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A pesar de los riesgos, el transporte aéreo se precia de ser uno de los modos más seguros, y lo demuestra con sus estadísticas. Sin embargo, en Colombia, en los últimos tres meses la aviación privada comenzó a registrar accidentes e incidentes con cierta frecuencia, lo que tiene en alerta a las autoridades.
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Según la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (Iata), en 2019 se registraron 53 accidentes aéreos, de los cuales ocho fueron fatales, dejando un total de 240 víctimas, lo que significa un siniestro por cada 884.000 vuelos. “En promedio, un pasajero podría tomar un vuelo diario por 535 años antes de que estuviera involucrado en un accidente con una fatalidad a bordo”, destacó el gremio.
En el país las cifras son aún mejores, en parte porque es uno de los sectores más vigilados y con mayores requisitos. Las estadísticas de la Aeronáutica Civil dejan ver que en el transporte aéreo regular, es decir, el operado por las grandes aerolíneas comerciales y el cual mueve más de 40 millones de personas, no se registró ningún incidente por seis años consecutivos hasta noviembre de 2017, cuando un vuelo de la aerolínea United Airlines, que cubría la ruta Houston-Bogotá, atravesó por una zona de turbulencia que sacudió fuertemente la aeronave y provocó heridas graves a un tripulante de cabina.
La entidad destacó que cualquier evento que termine con lesiones en algún pasajero o daños en las aeronaves cuenta como accidente, independientemente de si hay o no fatalidades. Así fueron los cuatro casos que se cuentan entre 2017 y 2019. De hecho, el último siniestro grave en un vuelo comercial ocurrió en agosto de 2010, en una ruta de la aerolínea Aires que salió de Bogotá y estaba en proceso de aterrizaje en San Andrés. Una tormenta eléctrica hizo que los pilotos perdieran el control y tocaran tierra metros antes de entrar a la pista, lo que provocó que la aeronave se partiera en tres partes y dos personas murieran. “Aunque los accidentes han disminuido, se siguen presentando y nos toca revisar todos”, dijo el general Juan Carlos Ramírez, asesor de la Aerocivil.
Sin embargo, la aviación privada, es decir, la que se contrata a título personal o con fines lúdicos de acuerdo con la necesidad (destinos, itinerarios o servicios), y que es famosa por sus vuelos chárter, parece haber tomado otra tendencia. Con más de 124.000 operaciones en lo corrido del año a septiembre y alrededor de 250 aeronaves registradas, tiene una participación de apenas 2 %, pero ha protagonizado las últimas malas noticias.
El accidente más reciente ocurrió el pasado domingo 18 de octubre, cuando una avioneta cayó muy cerca del aeropuerto de Guaymaral (Bogotá), a la altura de la autopista Norte con calle 230. El accidente, que al parecer se originó por una falla de motor, dejó a dos personas lesionadas: una estudiante de aviación y su profesor. La aeronave quedó destruida.
Solo una semana atrás, específicamente el martes 13 de octubre, una avioneta que viajaba entre Santa Marta y Guaymaral se accidentó en el municipio de Ubaté, Cundinamarca. El hecho causó la muerte de tres de los pasajeros y dejó a un menor de edad herido. También hubo accidentes en septiembre (caída de una avioneta) en Guaymaral y en agosto (salida de pista por maniobra) en El Espino, Boyacá.
La Aerocivil explicó que cuando se presenta un accidente en aviación civil se debe investigar con gran rigurosidad y tecnicismo, independientemente de su gravedad. Para dicho proceso se apoyan en los reglamentos de la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y en la normativa colombiana. También se trabaja articuladamente con otras entidades y empresas extranjeras, como los fabricantes de las aeronaves.
Los técnicos de la Aerocivil son los primeros en llegar al lugar de los hechos, después de los Bomberos. Según el coronel Miguel Camacho, jefe del Grupo de Investigación de Accidentes de la Aerocivil, la indagación le apunta a encontrar causas inmediatas, identificar patrones y generar una serie de recomendaciones para que dichas situaciones no se vuelvan a presentar. El primer resultado de este proceso, un informe preliminar, se entrega 30 días después del accidente, sin embargo, la investigación final toma un año, en promedio, e incluye datos detallados sobre la formación de la tripulación, la aeronave y su mantenimiento, el balance del peso para el vuelo, la reseña del itinerario, el funcionamiento de los equipos, el manejo de las comunicaciones, el estado meteorológico y los daños causados (humanos, de la aeronave y de la zona del impacto).
Así fue posible saber, por ejemplo, que el último accidente de mayor gravedad en la aviación no regular de pasajeros fue producto de una falla severa del motor que no pudo ser controlada por la tripulación, a pesar de su esfuerzo por hacer un aterrizaje de emergencia. Este ocurrió en San Martín, Meta, en marzo del año pasado e involucró un taxi aéreo (Douglas DC-3) que volaba de San José del Guaviare a Villavicencio, dejando la aeronave destruida y cobrando la vida de todas las personas a bordo: tres pilotos y 11 usuarios.
Para este caso en particular, la entidad emitió una serie de recomendaciones a la empresa involucrada (Laser Aéreo S.A.S.), relacionadas con seguridad operacional y planificación previa al vuelo; también se aconsejó verificar los procesos de mantenimiento y la calidad de las reparaciones de los talleres aeronáuticos certificados, así como vigilar que los propietarios de las aeronaves provean una capacitación teórica y práctica a las tripulaciones de qué hacer en caso de falla de un motor.
La Aerocivil es enfática en que la investigación de accidentes de aviación “no tiene por finalidad la determinación de responsabilidades ni la averiguación sobre posibles infracciones asociadas con el suceso investigado o la imposición de sanciones”. Aun así, si se comprueba que hubo violación técnica (seguridad operacional) o administrativa (cumplimiento de normas) del reglamento aeronáutico, eventualmente se podría iniciar un proceso sancionatorio con multas de tipo económico o limitación de los permisos para prestar el servicio. Del mismo modo, cuando se detectan circunstancias distintas al accidente mismo que sugieran fallas, la Aerocivil lo reporta a la autoridad competente.
La entidad destacó además que revisa de manera permanente el estado de la seguridad operacional de las empresas y terminales, “hemos hecho vigilancia juiciosamente”, aseguró el coronel Camacho. Las empresas de aviación privada, mejor conocidas como taxis aéreos, deben cumplir las mismas normas que las grandes aerolíneas, aunque ajustadas a su tamaño, para garantizar que presten un servicio de calidad.
Por ahora, la autoridad no ha identificado un patrón repetitivo en los siniestros presentados este año que justifiquen, por ejemplo, cambios en los requisitos exigidos a los pilotos, como han sugerido algunos expertos del sector, entre ellos Alejandro Apache, CEO de la Academia Latinoamericana De Formación Aeronáutica, quien sugirió revisar los tiempos de entrenamiento de la tripulación. La Aerocivil argumentó que las horas de vuelo en Colombia son las mismas del estándar internacional, por lo que descartó la formación como responsable de los accidentes recientes, sin embargo, si tiene los ojos puestos sobre el aeropuerto secundario de Bogotá, el de Guaymaral, por la frecuencia con que se presentan estas emergencias. Solo en dicha base funcionan 10 empresas de taxi aéreo, cinco centros de instrucción de vuelo y 14 talleres aeronáuticos.