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Los cafeteros del país no sólo resumen los tiempos difíciles que atraviesan en una sola palabra: precio, sino que renovación cafetera, productividad y recuperación de la producción se suman a la lista de preocupaciones que los llevan al insomnio. Estas también le quitan el sueño al gerente de la Federación Nacional de Cafeteros, Luis Genaro Muñoz Ortega.
En entrevista con El Espectador reveló que si el clima continúa dando señales positivas “todo da para pensar que en 2013 la cifra de producción debe ser de dos dígitos”. Además, espera que este año se lleguen a producir 9 millones de sacos del grano.
Mientras toma una taza de café, Muñoz cuenta que le preocupa el ingreso de dólares al sector minero-energético, ya que por la senda de la revaluación se pondrían en riesgo los ingresos de tres millones de personas. Pide también al Banco de la República hacer mayores compras de dólares para evitar males mayores para los exportadores cafeteros y en formular políticas más robustas que blinden al sector.
¿Qué tan costosa ha sido la factura de la revaluación?
Ésta nos pega de manera directa. El precio interno se conforma por dos variables fundamentales: la cotización en la bolsa y el tipo de cambio. Entonces, para el ingreso cafetero un proceso de apreciación del peso del 40% en dos años es un grave problema.
Allí es donde encontramos la mayor dificultad hacia delante, porque en precios internacionales la mayoría de analistas del mundo opinan que dada la estrechez del mercado los precios deben rondar los US$1,85 por libra; es un nivel históricamente alto y aceptable para los precios que hemos tenido, salvo en 2011, que tuvimos récord.
Este año, con 10% de revaluación, un precio aceptable se convierte en delicado internamente. Entonces, hemos insistido mucho en que el país cambió; éste es minero y al serlo genera una cantidad de divisas. Desde luego, esto conlleva a procesos de revaluación y es donde se presenta la controversia.
Los países mineros con revaluaciones altas ponen en riesgo la agricultura, especialmente la exportadora. Desde luego, exportamos el 95% de la producción de café. Hay que proteger el empleo rural y del café dependen en Colombia casi 3 millones de personas que están en la mitad de municipios del país que no son mineros.
Eso se puede hacer con múltiples medidas. Una, el tipo monetario donde autoridades como la junta del Emisor puede hacer intervenciones más serias en la compra de las divisas. El ministro de Hacienda dice que al país le faltan reservas, que pueden aumentarse. Pueden hacer intervenciones sorpresivas que funcionan adecuadamente.
Desde el punto de vista de la política, hay acciones que tomar. Si el país va a proteger la agricultura, como lo ha anunciado el presidente Santos y su equipo, tenemos mucho que hacer. Primero, hemos ayudado y no contamos con el músculo financiero suficiente para tener unas vías terciarias aceptables, lo que significa sobrecostos. También hay que mejorar la infraestructura productiva y bajarle a los insumos.
Aparte de las mencionadas, ¿cuáles son las mayores preocupaciones en un momento donde los productores están inconformes y las esperanzas están en la renovación cafetera?
El insomnio cafetero era generado por una sola causa y era recuperar la producción. Más allá de esto, Colombia tiene que incrementar su productividad que hoy en promedio puede estar alrededor de 12 cargas de café —de 125 kilos— por hectárea al año. Con oferta ambiental normal, sin ‘Niños’ ni ‘Niñas’, debería estar alrededor de 20 cargas por hectárea. Eso es lo que estamos buscando.
Para ello entendimos una Colombia dividida por regiones para poder encontrar variedades productivas de acuerdo con las condiciones; hicimos mucho énfasis en ello por el período de lluvias que disparó la roya.
Esa primera etapa del insomnio ahora es una tercera parte del total. La otra tercera parte de éste son los mercados que están cambiando; por ejemplo, en Europa la profunda crisis restringe los bolsillos de los ciudadanos; hay que cuidar los mercados tradicionales, las marcas, su posicionamiento y también construir mercados que vayan de la mano no sólo de recuperar 11 millones de sacos, sino de generar nuevas demandas. Además, el Gobierno tiene que diseñar una política efectiva para la competitividad del campo y, obviamente, los presupuestos deben reflejar eso.
