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Aunque no los vemos, los procesadores son uno de los grandes motores de la economía mundial. Estas diminutas piezas de silicio están presentes en computadores, teléfonos celulares y en los gigantescos centros de datos. Sin ellos, el mundo tal como lo conocemos dejaría de funcionar.
Según la firma de inteligencia de mercado Precedence Research, el año pasado la industria global de los procesadores estuvo valorada en más de US$584.000 millones. Se prevé que para 2034 alcance los US$1,2 billones, una cifra equivalente a poco más del 4 % del PIB de Estados Unidos en 2024.
Es clave entender que estas piezas siguen y seguirán despertando un apetito voraz, especialmente por el auge que ha tenido la inteligencia artificial generativa, ya que los procesadores son esenciales para su funcionamiento.
En este contexto, recientemente salió a la luz uno de los negocios que seguro estará en el grupo de los más sonados del año: la alianza entre dos compañías que hasta hace poco eran rivales históricos, NVIDIA e Intel.
Mediante un comunicado, la primera anunció que invertirá US$5.000 millones en acciones comunes de la segunda, lo que le daría una participación cercana al 4 %. Gracias a estos recursos, detalla NVIDIA, “se desarrollarán en conjunto varias generaciones de productos de PC, así como centros de datos personalizados que acelerarán las aplicaciones y cargas de trabajo en los mercados de hiperescala, empresariales y de consumo”.
Información más detallada muestra que NVIDIA pagaría US$23,28 por acción. Hay que tener en cuenta que esta compra está sujeta a las aprobaciones regulatorias requeridas.
Más allá de lo anterior, esta alianza va en serio. En el anuncio se detalló que ambas compañías van a conectar sus arquitecturas mediante NVIDIA NVLink (una especie de puente que permitirá que los chips de ambas empresas se comuniquen rápido). Esto facilitará la integración de la inteligencia artificial y la computación acelerada de NVIDIA con las tecnologías de CPU de Intel y su ecosistema x86. Con esto, detallan las compañías, se ofrecerán “soluciones de vanguardia a los clientes”.
“La IA está impulsando una nueva revolución industrial y reinventando cada capa de la pila de computación, desde el silicio hasta los sistemas y el software. En el corazón de esta reinvención se encuentra la arquitectura CUDA de NVIDIA. Esta colaboración histórica integra estrechamente la pila de IA y computación acelerada de NVIDIA con las CPU de Intel y el vasto ecosistema x86: una fusión de dos plataformas de clase mundial. Juntos expandiremos nuestros ecosistemas y sentaremos las bases para la próxima era de la computación”, dijo Jensen Huang, fundador y CEO de NVIDIA.
Por su parte el CEO de Intel, Lip-Bu Tan, resaltó que está dispuesto a que toda su tecnología complemente el liderazgo que ha demostrado NVIDIA en materia de inteligencia artificial y computación acelerada. “Agradecemos la confianza que Jensen y el equipo de NVIDIA han depositado en nosotros con su inversión y esperamos con interés el trabajo futuro mientras innovamos para nuestros clientes y expandimos nuestro negocio”, concluyó.
Un salvavidas para Intel
Esta inyección de recursos es un respiro importante para Intel, pues en el último tiempo las finanzas no le han sido favorables.
Para el segundo trimestre de 2025, esta compañía registró ingresos por US$12.900 millones, una cifra prácticamente igual a la consolidada en el mismo periodo del año inmediatamente anterior. En los resultados financieros también se evidenció una pérdida de US$0,10 por acción.
También fue un periodo de múltiples gastos, pues en este rubro la empresa reconoció US$1.900 millones en reestructuración (recortes, despidos y ajustes internos); US$800 millones por deterioro (sus inversiones y activos valieron menos de lo que esperaban); y US$200 millones en costos extra.
En medio de este panorama, Intel anunció el despido de 24.000 empleados, así como la suspensión de sus proyectos en Alemania y Polonia, así la reducción del ritmo de construcción en Ohio. Con estas movidas, detalla la compañía, se busca alcanzar un máximo nivel de optimización en su productividad, así como de la rentabilidad del capital invertido.
Recientemente, otro importante salvavidas financiero para Intel provino del Gobierno de Estados Unidos. La administración de Donald Trump decidió invertir US$8.900 millones en acciones ordinarias, lo que lo deja con una participación del 10 %. En total fueron 433,3 millones de acciones, a US$20,47 cada una (menos de lo que pagaría NVIDIA).
“Intel se complace en dar la bienvenida a Estados Unidos como accionista, contribuyendo así a la creación de los chips más avanzados del mundo”, manifestó en su momento el secretario de Comercio de Estados Unidos, Howard Lutnick.
Cerrando este listado de ‘todos quieren con Intel’ está SoftBank, que a mediados de agosto firmó un acuerdo de inversión por US$2.000 millones, también en acciones ordinarias (se pagará US$23 por acción).
“Los semiconductores son la base de todas las industrias. Durante más de 50 años, Intel ha sido un líder de confianza en innovación. Esta inversión estratégica refleja nuestra convicción de que la fabricación y el suministro de semiconductores avanzados seguirán expandiéndose en Estados Unidos, con Intel desempeñando un papel fundamental”, expresó tras la firma el presidente de SoftBank, Masayoshi Son.
El futuro de la computación no parece escribirse en solitario. Si algo deja claro la millonaria movida alrededor de Intel es que la inteligencia artificial, los chips y la economía digital serán terreno de alianzas impensables. Y todos quieren un pedazo de ese poder.
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