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UE espera un nuevo ímpetu de Alemania, pero esta no cambiará su curso

Alemania es «muy integrista, muy proeuropea», dijeron fuentes de la UE.

EFE
16 de septiembre de 2013 – 04:36 a. m.

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La Unión Europea (UE) observa con cierta impotencia y frustración a una Alemania que frena decisiones clave para una mayor integración europea, aunque espera pocos cambios tras las elecciones alemanas que se celebrarán el 22 de septiembre próximo.

«Si alguien espera grandes pasos hacia la integración europea tras las elecciones alemanas, va a ver que eso no ocurrirá», con independencia de la coalición que se forme en Alemania, dijo a Efe Nina Schick, experta del centro de estudios Open Europe.

En los pasillos de las instituciones comunitarias se comparte esta opinión: «Sea cual sea el resultado de las elecciones, la política y el enfoque europeo de Alemania no estará marcado por un cambio radical, e incluso si hubiera algunas modificaciones, sería más una cuestión de matices», señalaron fuentes de la UE.

Por ello, el mayor peligro está en una posible «desilusión postelectoral», escribe Ulrike Guérot en un análisis del Consejo Europeo sobre Relaciones Exteriores (ECFR, en sus siglas en inglés).

«Muchos líderes políticos en otros Estados miembros de la UE (…) quieren que Alemania, la mayor y más poderosa economía en la Unión, acepte responsabilidades de liderazgo político acordes con su peso económico», considera Guérot.

«Quieren que Berlín ponga el dinero donde haga falta y quieren que asuma con palabras y con hechos la necesidad de una mayor integración europea y que, gane quien gane, proponga una perspectiva a largo plazo para el futuro de Europa«, agrega.

El pragmatismo y el «paso a paso» que en la política europea emplea la canciller alemana, Angela Merkel, es criticado por quienes esperan avanzar más rápidamente en esa integración.

Alemania es «muy integrista, muy proeuropea», dijeron fuentes de la UE, que señalaron que a veces algunos de los otros socios presentan a Berlín un «sorprendente catálogo de exigencias» sin tener en cuenta que tiene sus propias «líneas rojas» marcadas por los votantes y por una Constitución que le impide ir más allá.

«Hay una brecha entre las expectativas europeas de una Alemania más enérgica y constructiva y la capacidad de Alemania para cumplirlas», indicó Guérot.

En una reciente encuesta publicada por Open Europe se refleja que los votantes alemanes respaldan el lema «más Europa» pero con muchos condicionantes que limitan la actuación de Berlín.

El apoyo al euro sigue siendo mayoritario entre los votantes, pero a la vez muchos consideran que la eurozona debería reducirse a un selecto grupo de miembros y casi la mitad opina que la moneda única no debe ser salvada a toda costa.

Una clara mayoría considera que el próximo Gobierno alemán no tiene el mandato para dar más ayuda financiera directa o indirecta a otros países, ni para aceptar un cortafuegos común para la banca -como sería un fondo único de resolución- eurobonos, transferencias fiscales o para perdonar parte de la deuda de países del sur.

Y una unión política solo sería respaldada por los alemanes si va aparejada a un mayor control presupuestario sobre los demás.

A esto se suma «el enorme respeto de los alemanes al estado de derecho«, comenta Schick, como reflejan los casos de iniciativas comunitarias que han acabado ante el Tribunal Constitucional (TC) de Karlsruhe, y el profundo convencimiento de que el proyecto estrella de la UE, la unión bancaria, no es posible sin una unión política.

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Cada paso debe ser sólido legalmente y políticamente legitimado, por lo que para Berlín una transferencia de poderes a Bruselas solo es posible si se cambia el Tratado de la UE, indica Guérot.

Por eso Alemania avanza con una «cautela que seguirá empleando» e incluso «descafeinando propuestas» comunitarias, afirman desde Open Europe, muy a pesar de quienes quisieran ir con más celeridad.

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Quizás por eso Europa solo ha aparecido en el debate electoral alemán en la etapa final de la campaña con unas declaraciones del ministro de Finanzas, Wolfgang Schäuble, sobre un tercer rescate para Grecia y otras de Merkel, diciendo que no se podía confiar en el Partido Socialdemócrata (SPD) en la crisis del euro.

«Las diferentes posiciones se verán más claramente después de las elecciones», pero Alemania proseguirá el curso actual, dijo a Efe Guntram Wolff, director del centro de estudios Bruegel.

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Mientras que Merkel seguirá con su defensa de la austeridad y resistencia a cualquier mutualización de la deuda, el candidato socialdemócrata, Peer Steinbrück, aboga por no desechar de antemano instrumentos como los eurobonos o un fondo de amortización de deuda y defiende una consolidación que no estrangule a los socios del sur.

«Con Steinbrück habría más apoyo a los países del sur, mientras que Merkel no está lo suficientemente dispuesta a abrir el monedero,» para hacer una diferencia en materia de medidas de fomento al crecimiento, consideró Wolff.

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«Si gana Steinbrück habría un poco menos de austeridad«, coincide Schick, «pero en ningún caso un cambio de curso fundamental», opinó la experta, que considera que Berlín «simplemente carece de la ambición política para liderar claramente en tiempos de complicaciones».

«Más bien espera influir los acontecimientos dando ejemplo, consiguiendo que otros transpongan el espíritu ahorrador y la competitividad de Alemania en sus propias culturas financieras, económicas y políticas», opinó Guérot.

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