Tatsumaro Terazawa, aliado japonés de la economía colombiana

La historia del exembajador de Japón en Colombia que ha animado a empresas como Furukawa Electric a fabricar aquí y a Itochu a enviar el 6 % del carbón que necesitan las empresas de energía de su país.

Tatsumaro Terazawa, presidente del Concordia Financial Group, una de las entidades financieras más importantes de Japón. / Foto cortesía de Gonzalo Robledo
Tatsumaro Terazawa, presidente del Concordia Financial Group, una de las entidades financieras más importantes de Japón. / Foto cortesía de Gonzalo Robledo

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La economía colombiana tiene desde hace años un aliado excepcional en Tatsumaro Terazawa, ex embajador de Japón en Bogotá y actual presidente del Concordia Financial Group, una de las principales entidades bancarias regionales niponas con activos de unos 155 mil millones de dólares, o más de la mitad del PIB de Colombia.

Sus dos libros sobre Colombia pueden ser catalogados como oráculos elogiosos de un país que califica de “único en América Latina” por haber esquivado en más de un siglo de historia moderna la hiperinflación, los golpes de estado, las nacionalizaciones de firmas extranjeras y el impago de su deuda externa.

Directivos japoneses de empresas de manufactura y grandes comercializadoras niponas de materias primas apuestan por Colombia después de leer sus textos y escuchar sus comentarios entusiastas sobre la calidad de los recursos humanos colombianos.

Los lectores no especializados en economía, por su parte, son persuadidos de que la fama de Colombia como país violento obedece a la imaginación de sus creadores literarios obsesionados con atribuir el largo conflicto armado a la lucha de clases.

La particular visión de Colombia de este abogado de la Universidad de Tokio que aparenta 50 años y tiene 70, se empezó a gestar durante su etapa de embajador en Bogotá, entre 2007 y 2010.

Como el promedio de los diplomáticos japoneses enviados a países hispanohablantes, Terazawa habla un español bien pronunciado y pautado con largos silencios que le permite desempeñarse en cualquier reunión o entrevista. Pero a diferencia de la mayoría de los diplomáticos nipones, que por norma estudian el idioma en la Universidad de Salamanca, en España, Terazawa hizo carrera en el Ministerio de Hacienda japonés y aprendió español en Buenos Aires adonde fue enviado entre 1975 y 1978 como funcionario de la embajada de su país. Su profesora de idiomas se llamaba María Kodama, la viuda de Jorge Luis Borges.

Después de Argentina regresó al Ministerio de Hacienda y el 2004, a causa de una recaída de salud, renunció. Le ofrecieron una embajada y, esperanzado, pidió la de Buenos Aires.  El Ministerio de Exteriores japonés tenía otra idea y le asignó Bogotá. Empezó a investigar sobre Colombia y encontró libros en japonés que describían un país de historia convulsa, violento y peligroso para vivir. Hoy califica aquellos textos de “marquistas” por “seguir la visión de Gabriel García Márquez y presentar a Colombia como un país cuya violencia se origina en la lucha entre ricos y pobres”.

Aunque muchos de sus amigos lo desanimaron a aceptar el nuevo destino, y su esposa tampoco estuvo de acuerdo, viajó a Bogotá. Se encontró con un país rico en recursos naturales y graves problemas de repartición de tierras. Y por haber sido director general de la Dirección de Impuestos de Japón fue inevitable fijarse en la necesidad de mejores leyes tributarias. 

A medida que conocía el país se convenció de que Colombia compartía con el resto de América Latina el idioma, la religión y la historia, pero se diferenciaba y sobresalía por su manejo económico. “Me di cuenta de que los académicos japoneses se equivocaban al considerar a Colombia un país más de América Latina”, afirma. La tasa sostenida de crecimiento y la estabilidad de la economía colombiana terminaron de seducirlo y se impuso como tarea pregonar esas virtudes entre los inversores japoneses.

Sus lecturas lo inclinaron más hacia la figura del general Francisco de Paula Santander que a la de Simón Bolívar. Adoptó como suya la visión de Eduardo Posada Carbó de que la violencia colombiana es un demonio que toca exorcizar y se hizo admirador incondicional del entonces presidente Álvaro Uribe por “atreverse a imponer impuestos de guerra a riesgo de perder popularidad”. Las teorías de Miguel Urrutia sobre Colombia como una nación alérgica al populismo económico y cuyas estadísticas se mueven con “suaves curvas”, cabalgan en las páginas de sus libros y hoy son parte importante de su ideario financiero.

