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El presidente colombiano, Juan Manuel Santos, le susurra al oído a su homólogo ecuatoriano, Rafael Correa, durante su visita oficial a Quito realizada el lunes. Los dos se encuentran en un balcón adornado por una enorme bandera de Ecuador.
Es la imagen que mejor describe el estado actual de la relación bilateral. Una postal impensada dos años atrás, cuando sus protagonistas destilaban odio a raudales ante los medios de comunicación después de que la Fuerza Aérea colombiana bombardeara, clandestinamente, un campamento de las Farc en la provincia de Sucumbíos, operación en la que cayó alias Raúl Reyes, comandante de esa guerrilla.
Una imagen que también se expresa en números: entre enero y octubre del año en curso (ver gráfico) el comercio entre los vecinos ascendió a US$2.458,1 millones. Cifra positiva si se tiene en cuenta que, debido a la operación militar, Ecuador le impuso restricciones a los productos comerciales, las cuales influyeron en que los intercambios cayeran 13,5% en 2009.
Pero las políticas, como la economía, han cambiado. Las consecuencias de la crisis financiera global y la depresión que por estos días viven las finanzas de Europa obligaron a ambos mandatarios a dejar atrás sus diferencias y centrarse en las necesidades comunes.
“Colombia ha sido inmune al huracán de la crisis mundial y este año crecerá entre 5,5 y 6%. Pero si no se adoptan las políticas correctas, el mundo caerá de nuevo en recesión. Una forma de protegernos es incrementando nuestro comercio, incrementando nuestra integración”, señaló Santos en su discurso a los empresarios ecuatorianos.
Sin embargo, las intenciones aún no se traducen en actos concretos. Uno de los principales obstáculos al comercio binacional se encuentra en el transporte terrestre, específicamente en el segmento de carga. A pesar de que la Resolución 393 de la Comunidad Andina de Naciones (CAN, conformada por Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y Chile) permite la libre circulación de camiones entre los miembros, la regla no se cumple en el día a día.
“Los sindicatos ecuatorianos se niegan a que nuestros camiones pasen la frontera. Han amenazado con apedrearlos, incluso quemarlos, aunque nunca ha sucedido ningún altercado. Esto nos obliga a trabajar con medias cargas y a realizar trasbordos en el puente de Rumichaca”, comenta José Herrera, presidente de la Asociación Nacional de Empresas Transportadoras de Carga por Carretera (Asecarga).
“Nos alegramos mucho de que las relaciones con los vecinos pasen por el buen momento en el que se encuentran, pero le hemos pedido al Gobierno que revise muy bien los acuerdos de la CAN”, dice Juan Javier Amaya, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Camioneros (ACC), para quien el conflicto con los transportadores ecuatorianos también se extiende al tema logístico: “Ellos sí pueden circular libremente por las carreteras del país a tope, con un combustible que es más barato que el nuestro, y llevando carga sin restricciones a Ecuador”.
Además, los transportadores se quejan de que, en su diálogo con el Gobierno, la respuesta es la misma. “Queremos que la decisión de los Estados se haga respetar y muy seguramente vamos a avanzar en el tema. En esta visita nos acompaña el ministro de Transporte y esperamos que haya resultados”, tal como le manifestó la canciller María Ángela Holguín a Caracol Radio.
Mientras se resuelve este problema, la voluntad política de los mandatarios se ocupa de los asuntos fronterizos. El lunes, tras su reunión a puerta cerrada, tanto Santos como Correa se comprometieron a definir, por medio de reuniones técnicas, la frontera marítima en el océano Pacífico.
El mandatario ecuatoriano también invitó a las empresas colombianas a participar en la mayor obra de infraestructura que su administración planea para 2012: la construcción de la Refinería del Pacífico, cuyo costo asciende a US$12.000 millones.
La oferta incluye la utilización del Oleoducto de Crudos Pesados de Ecuador para que Colombia pueda transportar su petróleo a los puertos en el Pacífico. “Nuestro oleoducto es el oleoducto de Colombia. Lo puede usar cuando quiera”, dijo Correa.
Y en cuanto al sector aéreo, “tomamos la decisión de considerar, para efectos prácticos, que el transporte aéreo entre los dos países va a ser como si fuera un transporte dentro de los países y evitar todo el papeleo y los sobrecostos”, manifestó Santos, quien aclaró que con esta medida se busca incentivar la reducción de las tarifas de los pasajes entre las dos naciones.
Pero, a pesar de la cordialidad, existen sectores empecinados en no olvidar las ofensas del pasado. Así lo demuestran las bombas panfletarias que estallaron en Guayaquil, cuyos anuncios decían: “Santos, asesino de la CIA”.