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Prácticamente nadie esperaba noticias sorpresivamente buenas en la revelación de los datos del crecimiento de la economía colombiana para el tercer trimestre de este año, que fueron anunciados este martes por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).
Las estimaciones previas de los principales actores del sistema financiero (incluido el Banco de la República) oscilaban entre -9 % y -9,3 %. Y los datos no decepcionaron: la economía se resbaló 9 % durante el tercer trimestre, en comparación con el mismo periodo de 2019.
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De acuerdo con Juan Daniel Oviedo, director de la entidad, buena parte de este resultado estuvo impulsado por el desempeño de sectores como el comercio, la construcción y la explotación de minas, que contribuyeron con -6,9 % en la caída general del trimestre.
El sector de la construcción tuvo una contracción del -26,2 %, seguida por la rama que aloja a comercio, reparación de vehículos automotores, transporte, alojamiento y servicios de comida (-20,1 %) y la explotación de minas y canteras (-19,1 %).
Por su parte, los rubros que más crecieron fueron los del sector agropecuario, las actividades financieras y de seguros (ambas con 1,5 %) y las inmobiliarias (1,8 %).
Si bien la cifra del tercer trimestre no resulta alentadora a primera vista, Oviedo fue enfático en presentar un panorama de evidente recuperación en la economía, si se mira el desempeño del segundo trimestre con el tercero (o sea, la variación intertrimestral).
La senda de recuperación se puede observar más claramente a través de las cifras de las actividades de comercio, transporte, alojamiento y servicios de comida, porque “son altamente dependientes a la circulación de las personas, materiales y, por consiguiente, a todo el levantamiento de las medidas sanitarias que estuvieron vigentes hasta finales de agosto”, en palabras de Oviedo. Según los datos del DANE, esta rama pasó de registrar una contracción anual del 23,5 % en julio (y del 25,4 % en agosto) a experimentar una caída de solo -11 % en septiembre.
Desde esa óptica, las actividades artísticas y de entretenimiento, otro de los renglones duramente golpeados en el año (y en el trimestre), también experimentaron una mejoría notable, aunque no terminan por salir a flote: -34,9 % en julio y -24,8 % en septiembre.
Los datos del DANE muestran que las doce ramas de actividades que monitorea crecieron en el tercer trimestre, respecto a lo registrado en los tres meses anteriores. En general, en esta medición intertrimestral, el PIB experimentó una expansión del 8,7 %.
“La apertura sectorial estuvo directamente relacionada con el comportamiento del consumo privado. Fue este el componente de la demanda agregada que mostró la mayor contribución a la recuperación del PIB, no solo por su elevado tamaño respecto al PIB total (cerca al 70 % del PIB), sino también por su repunte gradual. El consumo privado cayó -8,9 % anual, casi lo mismo que el PIB, pero mostró un importante crecimiento del 9,4 % intertrimestral”, según comenta Mauricio Hernández, economista de BBVA Research.
De cierta forma, entonces, la economía del país no termina de sacar la cabeza del hueco cavado durante la pandemia, pero ciertamente sí pareciera comenzar su escalada hacia la luz.
Y de este punto parte una pregunta importante: en el agregado del año, ¿qué tan certero es hablar de recuperación económica? En otras palabras, ¿qué tanto vamos saliendo de lo peor?
El propio Oviedo ofrece una respuesta al decir que la economía colombiana ha experimentado una corrección de casi dos terceras partes del descalabro registrado en abril, probablemente el peor mes del año, que agrupó el grueso de los efectos y restricciones del primer pico de la pandemia a escala nacional.
“No hay una recuperación tan rápida, como muchos decían, tipo en V. Sino, más bien, está el pronóstico de que esta va a ser mucho más lenta. Para el cuarto trimestre habrá que ver los efectos de los eventos climáticos de estas últimas semanas y un posible pico de pandemia de fin de año”, comenta Diego Guevara, profesor de la Escuela de Economía de la Universidad Nacional de Colombia y colaborador de este diario.
