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Durante su niñez y adolescencia Juan Paulo Hinestroza dedicó buena parte de su tiempo libre a sintonizar emisoras de lejanas latitudes. El paso del tiempo lo convirtió en un experto en la onda corta, lo que le permitió escuchar radioestaciones de decenas de lugares.
Pero insatisfecho con esa comunicación de una sola vía, este bumangués decidió establecer un contacto más cercano con aquellas voces que provenían de Asia o Europa y se embarcó en la aventura de escribirles.
Lo hizo sin mayores ambiciones, pero su esfuerzo se vio recompensado cuando empezó a recibir respuestas. “Fue mi primera ventana al mundo exterior”, recalca Hinestroza, y agrega que en Bucaramanga eran pocas las posibilidades que tenía de conocer otras culturas.
Ese deseo por empaparse de la realidad mundial fue una especie de motor que empujó a Juan Paulo a concluir sus estudios como ingeniero químico, pero sobre todo a hacer su doctorado en la Universidad de Tulane, en el estado de Luisiana, en Estados Unidos.
Atrás había quedado su alma máter, la Universidad Industrial de Santander (UIS), y cuatro años como empleado en la firma Dow Química, en Cartagena.
El llegar a Tulane le abrió la ventana a otro mundo, esta vez no al de idiosincrasias ajenas y costumbres diferentes. Ante sus ojos empezó a aparecer un microuniverso. “Esto fue a principios de esta década, en ese momento me di cuenta de la posibilidad que tenía de controlar las moléculas menores de 100 nanómetros (el diámetro de un cabello humano es de 10.000 nanómetros)”.
De ahí para adelante Hinestroza se sumergió en el mundo de la nanotecnología, un nuevo concepto que para ese instante se empezó a tomar el mundo del conocimiento.
Después llegó a la North Carolina State University a laborar como docente y a esa altura de su carrera empezó a mezclar la nanotecnología con las fibras. Esta misma labor lo llevó a trabajar en la Universidad de Cornell, escalafonada entre las 15 mejores del mundo.
Esta es su más reciente estación en un recorrido que se inició en la capital santandereana y que hoy le permite codearse con los mejores científicos del mundo. “Me tomó un poco de tiempo apreciar la educación que recibí en Colombia, sobre todo en los conocimientos fundamentales y, sin lugar a dudas, esto ha sido la base mi carrera”.
Esta semana regresará al país, 12 años después de su partida a Estados Unidos. En esta ocasión vendrá como invitado especial a Colombiatex de las Américas, que se desarrollará en Medellín a partir de mañana.
En su conferencia del próximo jueves, Hinestroza mostrará el trabajo que desarrolla en su laboratorio. “Soy sólo un científico que pretende demostrar que a partir de la ciencia se pueden crear nuevos conceptos y funcionalidades para la industria convencional”.
Sus investigaciones le han permitido aparecer en prestigiosos medios de comunicación como las cadenas ABC, CNN y BBC, y periódicos como The Guardian.
Entre los trabajos que más han llamado la atención se encuentran los de crear color sin tintes, sólo manipulando la posición de nanopartículas y su interacción con la luz. De esa manera se pueden colorear carros, prendas de vestir, cortinas o alfombras.
A esto se suman desarrollos que permiten crear prendas que repelen el agua o que no permiten el ingreso de bacterias, una tecnología vital para la ciencia médica. “La ciencia apunta básicamente a crear materiales multifuncionales, es decir que la misma camisa blanca, mediante un campo magnético, se puede volver negra; si te echas vino encima no se manchara; si estás con alguna alergia ésta se pondrá de un color que te dará el aviso o hasta te medirá el ritmo cardíaco”.
Es un convencido de los rendimientos que ofrece para una sociedad la inversión en conocimiento, y para eso pone como ejemplo a China o a Corea del Sur, naciones que a su juicio se han sabido enrutar.
Hoy recuerda con nostalgia aquellos años cuando su mayor objetivo era buscar ventanas que le permitieran conocer otras formas de vivir, y los tiempos en los que imaginaba cómo serían esos científicos que redactaban sus textos de estudio. En la actualidad tiene la posibilidad de compartir con muchos de ellos, pues sólo de la Universidad de Cornell han proclamado a 31 Premios Nobel.