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La obligatoriedad de las vacunas y sus implicaciones es un debate que recorre el mundo. Por ejemplo, este lunes miles de maestros mantuvieron en Hungría una huelga para exigir fin a la vacunación obligatoria para dar clases, además de un aumento de los salarios y una disminución de sus cargas laborales; mientras tanto, el ministro de Sanidad en Grecia dijo que los empleados de sanidad pública que no se vacunen hasta el 31 de marzo serán despedidos. En septiembre pasado, el Gobierno suspendió el empleo y el sueldo de unos 6.500 profesionales por esa misma razón.
Esta es una pelea llena de matices, mientras algunos países se inclinan por la persuasión, la vacunación obligatoria ha sido la salida de otros como Austria. La pregunta que entra en juego es hasta donde se justifican las limitaciones a la libertad individual en nombre del bien común.
Porque, aunque casi la mitad de los países del mundo no cumplieron el nivel de vacunación contra covid-19 que el Fondo Monetario Internacional fijó como objetivo para fines del año pasado (86 de los 206 países tenían menos del 40 % de su población vacunada), para algunos no toda estrategia es válida.
En Colombia se han tomado algunas medidas. Por ejemplo, el 12 de enero, el Ministerio de Trabajo publicó una circular en la que advierte que se les exigirá el esquema de vacunación covid-19 a los trabajadores de los sectores productivos abiertos al público. La medida aplica para aquellos que trabajan en lugares con asistencia masiva como “bares, gastrobares, restaurantes, cines, discotecas, lugares de baile, conciertos, casinos, bingos y actividades de ocio, así como escenarios deportivos, parques de diversiones y temáticos, museos, y toda actividad que implique al público”.
La Asociación de Bares (Asobares) respaldó y consideró oportuna la decisión, pero el gremio también expresó dudas respecto a qué hacer en caso de que los trabajadores justifiquen el no vacunarse en sus derechos fundamentales y el empleador no pueda reubicarlo en un puesto sin contacto con el público; la organización también cuestionó al Ministerio sobre que hará para evitar que se presenten tutelas o demandas laborales.
Las empresas no son ajenas a estas tensiones. El mundo corporativo también se enfrenta al dilema de decidir si exige o no el esquema de vacunación a sus empleados, qué pasa con aquellos que no se vacunan o cuándo y quiénes deberían regresar a las oficinas.
En Estados Unidos, por ejemplo, un juez de Texas bloqueó a nivel nacional la orden del presidente Joe Biden de que todos los empleados del Gobierno federal se vacunaran. Una decisión que se suma a la de la máxima instancia judicial del país que dejó sin efecto el mandato de Biden que obligaba a vacunarse o a presentar semanalmente resultados negativos de test de covid-19 a los trabajadores de todas las compañías con cien o más empleados.
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Aún así algunas empresas insisten en que sus trabajadores deben vacunarse y, por ahora, parece que pueden hacerlo en Estados Unidos.
Por ejemplo, T-Mobile despedirá a los empleados corporativos que no estén completamente vacunados antes del 2 de abril, según un memorando enviado al personal. En el correo electrónico a los empleados de EE. UU., recursos humanos dijo que los empleados de oficina que no hayan recibido la primera dosis de una vacuna antes del 21 de febrero recibirán una licencia sin goce de sueldo. La política se aplica a todos los que necesitan acceso “regular u ocasional” a las oficinas de T-Mobile, que según la compañía incluye a casi todo el personal.
“Los empleados afectados que no estén completamente vacunados y obtengan un Pase Magenta antes del 2 de abril serán separados de T-Mobile”, dijo Deeanne King, directora de recursos humanos de T-Mobile, en el memorando, refiriéndose al pase digital interno que requiere el comprobante de vacunación. Se harán exenciones por razones médicas y religiosas y las reglas serán ligeramente diferentes en los centros de servicio al cliente para “evitar el impacto en la experiencia del cliente”, pues los empleados de apoyo aún deberán mostrar prueba de la primera dosis de una vacuna antes del 21 de febrero, pero no se les otorgará una licencia sin goce de sueldo.
