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Barriga, un barranquillero bogotanizado, con estudios de ingeniería y posgrado en relaciones internacionales, llegó a nuestra cita, en el restaurante Nazca, unos minutos antes de lo acordado. Estaba sentado en la sala de espera y, al saludarnos, inclinó levemente la cabeza hacia delante, y extendió lenta y amablemente su mano derecha. Fue un apretón firme, pero no de fuerza desbordada.
Posteriormente, al ubicarnos en un tranquilo rincón bien iluminado, me entregó su tarjeta de presentación con las dos manos y la sostuvo el tiempo suficiente para que pudiera leer su nombre completo y su cargo en la compañía. Es un gesto muy distinto al utilizado por los occidentales, que entregan el cartoncillo con una mano, sin importar si está al derecho o al revés, y si se puede leer o no. Tomó la mía y la puso a su lado izquierdo, a una distancia precisa para poder consultarla sin esfuerzo. "La tarjeta es el reflejo de lo que uno es: nombre, cargo, datos de ubicación y contacto".
Ante mi asombro frente a este protocolo, Barriga agregó que, en Oriente, la tarjeta no puede guardarse en la billetera ni acomodarse en los bolsillos laterales de la chaqueta ni mucho menos en los del pantalón ("Nunca en el trasero, porque es una forma de irrespeto"). A lo sumo, en el de la camisa, cerca del corazón, lo que indica la importancia del interlocutor.
Y eso que apenas nos habíamos saludado. Quedaba un largo trecho para conversar sobre otros aspectos de la vida diaria y sobre las oportunidades de negocio en países como China e India, que Barriga conoce ampliamente. Tanto, que pasa sus vacaciones allí, recorriendo lugares a los que tarda más de un día en llegar por vía aérea. A pesar de su temprano interés en Oriente -y de su experiencia como director para Colombia del Pacific Basin Economic Council, el organismo empresarial más importante de la Cuenca del Pacífico-, Barriga siempre supo que su conocimiento era muy superfluo. Y de eso vino a darse cuenta cuando viajó a China a estudiar mandarín. Para lograr una inmersión total, se instaló en un conjunto habitacional de seis mil personas, con el agravante de que era el único extranjero en varios kilómetros a la redonda. Tuvo que esperar cuatro meses antes de que alguien le dirigiera la palabra. "Para ellos, yo no existía; era como un fantasma invisible". Luego sí le abrieron las puertas de sus casas y le brindaron su aprecio. "Y así logré comprender el valor de la amistad en la vida de los negocios con China. Si uno se sitúa por fuera de las esferas de cercanía, simplemente está fuera. Confucio enseñó que la vida china transcurría alrededor de órbitas cerradas: padre-hijo-esposo-esposa, profesor-alumno, jefe-suburdinado, socio-socio. Romper ese molde es cuestión seria. Por eso, en algunos círculos, los colombianos no son bien apreciados por engañar e incumplir".
Para entender la nueva dinámica china -alma comunista y mente capitalista-, Barriga tuvo que detenerse a estudiar el pensamiento de Ten Siao-Ping, el más pragmático de los líderes chinos de los últimos tiempos. Ten rompió barreras y se acercó a Occidente sin temores. "Veía que el modelo occidental de la producción era vital para el avance de su país. Por eso, su refrán favorito era este: ‘no importa de qué color es el gato, con tal de que cace ratones’ ".
No sorprende, entonces, que el modelo ideal de desarrollo para los chinos sea el estadounidense: edificaciones de última generación, grandes obras de infraestructura, progreso material. "En la nueva China, la visión europea de calidad de vida no aplica". Y así como se han convertido en un destino para la inversión capitalista, también han venido expandiendo sus dominios en aquellos sectores donde tienen fortalezas.
Y ese es, justamente, el telón de fondo de las relaciones de China con Colombia. La balanza comercial bilateral se inclina, obviamente, a favor del país oriental. "Si analizamos solamente el volumen y el valor de los productos chinos enviados a Colombia, se han convertido ya en nuestro tercer socio comercial", advierte Barriga.
¿Y por qué tanto desequilibrio? "El Estado colombiano carece de estrategia frente a China. A duras penas enviamos café, ferroníquel y flores. Hace gracia pensar que uno de los planes sea poner a tomar café a 1.000 millones de chinos, cuando la bebida espiritual y milenaria de esa nación es el té. Y reformar ese hábito tardaría decenios, si no siglos". Barriga menciona, en cambio, otros países latinoamericanos como Brasil, Argentina, Perú y Chile, los cuales sí han diseñado proyectos a largo plazo con el gigante asiático. Y como no hay meta, agrega Barriga, no hay recursos. "Cerramos nuestras embajadas en Asia arguyendo que son costosas, mientras que otros gobiernos las abren y las equipan con especialistas. Nuestra mentalidad es que resulta más fácil comerciar con Estados Unidos, Venezuela, Ecuador o Perú que con China o Japón. Y como es más fácil, no vamos".
Barriga señala como un inmenso mercado los 300 millones de hijos únicos, que no tienen hermanos, ni tíos, ni primos. Son personas que buscan opciones y pasatiempos, como la música, el baile, el ejercicio, el diseño. Hay oportunidades, definitivamente, para disqueras e instructores de baile, y para empresarios de gimnasios. "No puede ser que quienes mejor estén aprovechando estos vacíos sean los narcotraficantes colombianos, que llegan allí de manera agresiva, a pesar de que su delito implica la pena de muerte".
India, según Barriga, es otro mercado asiático con gran potencial. "Está en el punto en que se encontraba China hace diez años. Y hay que hacer algo creativo para llegarle, en vez de esperar a que también coloquen la balanza comercial a favor de ellos".
Su reflexión final es que China e India obligan a estudiarlas, a visitarlas y a hallar dentro de ellas una oportunidad para nosotros. "Reconozco que no es fácil, pero, a juzgar por el éxito de emprendedores estadounidenses, italianos, españoles, alemanes, mexicanos, brasileños, argentinos y chilenos, es posible romper el cerco y hacer un propio camino".
Quién es
Nació en Barranquilla, de madre caribeña y padre boyacense. Luego se instaló en Bogotá. Se graduó como ingeniero industrial en la Universidad del Norte y después se especializó en negocios y relaciones internacionales en la Universidad de los Andes. Trabajó en la Cámara de Comercio de Bogotá y fue becado por el gobierno chino para estudiar mandarín. Recorre el continente como conferencista.
Muy personal
Es nadador y fotógrafo aficionado. Sus imágenes conllevan tantos mensajes que prefiere utilizarlas en sus presentaciones en vez de barras y tortas. Su mayor pasión son los viajes.
El menú
Visitante asiduo de la mayoría de países asiáticos, tiene debilidad por el pescado, pero no descarta la carne. Optó por un tentador cebiche Hermano y un Tacu Tacu (lomo de res) sobre croquetas de fríjol. La entrada la acompañó con un Torrontés de Salta, de Argentina.