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Viveristas en acción

En 1995 surgió Ecoaguas, un programa de Syngenta que, en alianza con asociaciones y empresas, ayuda a la reforestación y protección de cuencas hídricas en el Valle y el Cauca.

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Desde hace más de 10 años, comunidades rurales del Cauca y el Valle del Cauca se dieron cuenta de que “sembrar agua” es un buen negocio para la sostenibilidad de los ecosistemas donde viven y para generar ingresos para el hogar. Entonces crearon viveros en donde se producen diferentes especies de árboles que son comprados para efectos de reforestación por Ecoaguas, un programa de responsabilidad social de la multinacional de insumos agrícolas Syngenta.

 Las familias cambiaron los escombros abandonados en los patios de sus casas por hileras de árboles y flores nativas de la región, convirtiéndose en los guardianes de las cuencas hídricas de los ríos Bolo, Frayle, Desbaratado y Tuluá (Valle del Cauca) y Morales, Nima, Palo y Bitaco (Cauca), encargados de aportar el riego de más del 60% del área cultivada en caña en estos dos departamentos.

Esto se hizo posible gracias a una inversión de $1.600 millones, aportada por alianzas público-privadas entre Deltavalle, el sector azucarero (Manuelita, La Cabaña e Incauca) y asociaciones como Asofrayle, Asobolo, Asurnima y Corpapalo.

 Margarita María Vallejo, asesora ambiental de Manuelita y directora de la asociación Asurnima, asegura que el trabajo que hacen los viveristas “es una bendición porque recibimos 2.000 árboles anuales y el 100% de ellos son de Ecoaguas. No sólo es sembrarlos, sino mantenerlos y cuidarlos”.

Con este programa Syngenta extiende la responsabilidad social empresarial, que tiene con sus grupos de interés, como lo son los ingenios azucareros, a las comunidades que están asentadas cerca de las zonas cultivadas de caña, y también a los habitantes de los municipios de Florida, Pradera, Tuluá (Valle del Cauca) y Miranda (Cauca), beneficiarios del agua de los ríos donde la multinacional tiene planes de mitigación ambiental.

En esas latitudes colombianas existen un total de 22 viveros que se clasifican en comunitarios, escolares y familiares, de los cuales 18 se encargan del manejo integral de cinco cuencas y el resto a la reforestación en zona plana. En éstos se producen más de 90 especies nativas de árboles —10 están en vía de extinción—. Y a los 282 viveristas, en su mayoría madres cabezas de familia y en situación de desplazamiento, les pagan por cada árbol $700, por planta sembrada $250 y por su mantenimiento $250.

Deidamia Ramírez, del vivero Fuerza Verde, ubicado en la vereda El Llanito (Florida), asegura que el mejor negocio de su vida ha sido unirse con otras mujeres y constituir un vivero asociativo. A las ocho integrantes de este vivero les llegan ingresos de $400.000 cada seis meses. En 2010 entregaron 11.500 árboles nativos de guadua, sauce, totumo y flor amarillo. Y dicen estar “viringas”, porque tienen toda la producción comprometida.

Los resultados son tan positivos que Fuerza Verde ya tiene un fondo rotativo que ofrece créditos a bajas tasas de interés a las integrantes. Y hasta la fecha, mediante el programa Ecoaguas, se han sembrado 782.000 árboles en 2.895 hectáreas de cuencas hídricas de cuatro municipios del Cauca y el Valle del Cauca, aproximadamente.

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