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El director de la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), Jorge Pinto Nolla, ha tenido que resistir los ataques por la supuesta responsabilidad de esa entidad en la crisis del sistema eléctrico y la posibilidad de que Colombia tenga que llevar a cabo racionamientos programados para evitar un apagón. Los precios de gas en el Caribe, superiores a los del centro del país, también le han valido críticas.
En entrevista con El Espectador, Pinto Nolla evalúa la gestión de la CREG durante el fenómeno de El Niño. Reconoce que la modificación del precio de escasez ha tardado, manifiesta su preocupación por las posiciones destructivas en la coyuntura y critica que la planeación del sector eléctrico siga dándole tanta importancia al agua, que finalmente vuelve vulnerable al país frente a futuras sequías.
¿Se siente responsable por la crisis del sistema eléctrico?
En temas energéticos, la toma de una decisión hoy tiene consecuencias muchos años después. Las decisiones no son inmediatas. En cuanto a los roles, el ente rector de política energética es el Ministerio de Minas y Energía, el que toma las decisiones, que requieren apoyo en la parte tarifaria, y ahí es donde entra la Comisión de Regulación de Energía y Gas. El resultado de la matriz que tenemos hoy, basada fuertemente en lo hidráulico, fue una decisión de política. Así lo decidieron los últimos gobiernos, fue una decisión de Estado. Por el calentamiento global, la sequía se repite con más frecuencia e intensidad, y eso tiene un impacto en el agua y afecta la generación eléctrica. Pretender que la CREG sea la que tiene la culpa porque no hay agua es cortoplacista, o miope, más bien.
Nadie tiene la culpa de los cambios ambientales, pero es necesario reconocer que el sistema eléctrico ya no se adapta a esas nuevas condiciones.
Esa decisión va más allá de la CREG, porque es política de gobierno. Lo que debería suceder, superado El Niño, es que debería replantearse la política de expansión y darle menos peso al agua. Me preocupa que en la expansión hacia el futuro, la columna vertebral es el agua. No está en mis manos cambiarlo, pero debería revaluarse esa visión, porque seguimos en las mismas. Debería darse más fuerza al carbón y a las renovables.
En ese sentido, ya se está haciendo la tarea, porque esas son las nuevas fuentes de generación de energía que sugiere el más reciente plan de expansión.
Pero no es lo suficiente. Si usted mira las franjas, aunque se les esté dando fuerza a las renovables y al carbón, el agua sigue siendo la más importante de la película. Vamos a seguir en las mismas porque va a seguir habiendo sequías. Deberíamos bajarle el tono al agua para adaptarnos, porque probablemente en 2019 va a volver un Niño. En la planeación energética no se plantea una visión para cambiar el rumbo.
Una de las críticas que se la han hecho a la CREG es la tardanza para ajustar la manera como se remunera a las térmicas. ¿Cuál es la razón?
El precio de escasez es una medida que se configuró para proteger a los usuarios, pero la manera como se calcula no está escrita en piedra. Esperemos a que pase el fenómeno de El Niño, estamos ad portas de la finalización, se demorará dos meses si mucho, y en ese momento lo lógico es que entremos en un proceso de revisión del cargo por confiabilidad y el precio de escasez, no le quepa la menor duda. Analizaremos cómo hay que modificarla y en qué sentido hay que hacerlo. Los sistemas evolucionan y hay que introducirle mejoras, pero no puede hacerse ahora.
Con respecto a las tarifas del gas, pareciera que el año pasado la CREG tomó decisiones con mayor celeridad, aunque por presiones políticas. Anuncios que, sin embargo, no solucionaron la problemática.
Las situaciones políticas existen y siempre existirán, pero las decisiones que se toman son técnicas. Históricamente, el precio en La Guajira siempre estuvo regulado. La fórmula estaba hecha con un indexador que estaba referenciado al precio internacional del fuel oil, y en ese momento ese precio estaba alto. Lo que nadie sabía era que después de 2013 iba a caer el petróleo como cayó. En ese momento todo estaba libre para negociar, excepto La Guajira. Se pensó que si unos precios estaban altos y los otros bajos, al liberarlos se iba a nivelar, pero era mejor haber dejado las cosas como estaban, si las cosas habían funcionado así por tanto tiempo era mejor no modificarlas. Me imagino que las presiones tuvieron que ser muy fuertes en esa época. El problema es que en este sector, como en muchos otros, la memoria es muy frágil, entonces lo que en ese momento fue una maravilla después no fue tan bueno.
Aunque lo ideal es que la fórmula funcione, y funcione sola, pero mediante este sistema de pactos e intervenciones de mutuo acuerdo, y se logró llevar las tarifas a un nivel racional. Pero, como usted dice, esto se volvió un tema político, en el que dicen que la Costa es discriminada, y las cosas superaron el contexto estrictamente técnico hacia un escenario más político. La idea es hacer algo más razonable y evitar las suspicacias.
Guillermo Perry dice que la CREG fue debilitada por algunos gobiernos al quitarle presupuesto, por ejemplo. ¿Es posible que eso haga parte del problema eléctrico?
Estoy de acuerdo, aunque parcialmente. Es muy exagerado, porque en general la CREG ha recibido un trato respetuoso durante los gobiernos. Obviamente, siempre está la tentación, unos más y unos menos, de presionar a la CREG. Lo importante de la afirmación de Perry es que refuerza que hay que ser críticos de lo que haga mal el regulador, pero como concepto debe ser protegido, porque eso permite tener organismos con independencia. La institución no salió airosa de esta crisis, porque la situación fue muy difícil, en gran parte por nuestra culpa, pero al final del día la regulación permite que las cosas salgan al otro lado. Como director, como institución, fuimos objetos de señalamientos casi insultantes, de una manera, me atrevería a decir, brutal. Y sin embargo, la institución tiene la suficiente fuerza para aguantar. Dudo mucho que otra entidad hubiera podido resistir como lo ha hecho la CREG.