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Fernando Chumbimuni, un conductor limeño de servicio público, se hizo famoso de la peor forma posible. Todo ocurrió en su día libre, cuando repartía jugos para ganarse un ingreso extra: su auto rodó por una pendiente, chocó contra una casa y mató a dos personas. Trascendió que el chofer de “la combi asesina” tenía 32 multas de tránsito sin pagar.
Este tipo de historias, más un numeroso historial de quejas por choques en las calles, guerra del céntimo, trancones interminables y contaminación ambiental, llevaron a la autoridades de la capital peruana a tomar cartas en el asunto.
“El esquema público nos estaba costando US$500 millones anuales en horas perdidas”, asegura Javier Cornejo, gerente de operaciones de Metropolitano, el recién inaugurado sistema integrado de transporte masivo en la capital peruana, que en su tercera semana de funcionamiento oficial (echó a rodar en julio de 2010) ha reducido en hora y media los trayectos de los limeños entre la casa y el trabajo.
Un sistema que nació en 2005, copiado del éxito de Transmilenio en Bogotá, y que hoy se traduce en 27 kilómetros de vías exclusivas, 160 buses articulados, 23 alimentadores y una demanda diaria de 700.000 pasajeros.
El mismo sistema que tuvo que ganarse a pulso su lugar en la planificación de la ciudad. La enorme inversión que suponía el proyecto (US$5.500 millones) no logró, como algunos sectores buscaban, detener el impulso de la administración. “La ciudad tenía un atraso en infraestructura de 30 años; también un sistema de tránsito obsoleto y una grave contaminación. Fue una decisión que rompió paradigmas y se impuso de la mano de criterios técnicos”, recuenta Marco Parra, alcalde encargado de la ciudad, sobre el proceso decisorio que le dio luz verde a Metropolitano.
Otro de los factores clave fue la elección del gas natural como combustible, que se ganó su espacio debido a los 4 millones de toneladas anuales de CO2 arrojadas al aire. También por el rendimiento frente al diésel, en el que los operadores ahorrarán US$1.028 millones para 2013.
Hoy en día, gracias al descubrimiento de 13 trillones de pies cúbicos de gas en el yacimiento de Camisea, en Cuzco, el país cuenta con reservas suficientes para 20 años, que suplen el consumo interno y los planes de exportación.
Además, los buses, que cuentan con tecnología de más de cinco países, son ensamblados por la industria local. Un negocio redondo si se tiene en cuenta que Lima planea construir nueve fases de Metropolitano a diez años, que se integrarán al tren eléctrico que funcionará en 2011.
“Este proyecto es una realidad, porque se defendieron las prioridades de la ciudad por encima de los intereses de unas cuantas empresas transportadoras”, resume Parra, a modo de consejo, para el sistema de transporte masivo de Bogotá.
*Reportaje posible gracias a la invitación de Gazel y Promigás.