
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
“Quiero trabajar hasta el último día de mi vida en el cacao porque me gusta, me fascina. Este proyecto no lo cambiaría por nada”, asegura Nubia de Jesús Cataño, productora de Maceo, Antioquia. Ella y su esposo, Norberto Antonio Meneses, hacen parte de las más de 65.000 familias que se dedican a ese cultivo en unos 600 municipios del país.
El grano en Colombia atraviesa un momento de expansión y bonanza en aspectos como la producción, exportaciones y los precios al productor. Ha logrado cifras récord: en 2024 se registró un valor de exportaciones de US65,2 millones FOB del grano, muy por encima de los US$13,5 millones registrados en 2023.
La producción también ha mantenido su crecimiento, pues el año pasado fue de 67.678 toneladas, el segundo mayor valor registrado desde 1990, que solo fue superado en 2021 con 69.040 toneladas, de acuerdo con cifras de la Federación Nacional de Cacaoteros (Fedecacao).
Aunque en este momento hay unas 192.000 hectáreas sembradas, la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA) ha identificado más de 300.000 hectáreas técnicamente aptas para el cultivo. Fedecacao estima que son siete millones de hectáreas las que tienen potencial de siembra. Vale la pena aclarar que la planta se demora unos tres años para dar fruto porque es un cultivo de tardío rendimiento.
Estas áreas se encuentran por debajo de los 1.200 metros sobre el nivel del mar, lo que es importante porque se trata de zonas aptas también para los cultivos de la hoja de coca. Eso ha hecho que el cacao se destaque entre los programas de sustitución de cultivos, especialmente en regiones como el Amazonas, Caquetá, Meta, Putumayo, Nariño, Chocó y el Magdalena Medio, de acuerdo con Carlos Duarte, miembro del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali.
De hecho, Fedecacao reporta que han sido 25.000 hectáreas sustituidas con el grano entre 2022 y 2024, lo que ha impactado a unos 20.000 productores.
Otro caso que muestra los beneficios del cultivo es el de Magaly Restrepo y Jesús María Espinosa, quienes llegaron a él después de dar muchas vueltas. La finca en la que se encuentran, en Maceo, era del abuelo de Espinosa y estaba dedicada a la caña. Tenían un trapiche que cerró en un momento de bajos precios de la panela. Fue entonces cuando probaron con el café. Pero el clima no era el mejor para el cultivo, así que se fueron por el cacao.
Ahora la familia lleva más de 20 años siendo cacaotera y están buscando aumentar las siembras. A Espinosa lo que más le gusta del cultivo es que es “fácil de trabajar” y permite convertir el grano en muchos subproductos como chocolatinas, chocolates, pasabocas y hasta licores.
De hecho, Restrepo tiene su propia marca de productos bajo el nombre Cacao Bienestar, que es su fuente de trabajo y de ingresos. “Yo no me quiero ir del campo, pero sí quiero tener recursos económicos. Por eso ha sido un beneficio muy grande saber que tengo mi cultivo para transformar, así mejora nuestra calidad de vida y no estamos dependiendo del precio local, que varía constantemente”, relata la emprendedora.
Cacao mejor pagado, chocolate más caro
Si bien agregarle valor a la materia prima permite una mayor rentabilidad, buena parte de la bonanza en la que están hoy los cacaocultores se debe a los buenos precios internacionales del grano. A finales de 2024 superó el triple del valor que se pagaba antes de 2022 (como se ve en el gráfico), pues llegó hasta los $30.000 el valor del kilo, mientras que los costos de producción son de unos $8.500 en promedio.
Lo que explica dicha dinámica es que los países de África Occidental, donde están los mayores productores, tuvieron muy malas cosechas que provocaron un enorme déficit mundial del grano y dispararon los precios. Aunque este año mejoraron un poco, las perspectivas de la cosecha de Costa de Marfil (mayor productor) no son las mejores, debido a que en un momento crítico del proceso se ha dado una grave sequía.
Además de la ventaja del clima, Colombia cuenta con un grano de mejor calidad, de acuerdo con Héctor Fabio Ramos, docente de la facultad de Ciencias Agropecuarias de la Universidad Nacional, sede Palmira. Y añade que el país ha dado tazas premiadas a nivel mundial.
