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Sin duda, las colombianas que recurren a trucos de maquillaje para realzar su elegancia y belleza tienen una inmensa deuda de gratitud con una barranquillera que, a sus 66 años, ya está pensando en emprender la retirada de una empresa emblemática para la industria nacional.
La acreedora de esa simbólica deuda es María Cortés de Chávez, quien aún hace malabares cuando camina sobre sus tacones siete y medio con un envidiable porte impecable de pies a cabeza. Adorna sus movimientos calculados y finos con educada franqueza. Maquillada, por supuesto, haciendo gala de sus productos.
“Ya va siendo hora de descansar”, dice, después de toda una vida dedicada a su empresa Jolie de Vogue, la cual creó, vio desfallecer y sacó de las cenizas para volverla a constituir, en un esfuerzo titánico que la hizo merecedora en 2010 del Premio Ave Fénix.
Hugo Valderrama, presidente de la multinacional High Value Consulting y amigo de esta destacada empresaria, asegura que la crisis que en algún momento afrontó Jolie de Vogue se originó porque “intentaron llegar al mercado de catálogo cuando tenían a sus pies el de las grandes superficies, donde son excelentes”.
Por eso “cada día es un nuevo comienzo”, dice Cortés, quien ha sido durante 27 años la dueña de la firma cosmética patrocinadora del Concurso Nacional de Belleza y sobre quien Raimundo Angulo dice que es “una mujer a la que le han tocado altos y bajos, siempre vanguardista y moderna”.
Comentar su posible retiro la obliga a mirar por el espejo retrovisor hasta evocar sus 18 años, edad en la que decidió dejar los conventos donde pasó la mayoría de su infancia y toda su adolescencia para unirse en matrimonio con Rafael Chávez, un asalariado igual que ella, en la Iglesia del Voto Nacional en Bogotá, un día entre semana y dos horas antes de entrar a trabajar.
Quebrada la empresa donde trabajaban, el joven matrimonio decidió reunir las cesantías, comprar una camioneta vieja y abrir un “negocito” ambulante, que llegaba a tiendas de barrio de diferentes pueblos vendiendo Alka-Seltzer, vaselina y jabones. Mientras que su esposo se dedicaba a las ventas, María pasó de ser secretaria a jefe de exportaciones de una reconocida empresa. Un reto para ella, que le resultó bien con sus sólo dos años de cálculo mercantil, hasta que la crisis cerró las puertas de la organización.
Varios días duraron mirándose las caras, comenta María de Chávez, mientras juega con su corto cabello, hasta que surgió la idea de crear, con un señor Gamboa, Líneas de Amor, nombre en español de una marca de lápices de cejas. Todo iba bien hasta que el socio se desanimó.
Descrestados por una oferta laboral en Estados Unidos, en 1962 don Rafael y doña María dejaron la empresa en manos de Gamboa y quisieron probar suerte con sus seis hijos, uno de ellos de brazos.
Cumpliendo el sueño americano, conocieron a quien sería su nuevo socio en un negocio desconocido y arriesgado para la pareja: comercializar repuestos de avión. Dicho y hecho, el tipo se perdió con más de US$80.000, por los cuales pagaban 5% de intereses a un conocido de nombre Hernando Gómez. Todo eso, además de la deuda que tenían de US$40.000 por una casa que compraron en ese país.
Sobre la marcha
Después de la enésima bancarrota, en un garaje arrendado ubicado en el barrio Santa Fe, María de Chávez y su esposo empezaron a fabricar esmaltes en ollas y recipientes caseros, con la marca Vogue y bajo el nombre de Laboratorios de Cosméticos Vogue Ltda. Don Rafael se dedicó a fabricar insumos plásticos y ella quedó al frente del negocio de cosméticos. La marca empezó a competir con Max Factor, Yardley y Revlon.
A ella le tocó aprender sobre la marcha, “pues para los negocios internacionales se necesita mucho tacto”, explica doña María, quien va contando con los dedos de las manos cada uno de los retos que tuvo en aquellos días. En 1988, Jolie de Vogue entró a ser el patrocinador de cosméticos del Concurso Nacional de Belleza. Dos años más tarde, se convirtió en la empresa que lleva a la Señorita Colombia a participar en Miss Mundo.
La firma se empezó a fragmentar en varias marcas, entre ellas: Candy, Wendy, Linda, Viseé International Cosmetics S.A., Color Teens, Jolie de Vogue Professional Collection, Only You.
Mujer, madre, empresaria
Carlos Chávez Cortés, hijo de María de Chávez, asegura que es una mujer que ha respondido en todos los roles de su vida. “No es fácil ser mamá, esposa y empresaria al mismo tiempo. Pero ella lo tiene todo muy bien definido. Yo formo parte de la empresa y cuando ella ha visto la necesidad de hacerme ver las cosas en cuanto al negocio, lo ha hecho sin afectar nuestra relación madre-hijo”.
También se refiere a un episodio difícil para ella y su familia: “Mi papá perdió la vista. Vi a mi mamá soportar esa tristeza, sus viajes a Estados Unidos en busca de especialistas y, además, sacando la empresa adelante, siempre con la misma seguridad y valentía que la ha caracterizado”.