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Recursos, dinero, plata, esos son los grandes obstáculos que tienen muchos de los emprendedores colombianos a la hora de establecer su empresa, hacerla crecer o, incluso, convertirla en una generadora de empleo que impacte no sólo a la familia del creador, sino a quien la rodea. Pero el escenario es aún más complicado si se está en el campo y se endurece en gran medida si la zona en la que se estableció tiene algún tipo de presencia guerrillera, paramilitar o de bandas criminales. Un área de conflicto.
Por eso, justo 12 días después de que el presidente Juan Manuel Santos anunciara el acuerdo con las Farc en materia de justicia -en medio de las conversaciones de paz que se adelantan en La Habana, Cuba-, la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) y el fondo de inversión Acumen anunciaron formalmente la creación del Fondo Invirtiendo para la Paz, con US$4 millones de base y que servirá para apoyar a esas empresas que no han podido contar con el dinero suficiente para fortalecer sus proyectos y solidificarlos.
“Nuestro trabajo es reconciliar una Colombia pujante de una economía creciente, que tiene una modernidad evidente con acceso a la tecnología, innovación y capital, con una Colombia rural afectada por el conflicto armado que no tiene acceso a esos bienes de capital, poco acceso a mercados”, cuenta Peter Natiello, director en Colombia de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid). Y por eso se asociaron con Acumen, crearon el fondo y cada uno puso en la bolsa US$2 millones.
El objetivo, entonces, es atacar la elevada inequidad que hay en el campo, pues de acuerdo con las cifras publicadas el pasado 22 de septiembre por el DANE en el Censo Nacional Agropecuario, “el 45,5% de la población residente en el área rural dispersa censada se encontraba en condición de pobreza”. Grave situación si se tiene en cuenta que Colombia quiere convertirse en la gran despensa mundial de alimentos y por esa vía tener en el campo la gran agroindustria.
Entonces, ¿qué requisitos debe cumplir una empresa para poder acceder a esos recursos del Fondo Invirtiendo para la Paz? Deben ser comercialmente rentables, pero su razón de ser un impacto social. No se trata de lucro. Que tengan equipos gerenciales capaces de sacarlas adelante, que ya tengan recorrido y este capital sirva para hacerlas crecer. Y, además, deben tener parte de su actividad o toda en los municipios de consolidación, es decir, 58 que están en el tránsito del conflicto a la paz y reconciliación ubicados entre el Catatumbo, Arauca, Nudo del Paramillo, Cauca, Tumaco, Macarena y Putumayo.
“Tomamos decisiones conscientes cuando arrancamos: trabajar en áreas rurales e impactar en modelos de negocios que ataquen la pobreza. Por eso el foco rural. Esa otra Colombia que ha sido históricamente excluida como el sur del país, el Pacífico, la Orinoquia, parte de la Costa Atlántica y también hogares con mujeres cabeza de familia, población afro y comunidades indígenas”, relata Virgilio Barco, director para América Latina de Acumen.
El Fondo tiene una vida de tres años con posibilidad de ampliarse, dependiendo de los resultados, y aunque sus fundadores tienen claro que la demanda es mucho más alta que los recursos existentes, confían en que los emprendimientos sociales beneficiados permitan generar recursos con los que se pueda ayudar a otros que lo necesiten. “No vemos que la rentabilidad vaya en contra del impacto social, al contrario, un empredimiento de este tipo puede perdurar en el tiempo, crecer e invertir en otras empresas similares”, explica Barco.
Acumen tiene 15 años y ha hecho inversiones en el mundo por más de US$80 millones en el sur de Asia, en India y Pakistán. Ahora, hace dos años, arrancaron en América Latina, en Perú y Colombia, con énfasis en este último. “La idea es que esas empresas agroindustriales pequeñas integren en sus cadenas de valor a pequeños productores quienes recibirán asistencia técnica para que mejoren su productividad y aseguren volúmenes de producción. De esa forma impactarán también sus ingresos. Estas empresas se convertirán en polo de desarrollo de la zona y serán muchas de ellas las que crearán más y más cadenas de negocio nuevas en zonas donde no las hay, como por ejemplo con cacao o caucho en áreas donde apenas están arrancando esas actividades”, agregó Barco.
Los recursos por parte de Acumen provienen de personas naturales, fundaciones y cooperación internacional. Con estos US$4 millones se esperan hacer de 8 a 10 grandes inversiones y demostrar que se pueden poner recursos de manera productiva en las zonas tocadas por la guerra con importantes beneficios para la sociedad.