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“Lo que hay que analizar ahora es el ritmo de crecimiento y recuperación con relación a la crisis, por lo que la comparación más exacta es con el trimestre anterior. Y sí hay, entonces, una recuperación, especialmente en el sector de comercio y de manufacturas, que es una buena noticia”, en palabras de Mario Valencia, director de Cedetrabajo y columnista de este diario, quien agregó: “A lo que hay que prestarle más atención es a que esa tendencia se siga dando y que sea cada vez más rápida. Otra cosa que no podemos medir todavía es si el ritmo de la recuperación es el que necesita el país en estos momentos o si debe ser más acelerado”.
Para Rosmery Quintero, cabeza de Acopi (el gremio de las medianas y pequeñas empresas), “los resultados del PIB del tercer trimestre eran de esperarse”. Y también señala puntos que ya tocaron Guevara y Valencia: “En las actividades que se han reabierto gradualmente, los ingresos apenas se están recuperando. En la última encuesta de Acopi quedó claro que apenas 25 % de lo que se ha perdido por las cuarentenas se ha ido recuperando. Hay un gran esfuerzo del sector empresarial, pero estamos muy lejos de recuperar las sendas de crecimiento”.
Tras conocer los datos, Jaime Alberto Cabal, presidente de Fenalco, opinó: “No podemos regresar a ningún escenario de confinamiento ni de cierres parciales, tenemos que convivir en el sano equilibrio de cuidar la salud y también a la economía y al empleo”.
Camilo Rodríguez, presidente de la Cámara Colombiana de la Confección y Afines, aseguró que su mayor preocupación es la generación de empleo. “Necesitamos reactivar la demanda, pero para eso debemos generar puestos de trabajo formales para que la gente aumente su capacidad de consumo”, indica.
Por su parte, Bruce Mac Master, presidente de la Andi, dijo que: “De aquí para adelante tenemos una tarea grande. Vamos por la mitad del camino y por esto nos toca pensar en una gran cantidad de otras políticas. Tendremos un reto inmenso durante los próximos dos o tres años, que seguramente requerirán políticas públicas adicionales. Tenemos que sentarnos a trabajar y producir ideas que nos conduzcan a la reactivación. Nuestra tarea será acortar el periodo de recuperación y lograr que, efectivamente, en términos de indicadores sociales podamos recuperar lo que traíamos y volver a las metas y objetivos que teníamos planteados para los próximos años”.
En este punto, bien es sabido que el optimismo quizás es una palabra que valga la pena no mencionar mucho en 2020. Las cifras de agosto sirven como un recordatorio para examinar con cautela el camino hacia la recuperación: en este mes el Indicador de Seguimiento a la Economía (ISE) registró un desalentador -10,37 %, que en nada se compara con el -20,52 % de abril, pero que desluce notablemente frente a las cifras de julio y septiembre (-9,54 % y -7,25 %, respectivamente).
¿Qué significa esto? Una obviedad, pero que no resulta menos importante: los rebrotes son una amenaza seria para el desempeño de la economía. En otras palabras, y para hacerle el quite al falso dilema de salud o economía, lo que permiten ver estos datos es que el camino hacia la recuperación económica pasa, sin duda alguna, por el cuidado colectivo y el buen manejo de la pandemia. Por ejemplo, de nada sirve tener un boom momentáneo para una actividad, como la venta de televisores o electrodomésticos en una jornada de descuentos, si a la larga ese estímulo termina por llevarse por delante el trabajo agregado de mitigación en la expansión del virus.
Guevara cierra con estas palabras: “No es simplemente que se reabra la economía y todo vuelve a ser normal. Hay que tener en cuenta que muchos negocios ya no existen. La economía está reabriéndose, pero con muchas menos cosas. Y la recuperación en V se estima en muchos casos sobre modelos de equilibrio, pero eso no siempre es verdad. Hay un juego ahí entre los tiempos lógicos de las teorías y los tiempos históricos. ¿Por qué no nos estamos recuperando tan rápido? Porque todo cambió”.