¿El segundo semestre de este año traerá resultados positivos? ¿Se ve un fin de año con 9 millones de sacos?
Arrancamos el año observando que estaríamos en 8 millones de sacos porque las condiciones de oferta ambiental al comenzar 2012 fueron duras. A medida que terminó ‘La Niña’ y las autoridades dicen que puede haber un ‘Niño’ moderado, lo cual en café es espectacular; es lo mejor que a uno le puede pasar y está sucediendo. En el campo se ven floraciones cuyos resultados se verán en los primeros meses del año siguiente.
Si el clima sigue comportándose así, todo da para pensar que en 2013 la cifra de producción debe ser de dos dígitos. No me atrevo a ponerle un número, pero debe ser de ese orden. La de este año será más cercana a 9 millones de sacos que a 8 millones.
Lo que vamos a ver en los próximos meses es una tendencia permanente de crecimiento de la producción. El número final dependerá de la velocidad de salida del grano y de los precios. Lo que estamos observando es que la cosecha será muy concentrada hacia noviembre, diciembre y enero. Que el segundo semestre ponga el 65% de la producción.
De las hectáreas renovadas, ¿cuántas se suman a la producción este año?
El café entra a producción después de los 15 meses. Se vuelve altamente productivo en el cuarto o quinto año. En 2011 fueron 117.000 hectáreas; en 2010, 96.000, y en 2009, 86.000. Entonces, fácilmente 200.000 hectáreas ya están ingresando a la producción. Se pueden producir 15 sacos por hectárea al año, lo cual da por todo 2,2 millones de sacos de producción.
También en sanidad vegetal recientemente presentamos la última medición de la roya y fue de 7,7%. Entonces un porcentaje así es manejable y no se lleva el 30% de la producción.
¿Cambiarían las cosas de manera significativa para el PIB agropecuario?
El PIB del café del segundo trimestre del año, según nuestros cálculos, debe tener 20 puntos más. Eso le ayudará al PIB agropecuario en general.
Líderes cafeteros han dicho que el Fondo Nacional del Café (FNC) está muy flaco…
Estar flaco no es estar mal. Para poder guardar dinero, como se hizo en otras épocas, comparando con la actual contribución, hubo lapsos donde la mitad del precio internacional se quedaba en reservas para conformar un patrimonio usado en épocas difíciles.
Se dijo que el Fondo debe ser un lugar de transferencia de precios internacionales y por eso en este año y en el pasado viene dándose el 96% del precio internacional al productor. Segundo, debe ser un proveedor de bienes públicos cafeteros. En ese sentido, el FNC ha sido cuidadoso porque aún con una revaluación que se ha llevado el 70% de los ingresos corrientes, hay cifras positivas en los estados financieros. No es cierto que el Fondo esté quebrado pese a tener un tercio de los ingresos que había hace cuatro años cuando comenzó la revaluación.
¿Sienten que los productores están inconformes con el gremio y con el Gobierno?
Pienso que los cafeteros hemos marchado 85 años casi todos los días a nivel municipal y departamental. Son 4.000 representantes en comités municipales y departamentales elegidos por voto del productor. Lo que tiene de bueno la caficultura y el gremio es que es deliberante e incluyente. Fundamentalmente, el tema se llama precio y en ese sentido hay angustia. Estos precios actuales están en el borde de generar pérdidas y ser ruinosos.
Hay una propuesta de revivir una ayuda a la caficultura por parte del Gobierno…
Es una propuesta deseable cuando a uno le ponen un precio garantizado por las finanzas públicas. El presidente Santos se inventó el Apoyo Gubernamental a la Caficultura (AGC), en el cual se garantizó un precio de sustentación para una época muy compleja. De golpe, voy a utilizar sus palabras y es que cuando algo le pasa al café, también le pasa a Colombia. Claramente hay solidaridad y vamos a ver posibilidades.
Se conoció una propuesta para quitarle recursos a la ciencia y transferirlos al café…
Me parece que quitarle recursos a ciencia y tecnología siempre es un mal negocio. Soy un creyente de fondo de que el país debe aumentar su conocimiento. El resto, dejemos el problema de la fuente al ministro de Hacienda, quien verá de dónde puede obtener recursos en caso de que el Gobierno pueda sustentarnos un precio.