La situación del mercado internacional ha beneficiado a los productores locales, pese a que no siempre el pago ha sido el registrado en la Bolsa de Valores de Nueva York. Esto ha sido motivo de queja de algunos sectores, como la Mesa Nacional Cacaotera de Colombia (MNC), que denuncia que las grandes industrias y exportadores ejercen un monopolio sobre la cadena.
La explicación de Eduard Baquero López, gerente de Fedecacao, es que el sector no tiene el músculo para establecer un precio interno. Pero que de todos modos los precios son muy buenos y permiten que haya una buena rentabilidad para los cacaoteros y para los exportadores, que también se han beneficiado de la situación.
Al final, el impacto de esa alza en los precios de producción del grano lo asume toda la cadena, por lo que palabras más, palabras menos, encarece el costo del chocolate, las chocolatinas y demás derivados que se consumen en el país. Se calcula que el consumo per cápita de cacao es de 0,95 kilos por persona al año.
“Hace seis meses hasta nos pagaban $37.000 el kilo y eso es maravilloso parar nosotros, pero también tenemos que ser conscientes de las implicaciones. Los transformadores pequeños y medianos se quebraron en ese momento. Realmente un precio sobre los $20.000 es muy bien pago”, sostiene Evelio de Jesús González, cacaocultor antioqueño.
Por su parte, la Cámara de la Industria de Alimentos de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (ANDI) reconoce que el contexto presiona la competitividad y obliga al sector a ser más eficiente e innovador para trasladar el menor impacto posible al consumidor. Por eso, esta industria colombiana ha tenido que fortalecer su gestión y reducir la dependencia de insumos externos.
Pese a los esfuerzos de las empresas, en el país el chocolate y productos derivados han subido de precio 27,24 % entre julio de 2024 y 2025, de acuerdo con el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE).
Cómo se ve el futuro del cacao en Colombia
Ahora bien, toda bonanza es pasajera. Por eso cada productor está buscando sacarle el mayor provecho posible a este buen momento. De un lado, Cataño y Meneses están ahorrando buena parte de las ganancias para alguna eventualidad. La rentabilidad del grano también les ha servido para enganchar y enamorar del cultivo a uno de sus hijos, que se había dedicado a asuntos como la minería y la construcción.
Mientras que Restrepo y Espinosa han reinvertido en su finca para lograr una certificación de buenas prácticas agrícolas que le dé más valor al grano y a los productos que fabrican. Por el contrario, González está apostando por otra iniciativa agropecuaria que nada tiene qué ver con el cacao: la piscicultura. Entonces está invirtiendo en infraestructura y adecuaciones para cultivar peces como la cachama.
Pese a que los proyectos de cada familia son distintos, los cacaoteros coinciden en que la situación actual del cultivo les ha permitido mejorar su calidad y condiciones de vida. Por su parte, desde Fedecacao insisten en la renovación porque le permite a los cultivadores aumentar la productividad de las plantas y así poder seguir obteniendo ganancias en el futuro, aunque el precio caiga.
De todos modos, aún es amplio el potencial de crecimiento que tiene el grano en temas de restitución, áreas sembradas, volumen y exportaciones, especialmente mientras la producción de África se recupera. “Yo le tengo fe al cacao”, dice el docente Ramos e incluso insinúa que podría superar al café porque tiene muchísimas más alternativas de subproductos.
Sin embargo, considera que hace falta fortalecer al gremio, invertir, aumentar la asistencia técnica, apoyar a las organizaciones de pequeños y medianos productores y organizar a las comunidades. Duarte añade que también se necesita impulsar con más fuerza la renovación, fortalecer la seguridad, formalización de las propiedades, el acceso a créditos, mayor acompañamiento, y salvaguardas robustas por parte del gobierno porque es un cultivo vulnerable al cambio climático y a las plagas.
En últimas, se trata de una fuente de ingreso estable a mediano y largo plazo, con ciclos productivos que pueden extenderse por más de 25 años con buen manejo. No solo es muy atractivo, sino también enamora, como le pasó a Cataño y Meneses. Ellos están seguros de que el árbol retribuye todo lo que invierten y con cada cuidado mejora el fruto.

💰📈💱 ¿Ya te enteraste de las últimas noticias económicas? Te invitamos a verlas en El Espectador.
Comentarios