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Tierra con futuro

Tres antioqueños crearon un negocio redondo: reunir a los dueños de las tierras, a los inversionistas, al campesinado y al Gobierno.

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Julio Varilla Ochoa, un cordobés desterrado a tierras impropias del Urabá antioqueño, sorteaba sus días con algunos pesos dejados por el mototaxismo y las “barbachas” conseguidas en trabajos fortuitos de albañilería. Huyó con su dios y su familia de Valencia (Córdoba) para San Pedro (Urabá) a enfrentarse al piso de cemento y asfalto, mientras que su quehacer como arador de tierra se hospedaba en las gavetas del conflicto y del olvido.

En tierra arrasada y brava, como este campesino la describe, “no había quién echara mano”. Hasta que al pueblo comenzaron a llegar rumores de que una empresa ofrecía empleo. “Dizque es por San Juan y Necoclí. Que pagan hasta los festivos, hay vacaciones, pagan prima y prometen casa”. “¿A quién toca matar?”, se preguntaba Varilla. Según él, los últimos que se fueron detrás de la promesa de un trabajo, jamás volvieron. ¿Un falso positivo? ¿Cómo paramilitar obligado? ¿Cómo raspachín de coca? ¿O como operador de maquinaria para el arado? Eran varias las hipótesis de Varilla, pero aun así decidió lanzarse al primer bus con rumbo al futuro anunciado, un día cualquiera de 2010.

Cinco años antes de que Julio Varilla partiera a encontrarse con quién sabe qué, Juan Sebastián Herrera, Camilo Pérez y Ricardo Jaramillo, tres jóvenes antioqueños, recién graduados y desempleados, decidieron también lanzarse al vacío y crear una empresa en un sector desconocido: la agricultura.

No tenían tierras, poco o nada sabían de agro y tampoco tenían dinero para invertir. Casi nada, sólo la voluntad. Una noche, reunidos en casa de alguno de ellos, decidieron que el éxito de la empresa estaba en gerenciar un proyecto en el que terceros pusieran la tierra, el conocimiento y la plata. Y así fue como nació Agrofuturo. “En principio tocó pedirle prestada plata a todo el que conociéramos. Atendíamos desde la casa. Duramos dos años sin sueldo. Al principio todo era pérdidas y promesas. Hasta que al fin conseguimos el patrocinio de la Secretaría de Producción de la Gobernación de Antioquia”, explica Jaramillo, quien es el gerente general de la empresa.

Promesas, lo que hace mover a la gente, lo que empujó al campesino Julio Varilla a tomar un bus que lo dejó a orilla de un camino destapado y polvoriento en San Juan (Urabá). Caminó “a la buena de Dios” hasta una finca que coincidía con la dirección que el rumor le había dejado. “Buenas, don. Soy operador de maquinaria para el campo. ¿Sí necesita a alguien así o estoy equivocado? Porque si no, tranquilo, disculpe”, saludó, se presentó y se despidió al mismo tiempo, muerto del susto, Varilla.

Pero resultó que ésa sí era la dirección y la promesa, y allí se quedó. Hoy ‘el compa’ Varilla trabaja en Agrofuturo, en esa idea loca en la que los tres jóvenes paisas empezaron a trabajar en 2005, época en la que Julio Varilla corría desventurado por todos los recovecos que estuvieran al paso desde Córdoba hasta el Urabá antioqueño.

Año en el que Jaramillo, Herrera y Pérez plantearon la necesidad de una estrategia que diera a conocer la empresa. Así que se inventaron una feria, por la cual nadie daba un peso, pero que terminó siendo un éxito, dándole paso a la creación de proyectos con la unión de diferentes actores. “La idea era que con $30 millones se pudiera acceder a un proyecto. Nosotros los gerenciamos y los recursos son administrados por fiducias o patrimonios autónomos”, explica Jaramillo, quien asegura que “el éxito fue crear una feria que reuniera a todas las partes del negocio, hasta los créditos”.

Hoy Julio Varilla es operador de maquinaria en el proceso del arado en un cultivo de piña. Gracias a Agrofuturo, pudo obtener 15 hectáreas y tener su propio proyecto agrícola. Mientras que Agrofuturo terminó hace poco su sexta edición de Expo Agrofuturo, con $7.000 millones en inversiones y la presencia de los ministros de Agricultura y Comercio.

Feria de créditos agrícolas

En la sexta versión de la feria Expo Agrofuturo, realizada este mes en Medellín, los agricultores colombianos solicitaron 350 créditos que suman $30.000 millones. Esto gracias a la Ronda de Créditos Agropecuarios atendida por el Grupo Bancolombia a través de productos y servicios para el sector como Agrofácil, Créditos Finagro, Banca Vehículos, leasing y tarjetas de crédito.

Por otra parte, las inversiones en la feria se direccionaron especialmente a proyectos de piña y cacao. Ricardo Jaramillo, director de Expo Agrofuturo, aseguró que se plantearon inversiones en este tipo de cultivos por $7.000 millones, de los cuales $1.000 millones son para cacao.

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