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De la canoa a la tableta

Cerca de 3.600 indígenas de Guainía recibieron dispositivos digitales con los que podrán aprender a leer y a escribir en español y en sus cuatro lenguas.

07 de septiembre de 2013 – 04:00 p. m.
Algunos indígenas aprovecharon para protestar por la falta de internet, empleo y servicios básicos.  / Fotos: Mariana Escobar
Algunos indígenas aprovecharon para protestar por la falta de internet, empleo y servicios básicos. / Fotos: Mariana Escobar

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Roberto Roa es capitán de una comunidad de 150 miembros de la etnia piapoco, en el resguardo indígena de Paujil, a 4 horas en canoa por el río Inírida, desde la capital de Guainía. Hace un mes, a los 56 años, venció el temor de enfrentar de nuevo a un maestro y retomó el grado octavo, el mismo que abandonó cuando se decía que estudiar era para los holgazanes que se negaban a la pesca y al campo.

Como sus tres hijos y cinco nietos, de lunes a viernes va a un colegio en Puerto Inírida. Tiene cuadernos, lápices, libros y la convicción de que “estudiando se sale de la pobreza” y la idea de que con un cartón de bachiller podrá solicitarle al Gobierno una escuela para su comunidad, cuyos niños deben trasladarse a internados o a casas de familiares en lugares apartados.

Las cosas han cambiado desde que fue un joven estudiante. Ahora su guía educativa es una tableta digital con audios, videos y textos, y ya no tiene como profesores a misioneros norteamericanos que lo obligaban a hablar el español, sino que sus contenidos están disponibles en el idioma oficial de Colombia y en las cuatro lenguas indígenas que predominan en su departamento (curripaco, piapoco, sikuany y puinave).

Roberto Roa nunca ha manipulado un computador, pero a sólo dos días de tener la tableta que le entregó la Fundación Transformemos (la cual fue contratada por la Gobernación de Guainía para implementar este programa), tomó fotografías del acto en el que el Ministerio de Educación y el de las TIC anuncian que por cada tableta que entregue la administración departamental a su población, el Gobierno Nacional dispondrá recursos para otras seis.

El capitán, que celebra la llegada de los altos funcionarios y de un séquito de periodistas de Bogotá, muestra orgulloso desde la tableta una serie de videos con imágenes de los ríos, petroglifos, aves y reptiles que él reconoce desde niño.

Aunque en Guainía predomine el hambre, le falten carreteras y sólo se pueda llegar por río o en transporte aéreo, hay quienes creen que el primer paso es la educación y el método infalible son las tabletas, ideas que sólo podrán confirmar los futuros bachilleres graduados con estos dispositivos.

Como él, 3.600 jóvenes y adultos de Guainía que no saben leer ni escribir o que han desertado en algún momento del sistema educativo formal, reciben desde hace un mes clases de docentes especializados, estudian en 113 aulas interactivas y tienen cada uno una tableta multilingüe, la primera en el mundo, que además se mostrará el próximo 10 de septiembre en la sede de la Unesco en París.

Llama la atención que en tan sólo seis meses un equipo de cuatro indígenas tradujeron los contenidos académicos del dispositivo digital a las cuatro lenguas con más hablantes en Guainía, grabaron los audiotextos y revisaron que algunas temáticas estuvieran contextualizadas de acuerdo con la cosmovisión de las etnias.

“Somos un departamento mayoritariamente indígena y políglota, sin carreteras y olvidado históricamente, del que sólo se habla por las violaciones a la soberanía, el robo de nuestras riquezas y la violencia, pero que hoy le está entregando al mundo uno de los más grandes avances en educación, que permitirá incluir en la cultura escrita y digital a los millones de hombres y mujeres que aún no saben leer ni escribir en el mundo y esto tiene que hacer que vuelvan los ojos hacia nuestro pueblo”, afirmó el gobernador de Guainía, Óscar Armando Rodríguez.

Por su parte, Rodolfo Ardila, director de la Fundación Transformemos, resalta que “literalmente estamos pasando de la canoa y los petroglifos a la tableta digital”, y agrega que “el mínimo de estudios requerido para derrotar la pobreza es culminar bachillerato”, por lo que “el proyecto es la verdadera inclusión de toda una comunidad en la cultura escrita y la cultura digital de forma simultánea”.

Sin embargo, si se va un poco más allá del centro de Puerto Inírida, donde estudiantes, profesores y funcionarios públicos celebraron la llegada de las tabletas, la percepción es otra. 

A media hora por el río que bordea a la capital de Guainía y muy cerca de la Estrella Fluvial de Inírida, un complejo de ríos y humedales de 283 mil hectáreas y que alberga una de los escenarios con mayor biodiversidad de Colombia, se encuentra la comunidad de Coayare, en la que habitan unos 480 indígenas pertenecientes a etnias de todo el departamento.

Allí, Yolima Gaitán y Leonilde Hernández, de 33 y 28 años, aprenden a leer y a escribir con su tableta, recién desempacada de la caja, para lucirla ante las cámaras de los periodistas.

Ambas esperan dominar el arte de las letras y los números pronto para ayudarles a sus hijos (los dos que tiene cada una) en los deberes escolares, leer revistas, calcular la producción de yuca y piña, conseguir un trabajo y firmar para diligencias personales.

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Ellas creen que la solución a sus problemas está en una tableta, pero según el rector de la Institución Educativa Simón Bolívar, de Coayare, Hernando Betancur, “no nos pueden engañar diciéndonos que ese es el progreso, cuando siempre nos han faltado los servicios básicos: tenemos un servicio de salud bastante precario, no hay ni una pastilla, no hay acueducto, ni alcantarillado, el sistema de energía apenas llegó el 23 de diciembre pasado y los niños están desnutridos porque escasea el pescado, la única fuente de proteína”.

De acuerdo con William Moreno, profesor de primaria de la institución, a esto se suma que muchos jóvenes desertan del sistema escolar por irse con sus familias a las minas de oro venezolanas, a un día y medio por río, donde probablemente pierdan todo en una requisa de las autoridades.

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La situación se reproduce en toda la región. De 13.030 estudiantes que tenía en 2011 Guainía, desertaron 3.133. Asimismo, de acuerdo con el actual Plan de Desarrollo del departamento, la proporción de necesidades básicas insatisfechas es del 90%. Es decir, casi toda la población (y son más de 38.000) habita en viviendas con hacinamiento, carece de servicios elementales o sus niños no van a la escuela.

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