Por orden del gobierno de Tokio se dispuso a “romper la cadena de la pobreza en Colombia contribuyendo a la educación” y con una bolsa millonaria de fondos de ayuda creó más de 200 escuelas y bibliotecas en todo el país. Como el problema de las minas antipersonal también le preocupaba, pidió otro millón y medio de dólares y donó al ejército colombiano máquinas barreminas.

El cariño por su país de destino, que los diplomáticos suelen arrinconar cuando son enviados a la siguiente legación, cobró protagonismo a su regreso a Tokio. Dejó el servicio público por la banca y mientras presidía el Banco de Yokohama, el mayor banco regional japonés, sacó tiempo para fundar la Asociación de Amistad Colombia Japón que reúne ejecutivos y funcionarios japoneses que alguna vez trabajaron en Colombia y siguen vinculados al país a través de conferencias, actividades culturales y otros eventos de divulgación.

También escribió su primer libro que tituló “Historia política y social de la violencia, El exorcismo de un joven país llamado Colombia”. (Violencia no seiji shakai- shi, Wakaki kuni Colombia no akumabarai). El libro es una refutación de la lucha de clases como origen de la violencia colombiana que Terazawa respalda con el argumento de que la violencia está presente en la historia de todos los pueblos en tiempos de guerra. “Los japoneses somos muy gentiles, pero durante las guerras mundiales nuestros soldados fueron muy violentos. Igual que los soldados norteamericanos en Vietnam”.

Su prestigio en el mundo financiero se disparó en 2016 cuando el Banco de Yokohama se fusionó con su rival más próximo, el Banco Higashi Nippon, y formó el mayor holding regional de Japón en activos, el Concordia Financial Group, que Terazawa pasó a presidir.

Su segundo libro “La cara real de Colombia” (Colombia no sugao) cuya portada adorna la balsa muisca del Museo del Oro, es un manual de economía con cuadros y estadísticas que sirven para examinar en detalle la singularidad del manejo finaciero colombiano en el contexto latinoamericano. Terazawa explica que Brasil, México o Perú son plazas importantes para la inversión en América Latina, pero debido a que esos países tienen en su historia hiperinflación, impagos, nacionalizaciones o golpes de estado, invertir también en Colombia es una forma segura de aminorar esos riesgos.

Un tema sobre el que declara “no saber nada” es la corrupción. “Es un problema internacional y la corrupción en Colombia es pequeña comparada con la de China”, anota para zanjar el tema. Recalca que la idea del segundo libro es, además, mostrar a los japoneses cómo Colombia ha podido mantener un crecimiento estable durante casi cien años gracias “a la falta de populismo fiscal”. El populismo económico es muy peligroso, añade y reprocha al actual primer ministro japonés, Shinzo Abe, el “querer evitar el incremento del impuesto al consumo y pretender aumentar el gasto social mientras su país sufre un déficit récord cuyo fin no se vislumbra”.

Asegura haber animado a empresas como Furukawa Electric a fabricar en Colombia cables ópticos y de comunicaciones y a la comercializadora Itochu a enviar desde Colombia cerca del 6 por ciento del carbón que necesitan las empresas de energía de Japón.

Los inversores japoneses “necesitan saber más”, sostiene el ejecutivo y concluye que el próximo hito para que en Japón haya un boom de información sobre la economía colombiana tendrá lugar cuando se firme el Acuerdo de Asociación Económica (EPA por sus siglas en inglés), que los dos países negocian desde hace seis años.

*Periodista, productor y documentalista colombiano radicado en Japón.

En Medellín se amplían relaciones entre Japón y Colombia

Medellín será la segunda ciudad del país en contar con una oficina de la Cámara Colombo Japonesa de Comercio e Industria, gracias a una relación bilateral entre las dos naciones que comenzó hace 110 años, cuando firmaron un tratado de Amistad, Comercio y Navegación. La primera oficina se instaló en Bogotá hace 30 años, informó la agencia de noticias de la Universidad Eafit. Se presentó el 16 de febrero con presencia de Keiichiro Morishita, embajador de Japón en Colombia. El objetivo de esta nueva oficina binacional es ofrecer servicios enfocados en líneas estratégicas, como asesorías en comercio exterior y la promoción de la educación y la cultura. Los afiliados a esta cámara son, principalmente, las empresas japonesas con intereses comerciales en Colombia y los empresarios colombianos con intereses en ese país asiático. La junta directiva de la Cámara es precedida por Myung-Ho Lee, presidente de Mitsubishi Colombia, quien, visto el potencial empresarial de Antioquia, decidió abrir una oficina en Medellín y estrechar los lazos comerciales con la industria regional y la innovación paisa, prestando asesoría a las empresas que estén potencialmente interesadas en inversión y cooperación con Japón.

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