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Cualquiera pensaría que detrás de un país que tiene uno de los fondos de inversión más grandes del planeta, la refinería más grande de Asia (aunque no se encuentra petróleo en sus suelos), y que lleva las banderas de la educación técnica, la innovación y la biotecnología, hay una larga historia de desarrollo. Pero Singapur ha logrado todo esto en solo cuatro décadas. Los colombianos que acompañan al presidente Juan Manuel Santos en su gira por la isla asiática, así como los singapurenses que se dan el lujo de vivir en su país, coinciden en esta apreciación: es un milagro.
Cuando Gran Bretaña le retiró al país su estatus de colonia británica, en 1963, la isla era tan pobre que ninguna otra nación quiso responsabilizarse de su territorio. Su PIB en los años 60 era menos de la mitad del de Argentina y similar al de México y Jamaica. Pero sucedió el milagro y ahora el país que tiene una extensión que correspondería a la mitad de Bogotá, y sin recursos naturales (hasta el agua que consume es importada), exporta US$235 mil millones (casi más que Brasil y Argentina juntos), posicionándose como uno de los cuatro tigres asiáticos junto a Hong Kong, Taiwán y Corea del Sur.
La nación que tiene cuatro millones de habitantes recibe anualmente a 70 millones de pasajeros. Un pueblo donde, a pesar de su crecimiento comercial desbordante y su alta competitividad, se respira en cada uno de sus rincones, forrados por una exuberante capa vegetal, calidad de vida.
Este milagro tiene muchas explicaciones. A las afueras del palacio Istana, la residencia oficial del presidente de Singapur, Tony Tan Keng Yam, miembros del partido que gobierna el país coinciden en la misma respuesta: “Organización y absoluto respeto de la ley, pero sobre todo visión política y económica hacia el futuro”.
Por ejemplo, dicen, desde la fundación del país el inglés se estableció como una lengua oficial, junto al chino, el malayo y el tamil (un dialecto indio), lo que facilitó la apertura del país a la globalización y la rápida llegada de inversionistas y empresas extranjeras. También lo enfatiza el presidente Santos a la salida de cada evento al que asiste: “Llevo 20 años en la vida pública colombiana y hasta ahora me están cambiando el discurso. Aquí no me ofrecen ayuda para luchar contra el narcotráfico, ni para solucionar problemas del pasado, aquí solo piensan, desde sus inicios, en el futuro”.
Pero el secreto que hace de Singapur el país del futuro es ante todo la obsesión de su gobierno por la educación. Santos visitó el imponente Institute of Technical Education, que equivaldría -guardando proporciones- al Sena en Colombia. El ITE alberga en tres sedes a alrededor de 24 mil estudiantes en programas técnicos, a los cuales el gobierno subsidia con más del 80% de las carreras. A falta de recursos, el país se ha enfocado en cultivar a su propia gente, en un sistema de rigurosa meritocracia y un método de enseñanza centrado en el rendimiento. En gigantescas salas de belleza, talleres de aeronáutica, robótica, los estudiantes trabajan – o estudian en un campo de trabajo simulado-. Al graduarse, el 90% consigue trabajo en menos de 6 meses -la tasa de desempleo del país ronda el 2%-.
“En ITE existe tal vez lo mejor del mundo en capacitación para el empleo, y el director del Sena, que me acompaña en este viaje, pretende hacer un acuerdo de cooperación con este centro para ver cómo podemos aprovechar nosotros mejor esos procesos de capacitación técnica para generar más empleo, pertinente y de calidad”, dijo Santos.
Los técnicos singapurenses son el corazón del comercio nacional. A partir de este sistema educativo dirigido a la industria y a las necesidades del siglo XXI, Singapur se ha convertido en el país con mayores avances en la rama que marcará una revolución tan importante como la de la informática: la biotecnología, una de sus principales apuestas que hoy representa el 25% de la economía de la isla asiática.
Al cierre del seminario de inversión Colombia-Singapur, al cual asistieron entre otros empresarios el presidente de la Andi, Luis Carlos Villegas (quien firmó un acuerdo de entendimiento con International Enterprise, la agencia de los negocios de Singapur en el extranjero), Santos calificó a Colombia como el “campo ideal” para las necesidades de la industria asiática.
No solo por los proyectos de infraestructura que están planeados – en los cuales se invertirán US$55 mil millones en los próximos diez años-, sino en el dialogo que puede entablarse entre la biodiversidad colombiana, superior a la de cualquier otros país del mundo, y la biotecnología singapurense. “Necesitamos lo que tienen. Tenemos lo que necesitan”, afirmó.
La primera visita oficial de un presidente colombiano queda marcada no por los pocos acuerdos que se firmaron, sino por la gran lección que le deja la pequeña isla a Colombia. “Singapur hizo lo que nosotros buscamos hacer: ahorrar nuestras regalías. Buena parte de ellas va para el ahorro y también para invertir en innovación, en ciencia y en tecnología”, aseguró. También dijo que «si países como Singapur y Colombia nos conocemos mejor y desarrollamos políticas comunes, podemos ser más relevantes en el mundo. Los empresarios de Singapur están descubriendo que Colombia ya cambió, ya no es el país del narcotráfico y las violaciones a los derechos humanos, sino que tiene un progreso muy acelerado. Para ellos es una sorpresa ver el potencial como inversionistas».
Se está cumpliendo el sueño que tenía Santos cuando era ministro de comercio hace 20 años y encabezó una delegación de empresarios hacia países del Asia. Su conquista de oriente seguirá el miércoles, cuando llegue con su comitiva a China, el segundo socio comercial de Colombia.