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Lo más cercano a un mundo descuadernado es lo que está pasando con la economía, y por ese motivo entender las razones de lo que sucede es prácticamente una cuestión de genios, de magos o de locos. O del hispano-argentino Mario Weitz, consultor del Banco Mundial (BM) y la Unión Europea, además de exconsejero del Fondo Monetario Internacional (FMI). Este doctor en economía de la American University, que ha sido economista jefe de la OEA, asesor de varios gobiernos y bancos internacionales, con su experiencia de haber participado en la realización del informe sobre la situación económica mundial (Dubái, 2003), puede dibujar el complejo panorama y expresar en un lenguaje sencillo dónde estamos parados y para dónde vamos.
¿A cuántos días o semanas estamos de que la economía mundial se vaya al precipicio?
El tema central ahora es Europa y, curiosamente, España, de donde vengo. Básicamente lo que puede pasar es que Grecia se vaya del euro, lo cual es muy probable. Si se va de manera ordenada es serio, pero no es el fin del mundo. El riesgo es que se vaya de manera desordenada, o sea, que los griegos digan “nos vamos” y eso produzca un efecto dominó, un contagio. En España, y eso es noticia fresca, se está sacando dinero de depósitos —el famoso “corralito” que se dio en Argentina—. El temor es entonces a un contagio por el tema griego.
¿Y cuál fue el error?
Que por un motivo político Alemania, que podría haber solucionado esto hace mucho, no puso dinero en los países del sur.
¿Por qué?
Porque los alemanes por historia —la República de Weimar— odian la inflación y creen que a los griegos, los españoles y los italianos no hay que ayudarlos porque son gastadores, “fiesta, parte y pachanga”, etcétera. Entonces todo el origen es la demora de los países del norte en ayudar a los países del sur. Los griegos son, como diría Jorge Luis Borges, incorregibles. Los griegos son un desastre, no pagan impuestos… todo tipo de picaresca. Pero dejar caer a Grecia es dejar caer a Europa.
El gran problema es Europa, pero hay otro: los políticos dicen: “Yo sé cómo arreglar las cosas pero no sé cómo ganar las elecciones si las arreglo”. O sea, arreglar el problema sería la austeridad, pero luego nadie vota por mí. Entonces, el “fin del mundo” —como usted lo llama— va a depender en gran parte de lo que pase con Europa… y no sabemos bien qué va a pasar.
Usted afirma que los griegos son incorregibles, pero también hay analistas que aseguran que los españoles no se quedan atrás e hicieron lo mismo.
No es lo mismo. En el caso de Grecia, mintieron sobre las estadísticas, gastaron mucho y hay un clientelismo enorme. Aunque son países latinos, Grecia es bastante distinto a España, pero hay una diferencia: si quiebra Grecia o se va del euro no pasa nada, pero España (47 millones de habitantes) es un país grande. España es el doble de grande que Grecia, Irlanda y Portugal juntos, entonces no hay dinero para España. El problema es que no es posible rescatarla porque el dinero no alcanza; pero es cierto: en España la crisis tiene para muchos. Cuando mis alumnos preguntan cuál es la solución, les digo que hay tres: por aire, mar y tierra… salir del país, y ahora mucha gente se está yendo.
¿Qué tanto tiene que ver la política de subsidios de la Unión Europea?
Es como una droga. Si a ti te dan dinero… Uno de los problemas que tiene España es el endeudamiento privado. España no tiene una deuda externa pública importante, pero toda la gente se ha endeudado con los bancos para comprarse la casa en la playa, el segundo carro, y ese es uno de sus problemas graves. Los fondos comunitarios fueron buenos. España ha recibido 40% del dinero para inversión: trenes de alta velocidad, autopistas, etcétera, pero cuando te dan dinero barato hay derroche, no se invierte bien.
Los españoles eligieron a Mariano Rajoy convencidos de que con el líder del Partido Popular iban a salir de la crisis. ¿Será posible por ese camino, o tampoco?
Creo que no. Le cuento una anécdota: el otro día di una conferencia y allí estaba el que ahora es el ministro de Hacienda y el ministro de Economía. Yo dije: “Me salvé porque no estoy en el Gobierno”. Cualquiera que gobierne ahora, se va desprestigiado. El problema de Rajoy es que ha prometido cosas y ahora está haciendo todo lo contrario, pero cualquiera que gobierne, sea la derecha o la izquierda, lo tiene difícil porque el caso de España es lo que se llama la “tormenta perfecta”: burbuja inmobiliaria, alta tasa de desempleo, déficit fiscal, falta de financiación… se ha juntado todo y nadie, ni Dios, salva esto a corto plazo.
¿Es suficiente el manejo conservador que le han dado a la economía colombiana para blindarla contra un coletazo de lo que pase en otras latitudes?
Yo trabajé en el Consejo de Administración del Fondo Monetario Internacional hace veinte años y Colombia siempre ha tenido buena reputación a nivel macro. El problema es que si la economía mundial va mal, Colombia se va a contagiar. Colombia no es una isla. Y si China, Estados Unidos y Europa no progresan… El problema que América Latina tiene este año es que Brasil, que es algo así como la base, está creciendo menos. Mire a Argentina. El año pasado crecía al 9%, era el segundo país después de Panamá con más crecimiento económico, y este año va a crecer cero. O sea que, por la crisis de Europa, se está viendo el efecto contagio. A nivel macro, Colombia va bien; el problema es a nivel micro.
El presidente Santos insiste en que su clave para llevar a Colombia al desarrollo son sus locomotoras, y una de ellas es la de minería. ¿Sí es por ahí?
Si me pregunta cuáles son los factores que van a hacer que un país sea rico, la minería no es uno de ellos. Son la formación, la tecnología y la innovación. Además, no olvidemos una cosa: dentro de los recursos mineros, el petróleo se acaba. En cuarenta años no va a haber petróleo. Los expertos creen que el carbón durará doscientos años y el gas sesenta. Por supuesto, si tú tienes minería, que es un recurso natural, pues eres rico: todo lo que sea petróleo y carbón es bienvenido, como el tema de Colombia. Es lógico que tener minería es una ventaja, sobre todo con unos precios internacionales que suben.