se pretende modernamente es generar riqueza a través del talento, que actividad más indicada que la tauromaquia que lo ha venido haciendo a través de la historia pero que nunca ha sido considerada ni respetada como el real motor de la economía que es. Entonces los taurinos debemos hacer ver a nuestros dirigentes que la tauromaquia debe estar incluida dentro de los beneficios y blindajes que se pretende dar a las demás actividades que logran convertir las ideas en agentes activos de la economía. Esa es mi recomendación. Que exijamos, en el momento oportuno, ser incluidos como otra de las actividades que van a ser consideradas y clasificadas oficialmente como actores de la economía naranja.