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El presidente Donald Trump predijo un “gran recorte” por parte de la Reserva Federal (el banco central de EE. UU., “la Fed”), que se reúne este martes y miércoles para tomar decisiones sobre sus tasas de interés. Desde Washington, Trump dijo “creo que habrá un gran recorte”. Y en sus declaraciones a medios agregó triunfalmente: “Es perfecto para recortar”.
Trump parece tener razón sobre lo adecuado del momento para realizar el recorte, pero por las razones equivocadas. Como lo definió un analista: “Es una celebración un poco absurda: no necesitaremos más oxígeno, porque estaremos muertos”.
Como otros bancos centrales, la Fed debe realizar un acto de equilibrismo entre elevar los costos del crédito (y, con esto restarle impulso al consumo, entre otros asuntos) y no asfixiar la economía en general. En el caso del emisor estadounidense hay que sumar la vigilancia al mercado laboral; el doble mandato, entonces, es mantener a raya a la inflación, y a la vez no llevarse por delante el empleo en EE.UU.
Es por este lado que aparece la probabilidad de un recorte por parte de la Fed: las cosas con el empleo no van del todo bien.
Los recientes informes económicos débiles están aumentando la preocupación de que el mercado laboral pueda caer en una desaceleración más profunda, lo que pondría en riesgo el gasto de los consumidores y el crecimiento.
Por ejemplo, las solicitudes de subsidio por desempleo en ese país llegaron hace dos semanas a su nivel más alto en casi cuatro años, lo que indica que la actividad de despidos podría estar en alza en medio de una fuerte desaceleración en la contratación.
Estos datos llegaron luego del informe mensual de empleo, publicado el 5 de septiembre, que mostró que EE.UU. agregó apenas 22.000 puestos en agosto, prolongando la fuerte desaceleración en la creación de empleo observada en los últimos meses.
El crecimiento de la oferta de empleos en Estados Unidos se enfrió notablemente el mes pasado, mientras que la tasa de desempleo subió al nivel más alto desde 2021 (4,3 %), lo que avivó las preocupaciones de que el mercado laboral pueda estar al borde de un deterioro más significativo.
Para sumar a la ecuación, hay que aclarar que los nubarrones sobre el empleo no sólo llegaron por cuenta de los números de agosto, sino también por una revisión de las cifras laborales hecha por la Oficina de Estadísticas Laborales (BLS, por sus siglas en inglés): en el año que culminó el pasado marzo, el mercado añadió alrededor de 911.000 menos de puestos de trabajo, un promedio de 76.000 plazas menos cada mes.
Una vez al año, esta entidad ajusta el nivel de nóminas de marzo con una fuente más precisa, pero menos reciente, llamada Censo Trimestral de Empleo y Salarios, basado en registros de impuestos estatales de seguro de desempleo, y que cubre prácticamente todos los puestos de trabajo en EE.UU. Eso se suma a las revisiones que se incluyen en cada informe mensual de empleo, todas destinadas a mejorar la exactitud de los datos.
Aunque se trata de una fotografía desfasada del panorama laboral, la corrección ayuda a tener una imagen más acertada pero menos halagadora de dicho mercado, lo cual refuerza el argumento a favor de un recorte de tasas de la Fed, que al final es lo que Trump quiere, pero, como se dijo, la razón para dicho recorte no es particularmente buena.
El otro efecto que estos datos pueden tener es sobre el volátil humor de Trump, que tiene una pelea contra la BLS por cuenta de las revisiones mes a mes sobre la información laboral. El presidente criticó no solo esas correcciones mensuales, sino también la revisión preliminar del año pasado, que sugirió la mayor rebaja de nóminas desde 2009. El director de la entidad fue despedido por la Casa Blanca a principios de agosto.
La inflación
Por el lado de la inflación, el escenario tampoco pinta del todo bueno. La meta de la Fed es llevar al indicador hasta el 2 %, una meta que ha sido esquiva desde hace un tiempo y que, en los últimos meses, ha mostrado algunos repuntes bajo la sombra del efecto (dilatado) de los aranceles de Trump.
Según datos publicados la semana pasada, el índice de precios al consumo subió a 2,9 % en agosto, el valor más alto desde inicios del año.
Por su parte, la inflación subyacente, que mide una canasta de precios con menos volatilidad, tuvo un aumento en agosto que estuvo dentro de las proyecciones de analistas, lo que le podría dar algo de oxígeno a la Reserva para efectuar el recorte que se espera esta semana y, quizá, para uno más en lo que resta del año.
Sin embargo, esta ventana de oportunidad podría cerrarse más pronto de lo que se quisiera. El índice subyacente de precios al consumidor, excluidas las categorías volátiles de alimentos y energía, subió un 0,3 % con respecto a julio, según datos de la Oficina de Estadísticas Laborales publicados el jueves. Al incluir estos componentes, el IPC general aumentó un 0,4 %, el mayor incremento desde inicios del año.
De fondo, estos datos sugieren que la inflación persiste. Los aranceles globales del presidente Donald Trump están teniendo un impacto en los precios de algunos bienes, mientras que el continuo aumento de los costos de servicios podría mantener la presión sobre la inflación general.
Para este punto, las apuestas de analistas se decantan por un recorte esta semana de 25 puntos básicos y dos más en lo que resta del año (octubre y diciembre).
La probable medida de la Fed ocurrirá tras meses de fuertes presiones del presidente Donald Trump para que baje las tasas y en un contexto de crecientes preocupaciones por la presión política sobre el banco central, una institución independiente.
Desde la última reducción de los tipos de interés en diciembre, la Fed los mantuvo en un rango de entre 4,25 % y 4,50 % mientras evalúa el impacto de los aranceles impulsados por Trump en la inflación.
“Lo que es interesante es que está bastante claro lo que la Fed hará (…) sin embargo, pese a ello, hay mucho dramatismo en torno a esta reunión”, le comentó Josh Lipsky, jefe de economía internacional en Atlantic Council, a la agencia AFP.
El dramatismo al que se refiere Lipsky está relacionado con la pelea que Trump tiene contra Jerome Powell (cabeza de la Fed) en particular, pero contra la Reserva en general por su reticencia a bajar las tasas por pedido presidencial.
En medio, más allá de la política, lo que se juega es la independencia del banco central y, claro, los criterios técnicos y económicos para reducir las tasas.
El Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) de la Fed, conformado por 12 miembros encargados de fijar las tasas, atraviesa una serie de turbulencias.
Aunque Trump ha dejado de amenazar con destituir al presidente de la Fed, Jerome Powell, el mandatario ahora apunta a despedir a la gobernadora del FOMC Lisa Cook por una acusación de fraude hipotecario.
Cook, la primera mujer negra en integrar la directiva de la Fed, impugnó su destitución y permanece en el cargo mientras avanza el juicio, que podría tener implicaciones en medidas similares contra otros funcionarios de esa institución.
En paralelo, la renuncia en agosto de la gobernadora Adriana Kugler dejó una vacante para la cual Trump se apresuró a nominar al jefe del Consejo de Asesores Económicos (CEA) de la Casa Blanca, Stephen Miran.
Miran es criticado por legisladores demócratas por sus planes de solicitar una licencia en lugar de renunciar en caso de que sea confirmado en la Fed.
Hacia 2026, el primer recorte no se espera sino hasta abril, después de los picos de consumo de los feriados del fin de año.
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