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Brasil sufrirá la peor recesión bienal en más de un siglo mientras la tasa de inflación cae, de acuerdo con los pronósticos de los analistas.
Si la historia reciente puede tomarse como guía, esas proyecciones en realidad podrían ser demasiado optimistas.
A principios de 2015, los analistas que participaron en una encuesta del banco central dijeron que la economía más grande de América Latina crecería 0,5 por ciento. Ahora dicen que se contrajo 3,7 por ciento. Sus cálculos de costo de vida también resultaron equivocados. A principios del año pasado predijeron que la tasa de inflación subiría levemente a 6,56 por ciento. La agencia nacional de estadísticas de Brasil indicó el viernes que la inflación del año pasado llegó a 10,67 por ciento.
Estos cálculos ponen de relieve lo difícil que les resulta a los analistas medir la economía brasileña en medio de una creciente parálisis política, un escándalo de corrupción sin precedentes y el desplome de los precios de las materias primas. También reflejan cuánto optimismo existía a comienzos de 2015, cuando Joaquim Levy asumió como ministro de Hacienda prometiendo recomponer las finanzas de Brasil. Dejó su cargo el mes pasado por la creciente oposición del Congreso y el gabinete de la presidenta Dilma Rousseff a sus medidas de austeridad.
“Los economistas suelen ser más optimistas al comenzar el año, en general debido al hecho de que damos un voto de confianza a que el gobierno tratará de abordar los problemas que se presenten”, señaló Carlos Kawall, economista jefe de Banco Safra. “En 2015, todos pensaban que con Joaquim Levy el gobierno quería cambiar la estrategia que estaba fracasando, pero eso no ocurrió”.
El lunes, la encuesta del banco central mostró que los analistas prevén que la economía brasileña sufrirá la recesión bienal más profunda desde por lo menos 1901, conforme el producto interno bruto se contrae 2,95 por ciento en 2016 tras una caída calculada en 3,71 por ciento el año pasado.
Este sombrío panorama se presenta en momentos en que Rousseff se enfrenta a un posible juicio político y crece el escepticismo de los inversores respecto a que el ministro de Hacienda Nelson Barbosa podrá reactivar la economía. Rousseff niega haber cometido irregularidades.
El Ministerio de Hacienda no respondió un pedido de declaraciones.
“El año pasado pensábamos que las cosas serían distintas y, durante el año, vimos que estábamos equivocados”, dijo Flavio Serrano, economista del banco de inversión Haitong en Sao Paulo. “Luego de la dinámica del año pasado, nosotros y la mayoría de los participantes somos muy pesimistas respecto de la dinámica de mediano plazo”.
La predicción de los analistas de que la inflación se desacelerará a 6,87 por ciento este año contrasta marcadamente con los cálculos de los operadores de bonos, cuyas expectativas siguieron con más precisión el índice brasileño de precios al consumidor.
El costo de vida dará un salto de 9,29 por ciento este año, sobre la base de un indicador del mercado de bonos conocido como tasa de equilibrio. Brasil apunta a una meta de inflación de 4,5 por ciento, más o menos dos puntos porcentuales.
No sólo los analistas se equivocaron, dijo el economista de Goldman Sachs Group Inc. Alberto Ramos. Las proyecciones del propio banco central también se quedaron cortas. En diciembre de 2014, las autoridades pronosticaron que la inflación se desaceleraría a 6,1 por ciento en 2015.
El banco central respondió a través de un correo electrónico que no formularía declaraciones.
“Hace un año, el banco central decía que en el mercado todos se equivocaban: la inflación va a bajar mucho más rápido de lo que piensan”, dijo Ramos. “En realidad, no ocurrió. El banco central no estaba en lo correcto en ese análisis”.