Tampoco se debe uno olvidar que los precios suben y bajan. En épocas bajas es deseable proteger el tejido social y hay que hacer cosas adicionales a los mecanismos temporales que pueden entrar a operar cuando la actividad tiene margen negativo. Aquí estamos trabajando en ello y tenemos que desarrollar una cultura de riesgo diferente para los productores, porque lo que sí es cierto es que la volatilidad de los mercados imperará hacia delante.
Estamos construyendo mecanismos de cobertura de precios que hoy son sofisticados para agriculturas gigantes. Estamos encontrando la manera de volverlos útiles para el pequeño productor y que él pueda desde su finca tomar un seguro cuando tenga margen en la actividad. Teníamos precios de $1 millón, entonces es deseable asegurarse en diciembre para la escasez de marzo y abril, donde bajan los niveles a $700.000.
Decía en el Senado y a los cafeteros que Colombia tiene que actuar conjuntamente. No lo podemos resolver sólo nosotros. Acá tiene que haber un conjunto de acciones, algunas de iniciativa gremial e institucional y otras gubernamentales. Somos actores que podemos tomar medidas y la suma de éstas nos puede dar una caficultura sostenible. No hay una especie de lámpara de Aladino para buscar la solución.
Con una libra de US$1,64, ¿de aquí a fin de año puede haber una recuperación de precio?
Sacar la bola de cristal es complejo. Sobre todo cuando las bolsas de valores se están desconectando de los fundamentales del negocio, ya que en ellas hay grandes especuladores como los de inversión, que toman o dejan posiciones, y esto lleva precios hacia arriba y abajo en segundos.
En el largo plazo las bolsas van reflejando los fundamentales del negocio que dan buenas razones para permanecer en él. El consumo aumenta, la oferta de café es baja y no hay inventarios. Tenemos que desarrollar instrumentos para que el caficultor los use y no guarde café como un seguro de valorización. Lo deseable es que la comercialización fluya.
¿La actividad minero-energética debe retribuirle a la caficultura?
El tema con minas y petróleo es que sus ingresos alimentan la economía por regalías o de la inversión pública, pero es un ciclo largo. El café tiene una gran ventaja y es que irriga de manera inmediata la economía porque a la gente se le paga en efectivo; el cafetero toma ese dinero, así como bienes y servicios. Los recursos mineros son de todos los colombianos y tienen que apoyar a todos, incluidos los cafeteros. Hay que redistribuir mejor.
¿Qué tan concentrado está el país en los cafés especiales?
Como país, el 30% de las exportaciones son con valor agregado; hace unos años era el 8%. Del Fondo Nacional del Café pasamos del 8% de las exportaciones a 71% en especiales. Eso quiere decir que estamos especializándonos cada vez más en nichos que traigan mejores precios.
Cifras
117 mil hectáreas de cafetales fueron renovadas con variedades resistentes a la roya durante 2011.
403 mil hectáreas es el área de cafetales jóvenes y tecnificados que tiene Colombia actualmente.
71 por ciento de las exportaciones cafeteras son cafés especiales e industrializados.
597 mil pesos es el precio de la carga de café de 125 kilos, según datos de Federacafé.
1,63 dólares es el precio de la libra de café en el mercado internacional sin contar la prima de calidad.
Las nuevas regiones productoras
Zonas como Putumayo, Casanare y Meta, en las que no existían grandes plantaciones de café, comienzan a vincularse a las áreas tradicionales productoras del grano, como Huila, Caldas, Nariño y Antioquia.
“Han vuelto a crecer las áreas de cultivo en la Serranía del Perijá y en la Sierra Nevada de Santa Marta, donde tenemos programas con los indígenas”, explica el gerente de la Federación Nacional de Cafeteros.
Sin embargo, aclara que sembrar café en zonas no tradicionales, como los Llanos Orientales, plantea un debate cuidadoso ya que la prima de calidad que se da al café colombiano se puede poner en riesgo con la obtención de diferentes calidades del grano.