T-Mobile no es la primera compañía en ordenar vacunas, pero es una de las firmas más grandes en decirle al personal que serán despedidos si no reciben la vacuna. Otras compañías, como American Express, le dijeron a sus trabajadores que tendrían que trabajar de forma remota si no se vacunaban.
También está Citigroup, el primer gran banco de Wall Street en imponer un estricto mandato de vacunación contra el covid-19: vacunarse o enfrentar el despido. La fecha límite era el 14 de enero, ese día los no vacunados entraron en licencia sin goce de sueldo.
Los mandatos de vacunación se han convertido en un tema complicado para los empleadores, desde los operadores de hospitales hasta las fuerzas policiales y las empresas, lo que ha provocado litigios y la resistencia de algunos, aunque en última instancia ha habido un amplio cumplimiento. A todo esto se suman varios ingredientes como la falta de mano de obra en algunos países, el aumento de los contagios por ómicron y el dilema de mantener o no el trabajo remoto.
La desconfianza marca el regreso a la oficina
Las empresas están pidiendo a los trabajadores que regresen a la oficina, nuevamente. Pero después de tantos altibajos, los empleados están perdiendo la fe en que sus gerentes puedan hacerlo bien.
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La proporción de trabajadores remotos que confían en que su empleador tomará las decisiones correctas al regresar a la oficina alcanzó el punto más bajo en doce meses, según una encuesta semanal de Morning Consult. Solo un poco más de la mitad de los encuestados estuvo de acuerdo, frente a los dos tercios que habían expresado confianza en los últimos meses.
Bank of America, Citigroup y Credit Suisse se encuentran entre las grandes empresas que traerán de regreso a sus empleados a las oficinas de Estados Unidos en las próximas semanas a medida que mejoran las condiciones del coronavirus. Los anuncios se producen pocas semanas después de que a fines de 2021 muchas empresas dieran a los empleados más libertad para trabajar desde casa cuando surgió la variante ómicron, lo que creó un efecto latigazo. Otros empleadores, como Apple, han pospuesto sus regresos a la oficina indefinidamente. A medida que los lugares de trabajo se preparan para el tercer año de la pandemia de covid-19, los expertos dicen que una cosa está clara: hacer planes a firme es una tontería.
“Dado que muchas empresas han modificado y vuelto a modificar las fechas de reapertura, no sorprende que los trabajadores remotos se sientan incómodos acerca de cuándo eventualmente se les pedirá que regresen a la oficina”, dijo Joanna Piacenza, jefa de inteligencia de la industria en Morning Consult. “Los empleadores se enfrentan actualmente a un acto de equilibrio casi imposible de cumplir con los plazos de reapertura que anunciaron en 2021 y, al mismo tiempo, tener en cuenta los niveles de comodidad y salud de sus empleados”.
La creciente desconexión entre empleados y jefes va más allá de los planes de regreso a la oficina. Casi tres de cada cuatro ejecutivos creen que están siendo “muy transparentes” con respecto a las políticas de trabajo remoto, pero menos de la mitad de los empleados están de acuerdo con eso, según una encuesta reciente a más de 10.000 trabajadores administrativos. El escepticismo tiene consecuencias: los trabajadores que no creen que sus jefes están siendo sinceros con ellos tienen más del doble de probabilidades de buscar un nuevo trabajo, según una encuesta de Future Forum, consorcio de investigación creado por Slack Technologies.
Una de las razones de la creciente desconfianza podría ser la falta de comunicación. Por ejemplo, el 42% de las empresas dijeron la semana pasada a Gartner Inc., una consultora e investigadora laboral, que no habían comunicado nada a los empleados sobre el fallo del 13 de enero de la Corte Suprema que rechazó el requisito del presidente Biden de que las grandes empresas implementen un mandato de vacunación o pruebas periódicas. Para Brian Kropp, jefe de investigación de recursos humanos en Gartner, la indecisión podría deberse a dos años de políticas cambiantes que han dejado exhaustos tanto a los empleadores como a los empleados. “Es muy difícil para los empleadores motivar a los empleados en este momento”, dijo.